93 años de Pomona: comunidad fecunda que creció abrazada al río
Su paso a la vida institucional se formalizó en 1933, pero todo comenzó mucho antes, entre botes, una balsa y el puente.
Peñalva, un apellido que marcó el origen de la localidad. RÍO NEGRO hoy guarda el testimonio de su descendiente directa. Foto: Archivo RN.
Como todo pueblo que nació de un diseño tradicional, Pomona ostenta en una misma cuadra su hospital, la subcomisaría, el juzgado de paz y a escasos metros, el municipio, con lo que fue la estafeta postal, como se la llamaba en los comienzos, cuando internet no era siquiera una utopía y los vecinos necesitaban un edificio acorde a su necesidad para enviar encomiendas, telegramas y cartas de puño y letra.
Abrazados al río, su brazo sur, lo tienen tan cerca que pueden disfrutarlo a pocos pasos de ese casco céntrico, apenas cruzando la plaza San Martín, separados simplemente por una calle, la “30 de septiembre”, que hace alusión a la fundación y al inicio de la vida institucional de este vecindario.
El gobernador Adalberto Torcuato Pagano, ingeniero él, a cargo de Río Negro cuando ésta era territorio nacional, no sólo les dejó como legado la belleza de su edificio de policía (1936), emblema de un estilo único de obra pública, irrepetible, que marcó los años ‘30 y ‘40, sino que hoy sigue presente su memoria en una de sus calles, troncal en este ejido que descansa a la vera de la Ruta 250, al sur de la Isla Grande que conforman con Choele Choel, Beltrán y Lamarque.

Nombre con peso propio en cada región de esta provincia, el de Pagano, sin embargo, hizo lo suyo como mandatario después de los inicios que otros pobladores ya habían transitado. Como explica Silvio Winderbaum en “Para pensar y entender Río Negro”, “la isla de Choele Choel fue históricamente ocupada por los pueblos originarios de la Patagonia como nudo de comunicaciones y para hacer descansar su ganado en el largo tránsito hacia la cordillera”. Y es allí, tras el avance de la Campaña al Desierto, donde los Peñalva aparecieron luego en esta línea de tiempo.
“La primera balsa [a vapor] fue de [Gerardo] Palacios y el primer bote fue de mi padre”, supo contar para un aniversario como hoy, pero de 1975, la propia hija de Don Cayetano Peñalva, por cuyo apellido se había bautizado a estas tierras como “Paso Peñalva” antes de resumirse en “Pomona”. María Magdalena Peñalva de Núñez era el nombre de esa descendiente, que para la charla con este medio, ya tenía 76 años. Se refería, como en otros tantos pueblos de la Patagonia, a esa etapa previa, desde 1911, que debieron experimentar las familias para cruzar el río vadeando o a nado, tanto ellos como el ganado, previo a la habilitación del puente (1949) que hoy los ayuda para no quedar aislados.

Nacida en estos pagos, ya la edad de Magdalena daba cuenta de que la vida sencilla de los pobladores que se afincaron en el lugar había precedido a la creación de un Poder Ejecutivo que las gobernara, acto que ocurrió recién en 1935. En el caso de los Peñalva se remontaba a un pasado aún más lejano, al del padre de Cayetano y su madre Bonifacia Peñalva, que según Magdalena, como sus abuelos, arribaron con los expedicionarios de la Campaña, es decir, después de 1879.
Transcurridas dos décadas, llegaría al mundo ella, en 1899, un 22 de julio, en “plena creciente grande”, el mismo año en el que el río borró lo que supo ser el Pueblo Viejo de Roca, donde hoy es Stefenelli, como para ubicar al lector en el contexto.
Desde esos años en adelante, a paso sereno pero sostenido, cada una de las nuevas familias que llegaron a las tierras que donó Rodolfo Rosauer, fueron aportando lo suyo en una jurisdicción que empezó con 9.057 hectáreas.

Desde el bote de los Peñalva y la cantina, que con el tiempo se convirtió en almacén de ramos generales, la inauguración de la Escuela N°7 en 1916 por el docente, Sixto Garro (de quien hoy lleva su nombre) hasta la Comisión de Fomento que empezó a organizar la vida local. Como recuerdo de ese primer grupo de vecinos, el nombre de Arturo San Juan de Santa Cruz también quedó plasmado en una calle.
Todo detrás del Decreto nacional firmado por el presidente Justo y su ministro del Interior, Leopoldo Melo, en una zona que se asumió bajo la protección de su patrona, María Auxiliadora, emblema de las misiones salesianas por la región y que es venerada en una capilla levantada en su honor. Para los años ‘70, esta comunidad tenía apenas 500 habitantes.


Como todo pueblo que nació de un diseño tradicional, Pomona ostenta en una misma cuadra su hospital, la subcomisaría, el juzgado de paz y a escasos metros, el municipio, con lo que fue la estafeta postal, como se la llamaba en los comienzos, cuando internet no era siquiera una utopía y los vecinos necesitaban un edificio acorde a su necesidad para enviar encomiendas, telegramas y cartas de puño y letra.
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