De paciente a referente nacional: el oncólogo que enfrentó dos veces el cáncer y transformó la medicina en la Patagonia
Rubén Kowalyszyn llegó a Viedma a fines de los 90 y nunca más se fue. Hoy lidera instituciones clave, preside la Asociación Argentina de Oncología Clínica y contó, en primera persona, cómo es atravesar la enfermedad desde el otro lado.
En medio de su rutina diaria, Rubén Kowalyszyn detectó algo mínimo, casi imperceptible. No era un síntoma alarmante, pero sí suficiente para alguien entrenado. «Esto no es normal», pensó. Insistió en hacerse un estudio y confirmó lo que intuía: tenía cáncer. Tenía 39 años y ya era oncólogo.
Esa escena, que podría pertenecer a cualquier paciente, marcó un quiebre en su vida. Porque a partir de ahí dejó de estar solo del lado del médico para pasar, también, al otro lado del escritorio.
De Misiones a La Plata: el origen de una vocación inquieta
Su historia, sin embargo, había empezado mucho antes y lejos de Río Negro. Nacido en Misiones y criado en un pueblo pequeño, se fue a los 18 años a estudiar medicina a La Plata. En esos años combinó una curiosidad intensa con una exigencia poco común: llegó a cursar medicina, bioquímica y una tecnicatura en histopatología al mismo tiempo. «En un momento tuve que frenar. No se podía sostener», recordó. Eligió medicina, pero ese paso por el laboratorio lo dejó en contacto directo con el diagnóstico de enfermedades, especialmente del cáncer.
Durante la facultad también tuvo un rol activo en la vida universitaria. Fue presidente del centro de estudiantes de Medicina, una experiencia que, según cuenta, «le dio herramientas», «la universidad es un espacio entre pares, es distinto a la política real«, explicó.

Su vínculo con la oncología se consolidó a partir de ese contacto temprano con la patología. Cuando terminó la carrera decidió especializarse, primero en clínica médica en Bahía Blanca y luego en oncología en La Plata. Eligió ese camino por lo desafiante: en ese momento, las herramientas eran limitadas y el margen de incertidumbre era alto. «Había mucho por hacer y eso era lo que me motivaba», dijo.
A Viedma llegó a fines de 1997, con menos de 30 años, por una decisión personal. Y se quedó. Con el tiempo, esa elección circunstancial se transformó en un proyecto de vida. Desde entonces, su nombre quedó ligado al desarrollo de la oncología en la capital rionegrina.
De médico a paciente: el cáncer que marcó un antes y un después
Pero el punto de inflexión llegó con su propio diagnóstico de cáncer de recto. «El tratamiento fue exigente: radioterapia, quimioterapia y cirugía», explicó. En ese momento, Viedma no contaba con servicio de radioterapia, por lo que debía viajar todos los días a Bahía Blanca. Trabajaba hasta la tarde, viajaba, se trataba y regresaba de noche. Durante semanas repitió esa rutina sin interrumpir su actividad laboral. «Los médicos somos malos pacientes, no queremos parar», reconoció.
La cirugía incluyó una colostomía, una experiencia que hoy «considera clave en su forma de acompañar a otros». Haber atravesado ese proceso le permitió comprender desde otro lugar las dificultades de los pacientes. «No es lo mismo explicarlo que haberlo vivido», afirmó.
Más allá del tratamiento, lo que cambió fue la forma de mirar la vida. «Te sentís vulnerable. Entendés que la muerte puede estar cerca, sobre todo cuando sos joven«, reflexionó. Esa sensación, dijo, modifica prioridades y obliga a repensar muchas cosas.
También reforzó una idea que hoy repite como médico: la importancia de escuchar al cuerpo. Para Kowalyszyn, «muchas enfermedades podrían detectarse antes si las personas prestaran atención a señales que suelen minimizarse«. A eso suma «la necesidad de educación sanitaria y controles periódicos».
El medico sostuvo que «hábitos como la actividad física, una alimentación equilibrada y los estudios de detección temprana pueden marcar la diferencia en muchos casos».
El segundo golpe: otra vez frente al cáncer y una nueva mirada
Once años después, cuando creía haber dejado atrás esa etapa, llegó un nuevo golpe. A los 50 años le detectaron un cáncer de riñón. Esta vez no hubo síntomas: apareció en un estudio de control. Fue una situación distinta, pero igual de movilizante. «Te vuelve a poner en el mismo lugar: entender que seguís siendo vulnerable«, señaló. El tratamiento fue quirúrgico y logró superarlo.
Atravesar dos cánceres dejó una huella profunda en su práctica profesional. «Mejorás la empatía. Entendés mejor lo que le pasa al otro», dijo. Esa experiencia, aseguró, le permite acompañar «de otra manera» a quienes transitan la enfermedad.
En paralelo, su carrera fue creciendo en otros planos. Además de la atención de pacientes, desarrolló una fuerte actividad en investigación clínica y gestión. Impulsó la creación de espacios que hoy forman parte del sistema de salud de Viedma y que modificaron el acceso a tratamientos y diagnósticos.
Recordó que hace una década la realidad era muy distinta, «muchos pacientes debían viajar para acceder a estudios o terapias complejas«. Con el tiempo, y a partir de distintos proyectos, se fueron incorporando servicios, equipamiento y nuevas prácticas que permitieron resolver más situaciones en la ciudad.
Ese crecimiento se consolidó en los últimos años con la integración de distintos espacios bajo un mismo esquema de trabajo. Desde hace cinco años forma parte del grupo AvanMed, que nuclea a la Clínica Viedma, el centro de diagnóstico por imágenes Advance, el Instituto Multidisciplinario de Oncología y Radioterapia (IMO) e Integrar Salud. A partir de esa articulación, Viedma dejó de ser solo un punto de derivación y pasó a convertirse en un centro de referencia regional.
Su perfil también se proyectó a nivel nacional. Este año, asumió como presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica, una entidad que reúne a más de mil especialistas en todo el país. Para Kowalyszyn, ese rol representa tanto un desafío como un reconocimiento. «No es habitual que alguien del interior llegue a este lugar«, planteó.
Actualmente divide su tiempo entre la asistencia, la investigación y la gestión. Y aunque su vida profesional es intensa, reconoció que su historia personal sigue atravesando todo lo que hace.
Dos veces paciente, médico todos los días, su recorrido condensa una experiencia poco frecuente: haber estado en ambos lados de la enfermedad.
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