Con el Inibioma Abierto, unos 2.000 chicos entran al mundo de la ciencia en Bariloche
Durante tres días, estudiantes de primaria y secundaria recorren laboratorios, participan de experimentos y conocen de cerca el trabajo de los investigadores del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue. La propuesta busca mostrar cómo la ciencia está presente en la vida cotidiana y despertar nuevas vocaciones.
Unos 2.000 chicos pasarán por el Innibioma Abierto desde el miércoles hasta el viernes en la sede de Bariloche. Foto: Chino Leiva
“Miren los ojos de esta abeja: son peludos. ¿Y las antenas? Están llenas de granos, de polen”, comenta una investigadora, extendiendo una fotografía tomada desde el microscopio, a un grupo de chicos que resultan sorprendidos. En seguida, les entrega otra lámina con algo que los chicos no descubren qué es. “El Centro Atómico estudia el cerebro y cómo se forman las neuronas nuevas. Se usa un microscopio especial”, acota. Les entrega otra imagen de “unos bichitos que viven en los lagos y los peces se los comen”. Uno de los alumnos esboza un “puaj” que genera las risas de sus compañeros.
La octava edición del Inibioma Abierto comenzó este miércoles en la sede del organismo que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue, en Bariloche, con stands, experimentos, charlas y talleres que, durante tres días, llevan adelante los mismos investigadores para 2.000 estudiantes de escuelas primarias y secundarias.
En esta oportunidad, el lema es «Ciencia en Acción: el futuro tiene tu huella» y se suman charlas abiertas a la comunidad sobre los bosques amenazados por sequía y el cambio climático, las especies de plantas invasoras comestibles, los jardines amigables con la naturaleza, prevención de hantavirus, los ciervos exóticos y nativos, los pesticidas peligrosos, cómo armar proyectos de indagación en ciencias naturales orientado a los docentes. La lista es extensa.

“Sacamos muestras de los árboles: ¿cómo? Se extrae del centro del tronco con este elemento porque así podemos conocer la edad del árbol, saber cuánto creció entre ciertos años y si el árbol sufrió algún incendio. Es decir que nos permite reconstruir tiempos históricos”, le explica una investigadora a un grupo de jóvenes. De pronto, toma una pequeña muestra de un tronco y señalando una marca, les advierte: “Los ciervos, con sus astas, pueden provocar un daño. Estas son cicatrices y dan cuenta de la actividad animal”.
A unos pocos metros, otros chicos cierran un ojo para observar con el otro el ala de una mariposa. “Muy bueno”, valora una nena. En otra sala, dos científicas explican las diferencias entre las especies nativas y las exóticas. En uno de los tantos microscopios, un adolescente mira con atención una piedra. “¿Qué me dijiste que era esto?”, consulta. “Liquen que crece en la roca”, le responden. Mientras, otro grupo observa diversos frascos con lupas. “¿Así es el tamaño de las medusas?”, preguntan. “No, son mucho más chiquitas”, les advierten.

Un grupo de chicos muy pequeños aguardan afuera de un aula del primer piso, con una impaciencia notable. “¿Saben leer? ¿qué dice acá?”, los interroga una científica. “Bio – diver – si – dad”, leen con dificultad. “¿Y qué significa? Bio viene de vida, diversidad que son distintos. Nosotros somos distintos, la naturaleza también. Entonces, las frutas y las verduras tienen diferentes colores y podemos hacer experimentos”, plantean. En seguida, los invitan a ingresar al laboratorio donde los esperan hojas blancas, pinceles y frascos con diferentes colores y etiquetas: “Sauco”, “Remolacha”, “Cebolla”, “Café”, “Yerba mate”, entre otros. «¿No se puede tocar, no?», pregunta uno de los alumnos. Una mujer con una remera con la leyenda de Conicet, le retruca: «Al contrario». Los invita a pintar lo que deseen y les recuerdan que al visitar el bosque, “pueden hacer sus propios extractos”.

Cristian Pozzi, profesor de educación física de la Escuela 187, acompaña a un grupo de estudiantes de sexto y séptimo grado. “Justo estamos trabajado estas temáticas. Además, algunos pueden descubrir una orientación para cuando terminen el secundario. A algunos les cuesta enganchar, pero por lo general se interesan”, valora. En el ingreso a la muestra, Paola Salomé, docente de Ciencias Naturales de la Escuela 312 de Dina Huapi, reconoce que la intención es que los alumnos entiendan “cómo los avances científicos influyen en nuestras vidas”.

Chicos curiosos; científicos, felices
Cintia Souto, la directora del Inibioma (Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente), explica que uno de los objetivos es mostrar la actividad científica, pero a la vez, recepcionar las inquietudes de los docentes y los alumnos. “El trabajo es enorme, de hecho, el Inibioma Abierto empieza a organizarse en marzo cuando nos contactamos con las escuelas para conocer cuáles son los intereses”, puntualiza.

El Inibioma cuenta con 200 investigadores, becarios y personal de apoyo. Unos 50 están involucrados en la octava edición de la muestra. “El objetivo es contarle la comunidad que hacemos ciencia básica y aplicada, pero ambas se interrelacionan sobre todo en un ambiente natural como el que nos rodea”, recalcó Souto, al tiempo que acotó: “Entonces, nuestras investigaciones tienen mucho que ver con la biodiversidad y el medio ambiente de la región”.
Otro objetivo de la muestra es más ambicioso: despertar vocaciones en los más chicos. “Hay algunos interesados por los hongos, por los peces, los dinosaurios. O bien les interesa la genética o los árboles. Ellos vienen curiosos y nosotros, felices”, finalizó la doctora en Biología especialista en Ecología Molecular.

“Miren los ojos de esta abeja: son peludos. ¿Y las antenas? Están llenas de granos, de polen”, comenta una investigadora, extendiendo una fotografía tomada desde el microscopio, a un grupo de chicos que resultan sorprendidos. En seguida, les entrega otra lámina con algo que los chicos no descubren qué es. “El Centro Atómico estudia el cerebro y cómo se forman las neuronas nuevas. Se usa un microscopio especial”, acota. Les entrega otra imagen de “unos bichitos que viven en los lagos y los peces se los comen”. Uno de los alumnos esboza un “puaj” que genera las risas de sus compañeros.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios