Crecer en tiempos de incertidumbre: qué preocupa, qué sueñan y cómo viven los adolescentes
En el Día del Estudiante, el bullying, las redes sociales, el consumo y el trabajo precoz frente al futuro son algunas de las preocupaciones que atraviesan a los jóvenes. Pero también hay sueños, proyectos, amistades y ganas de conocer el mundo. Adolescentes de Bariloche cuentan en primera persona cómo viven esta etapa y qué esperan de lo que viene.
El 21 de septiembre es el Día del Estudiante. Foto: Chino Leiva
Aprender, disfrutar, equivocarse, superar dificultades y volver a intentarlo son parte del camino de cualquier persona. Durante la adolescencia, esos desafíos adquieren una dimensión especial: los jóvenes empiezan a tomar decisiones por sí mismos, a construir su identidad y a encontrar el lugar que quieren ocupar en el mundo.
Valentina transita el último año del secundario en la escuela rionegrina 2, al oeste de Bariloche. Le gusta dibujar, pintar, cocinar y pasar tiempo con sus amigos. “Hay amigos con los que me gusta salir; otros con los que disfruto cocinar”, reconoce la joven que, con 18 años, sueña con radicarse en Buenos Aires el año próximo para estudiar Arte, aunque no tiene definida la carrera.
En un principio, no tiene como prioridad buscar trabajo, pero considera que “no vendría mal tener algo más de plata propia porque la situación económica es complicada. Además, un primer trabajo ayudaría a mi currículum”. Entre sus amigos, cuenta, hay muchos que están buscando trabajo, mientras estudian: “Necesitan algún sueldo estable -aunque no sea el mejor del mundo- ya sea porque necesitan aportar en sus casas o porque no tienen para salir. En el último tiempo, algunos se plantearon dejar el colegio para trabajar. Por suerte, no lo han hecho”, dice.

¿Qué le preocupa? Sin dudarlo, refiere «un aumento de la violencia entre adultos y jóvenes. Hoy es imposible salir al centro sin encontrarte dos o tres personas peleando en medio de la calle. También hay muchas peleas afuera de la escuela, especialmente de los chicos de primero o segundo año”.
El bullying solapado
“Estoy al tanto de lo que pasa en el país y en el mundo. Pero lo cierto es que a esta edad, mucho no puedo hacer y es difícil cambiarlo. Por ahora, me enfoco en mi presente”. Matilda acaba de cumplir 15 años y cursa el segundo año en el colegio Don Bosco, pero ya piensa en el momento en que termine el secundario. “Me encantaría irme a estudiar a otra provincia, pero quisiera volver porque Bariloche tiene todas las oportunidades”, afirma.
El paso de la primaria a la secundaria le costó más de lo que pensaba porque, indica, le costó integrarse hasta que finalmente lo logró. “Hay mucho bullying, pero hoy es más silencioso. Solapado. Chistes y comentarios que terminan dañando mucho”, expresa Matilda que decidió no tener redes sociales: “La mayoría tiene y se volvió parte de la rutina estar pendiente de cuántos likes tiene una foto o pasar las horas viendo qué hace otra persona. Esto fomenta las críticas entre los mismos compañeros”. Recuerda una reciente encuesta que llevó adelante su colegio que arrojó que “hay chicos que pasan entre 6 y 8 horas por día en las redes”.
Matilda asevera que, a muchos jóvenes de su edad les angustia “el hecho de quedarse solos. Por eso, muchas veces hacen lo que otros dicen solo para pertenecer y que no te vean como algo raro”.

El adolescente que adolesce
Irina, de 17 años, transita el quinto año en un colegio nuevo, el Don Bosco. La parte previa del secundario la cursó en otra escuela. “Los adolescentes sentimos mucha ansiedad y nostalgia. Como dice mi mamá que es psicóloga, el adolescente adolesce. Es difícil”, reflexiona. Así, reconoce que, durante su secundaria le costó “encontrar pares”: “Sucede que cada quien madura diferente. Yo no comparto la manera de tratarse entre sí. Me costó encontrar afinidad con la gente de mi edad. Ahora sí la encontré y siento que tengo con quién hablar”.
Sufrió bullying años atrás y asegura que “cuando uno ve las películas yanquis piensa que son una exageración hasta que empezás a padecerlo. Pasé por dos intensos años de cosas feas: me ignoraban y llegaron a maltratarme”.
Por ahora, no piensa en seguir una carrera cuando termine el secundario. Tiene previsto trabajar en el hostel de una conocida durante un año para conocer gente de otros sitios «y, así salir de lo cotidiano” y, a la vez, practicar el inglés. Su hermano, mientras tanto, cursará el último año de su carrera y cuando se gradúe, ella ya estará en condiciones de irse a estudiar a Córdoba. “Ya no habrá cuota escolar, ni viaje de egresados ni cena de egreso”, señala.

Irina se angustia “al ver a sus padres sacrificarse constantemente”. “Es como que nada alcanza y uno piensa si será así su vida adulta”, dice. Sueña con formar una familia y tener “un lugar estable”. “Quizás por las redes sociales, uno siente que el tiempo pasa muy rápido, que no nos alcanza y desaprovechamos oportunidades. Tenemos que disfrutar el ahora”, analiza.
Sueños a mediano plazo
Con 18 años, Benjamín atraviesa su último año del secundario en la escuela técnica Nehuén Peumán. Se define como amante del deporte y de la música urbana y el trap, aunque asegura que su cantante favorito es Michael Jackson. Considera que los jóvenes de los primeros años del secundario “están en cualquiera. Es preocupante cómo están romantizadas las drogas. De mis amigos, soy el único que no consume nada”.
También advierte que no todos los chicos tienen su suerte: siente que su madre es como una amiga y le puede contar todo lo que siente y le pasa. No solo lo acompaña sino que lo aconseja. En el futuro, su camino está vinculado a alguna carrera musical en Buenos Aires porque “allá todo es más fácil”. “Mi meta es hacer música, vivir de la música. Tengo buena mano para las letras. De todos modos, hay muchas cosas que me mantienen ligado a Bariloche”, confía.
Isabel cumplió 18 años en julio. Concurre al colegio Dante Alighieri. «Estoy en quinto año, entreno gimnasia artística, participo del Modelo de Naciones Unidas y estudio bastante para que me vaya bien en el colegio«, resume. Le gusta salir con amigos, tomar mates, charlar, hacer deporte y de tanto en tanto, «salir a bailar».
«Valoro mucho a los jóvenes que intentan vivir el presente, día a día, generar experiencias nuevas y construirse de a poquito. Los jóvenes de hoy entendieron que no hay que preocuparse por muchas cosas o por lo menos no preocuparse de más y también aprender a disfrutar de las cosas», evalúa. Sin embargo, advierte que le preocupa su futuro, qué carrera va a seguir y si seguirá viendo a sus amigos.
«Me angustia saber que termino el colegio: es una etapa muy linda y saber que se acaba es bastante shockeante. De todos modos, espero en un futuro poder viajar por el mundo, conocer culturas, aprender cosas nuevas y llenarme de experiencias. Me gustaría trasmitirle cosas buenas a la gente, ayudarlas, dejar mi granito de arena en el lugar al que vaya o en el que esté«, agrega.

Espacios de escucha y tiempo de calidad
«Los jóvenes son el presente y nos necesitan disponibles, escuchándolos y dándoles espacios reales de participación«. Natalia Zemp, coordinadora de Adolescencia del Ministerio de Salud de Río Negro, elabora un diagnóstico de la juventud en base a los informes de los equipos de salud y su experiencia en el consultorio como médica clínica especialista en adolescencia en Bariloche.
“Los equipos refieren la ansiedad que genera el proyecto de vida. A edades avanzadas en el secundario, no saben bien qué hacer, qué estudiar porque son conscientes de la brecha entre el secundario y el estudio universitario. No se sienten preparados”, puntualiza.
A la vez, el entorno del mundo adulto no les resulta atractivo. “Ven padres cansados, con poliempleo, que ganan poco. El camino trazado por los adultos previamente no les parece el camino seguro”, describe.
Otra preocupación está vinculada al incremento de infecciones de enfermedades de transmisión sexual, pese al acceso a preservativos en forma gratuita en los hospitales y centros de salud. “En algunas escuelas, la Educación Sexual Integral no está garantizada. No es que no usan preservativos, por ejemplo, sino que lo usan erróneamente. Preocupa también la violencia entre pares, el bullying y las situaciones de consumo”, esboza y resalta que muchos chicos están “trabajando en forma precoz y endeudados, en general, por el juego on line”.

Aprender, disfrutar, equivocarse, superar dificultades y volver a intentarlo son parte del camino de cualquier persona. Durante la adolescencia, esos desafíos adquieren una dimensión especial: los jóvenes empiezan a tomar decisiones por sí mismos, a construir su identidad y a encontrar el lugar que quieren ocupar en el mundo.
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