Alquilar toda la vida: la preocupación por el futuro de los adultos mayores en Argentina
Las dificultades para acceder a una vivienda propia prolongan el alquiler y exponen a más personas a la inseguridad habitacional durante la vejez. Un informe de la Fundación Tejido Urbano advierte que el problema se construye a lo largo de décadas y que Neuquén enfrenta alquileres más caros que la Ciudad de Buenos Aires.

En septiembre de 2026, la historia de Maricarmen Abascal, una española de 87 años, conmocionó a la opinión pública de ese país. Fue desalojada del departamento del barrio madrileño de Retiro donde había vivido durante 71 años. Aunque el conflicto se resolvió mediante un acuerdo que le permitió regresar con un contrato por ocho años, adaptado a sus ingresos, el caso encendió las alarmas sobre el impacto del mercado inmobiliario en las personas mayores. Se trata de un problema que trasciende fronteras y también afecta a la Argentina.
Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, organización que promueve soluciones habitacionales, realiza investigaciones y busca garantizar el derecho a una vivienda adecuada, analiza en un informe cómo el crecimiento del alquiler y las dificultades para acceder a una vivienda propia pueden extender la inseguridad habitacional durante distintas etapas de la vida, desde la emancipación juvenil hasta la vejez.
«La situación habitacional con la que una persona llega a la vejez se construye durante décadas. La inserción laboral, la formalidad de los ingresos, las posibilidades de ahorro y acceso al crédito, la formación o ruptura de una familia, las herencias y las crisis económicas intervienen sobre las alternativas residenciales disponibles en distintos momentos de la vida», sostiene el investigador.
En Argentina, la informalidad laboral ocupa un lugar particular dentro de ese recorrido. Puede limitar la posibilidad de demostrar ingresos, acceder al crédito hipotecario y acumular ahorros durante la vida activa. Cerca del retiro, esa trayectoria puede traducirse en menores ingresos previsionales y menos recursos para sostener la vivienda.
El envejecimiento de la población inquilina suele presentarse como un problema que adquirirá relevancia en las próximas décadas. Sin embargo, según el informe, el proceso ya está en marcha: cada vez más personas mayores alquilan, mientras las generaciones jóvenes atraviesan trayectorias residenciales en las que el alquiler tiene mayor presencia y se prolonga durante más tiempo.
España y Argentina comparten una tradición histórica ligada a la vivienda propia, pero los datos recientes muestran un avance del alquiler en las grandes ciudades. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el Censo 2022 registró más de 517.000 hogares inquilinos, el 36,8% del total, frente al 22,2% de 2001. Sin embargo, las condiciones en las que se desarrolla esta expansión difieren entre ambos países.
Neuquén también refleja esta realidad, con una proporción de inquilinos superior al promedio nacional. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), publicados en agosto, el 22,2% de los habitantes del conglomerado Neuquén-Plottier alquila una vivienda bajo condiciones regulares, frente al 18,4% registrado a nivel nacional.
En este caso, el mayor porcentaje de inquilinos no se traduce en una menor proporción de propietarios. Por el contrario, el 68,9% de los encuestados en Neuquén declaró ser propietario, por encima del promedio nacional, del 64,1%. La diferencia se explica por la categoría «otros», que reúne distintas situaciones habitacionales que no encuadran estrictamente como propiedad o alquiler.
A esto se suma el costo de la vivienda. Según un informe de Mirando.ai, Neuquén capital registra alquileres más caros que la Ciudad de Buenos Aires en todas las tipologías de departamentos. Una unidad de dos ambientes se publica a un promedio de $1.300.000 mensuales, frente a los $800.000 de CABA, una diferencia del 62,5%. La brecha también se refleja en el precio por metro cuadrado: en Neuquén alcanza los $29.167, un 43% más que en la capital del país.
Según la Fundación, mientras en España el mercado funciona con una moneda estable e instrumentos crediticios activos, en Argentina la historia reciente está atravesada por la inflación, la devaluación y la parálisis del crédito hipotecario. A esto se suma la informalidad laboral. “La relación entre trayectoria residencial y trayectoria laboral adquiere particular importancia durante la vejez. La informalidad puede limitar durante la vida activa la capacidad de acreditar ingresos, acceder al crédito y formar ahorros”, advierte el estudio. Por eso, señala Araujo, la pregunta sobre qué ocurrirá con los futuros jubilados debe plantearse hoy.
De la emancipación postergada a la vejez inquilina
El fenómeno abarca todas las etapas de la vida. Las dificultades para acceder a una primera vivienda llevan a muchos jóvenes a postergar su emancipación. En Argentina, el 39,7% de las personas de entre 25 y 35 años continúa viviendo en el hogar familiar. Al mismo tiempo, el alquiler se prolonga durante más décadas. Mientras antes la transición hacia la propiedad se alcanzaba a edades más tempranas, en las grandes ciudades la paridad entre inquilinos y propietarios se ubica actualmente entre los 40 y los 44 años.
Esta prolongación alcanza de lleno a los adultos mayores. En Buenos Aires, entre 2001 y 2022, la proporción de hogares inquilinos con jefatura de 65 años o más pasó del 10,2% al 14,7%. El riesgo aumenta cuando se combinan trayectorias laborales discontinuas o informales, haberes previsionales ajustados y la ausencia de una red de contención familiar.
Más del 70% de los hogares de adultos mayores inquilinos corresponde a personas solas o parejas sin otros integrantes. “Si además esa persona llega al retiro sin patrimonio residencial, el alquiler permanece como un gasto regular durante una etapa en la que las posibilidades de incrementar los ingresos son menores”, advierte Araujo.
El investigador también señala un cambio en el papel que históricamente tuvo la vivienda familiar como respaldo frente a las crisis. “Durante décadas, muchas familias argentinas contaron con una generación propietaria capaz de amortiguar parte de las crisis de las siguientes. La vivienda de los padres podía ofrecer alojamiento, garantías, cuidados o eventualmente una herencia. Era un patrimonio que funcionaba como respaldo frente a la inestabilidad. Pero hoy encontramos generaciones que llegan a la adultez sin haber podido construir un patrimonio equivalente, e incluso que necesitan recurrir a esos recursos familiares para sostener sus condiciones de vida presentes”, afirma.
“Esto es lo que más preocupa hacia adelante. No solamente podríamos estar frente a un proceso de reestructuración habitacional, sino también ante una transformación de los mecanismos familiares y sociales que históricamente nos permitieron atravesar las crisis”, agrega.
Y concluye: “Podemos estar construyendo una Argentina menos sostenible y menos resiliente frente a los shocks: no porque haya más inquilinos, sino porque una parte de la población está perdiendo la capacidad de acumular, conservar y movilizar los recursos que necesita para sostener su proyecto de vida”.
El desafío de intervenir antes del desamparo
Para sostener el pago del alquiler, muchas familias recurren a sus ahorros o se endeudan con entidades bancarias y familiares. Las políticas públicas, en cambio, suelen enfocarse en dos extremos: facilitar el acceso a la primera vivienda o intervenir cuando el desalojo es inminente.
El informe de Tejido Urbano advierte que también es necesario atender las situaciones intermedias, en las que la vulnerabilidad avanza sin que el hogar haya perdido todavía su vivienda. “Las políticas habitacionales suelen reconocer con mayor facilidad los extremos: facilitar el acceso inicial o responder frente a una emergencia”, señala el análisis.
“Los datos muestran un espacio intermedio donde la fragilidad se va construyendo mientras el hogar todavía permanece en su vivienda. Los desalojos hacen visible el momento en que algunas de esas trayectorias dejan de sostenerse. El desafío consiste en reconocerlas antes de que lleguen hasta allí”, concluye.
Fuente: Informe Alquilar toda la vida: Trayectorias residenciales, sostenibilidad y envejecimiento. Análisis en profundidad de Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano.
Comentarios