De no tener nada y crecer entre dificultades a encontrar en el deporte un rumbo y construir tres gimnasios en Viedma
Nazareno, conocido por todos como “Nacho", atravesó una infancia marcada por la violencia, el hambre y la calle. Hoy es instructor, formador y emprendedor, dirige tres gimnasios, fabrica sus propias máquinas y da trabajo a más de 30 personas.
En Viedma, su nombre circula cada vez más entre quienes entrenan, buscan mejorar su calidad de vida o incluso necesitan una oportunidad laboral. Pero detrás del presente de Nacho Dianesi (hoy empresario del fitness, instructor y formador), hay una historia marcada por la adversidad, las decisiones difíciles y una reconstrucción personal profunda.
«Yo siempre digo que el árbol tiene de florido lo tiene enterrado. Yo soy lo que soy gracias a lo que viví«, resumió a Diario RÍO NEGRO.
Nacho llegó a Viedma cuando tenía 11 años. En ese entonces, un problema serio en la columna lo llevó a iniciarse en el taekwondo por recomendación médica. Sin saberlo, ese fue el primer paso de un camino que cambiaría su vida.
Pero el contexto familiar era complejo. «Vengo de una familia humilde, donde no siempre había para comer», contó. «Una familia donde había violencia en el hogar».
A los 14 años, la situación se volvió insostenible. «Me fui de mi casa. Empecé a dormir en la calle, me junte con gente que no estaba buena», recordó. Eran años de supervivencia: «Hacía un montón de cosas de las que hoy no me enorgullezco».

El punto de inflexión y el deporte como refugio
La vida de Nacho empezó a cambiar cuando ingresó a un centro de atención para adolescentes. Allí encontró contención y referentes que marcaron un antes y un después.
«Ahí conocí personas que me ayudaron muchísimo. Me hicieron entender que mi vida no pasaba por la delincuencia, que yo tenía más para dar», relató.
Ese acompañamiento lo ayudó a retomar la escuela y a reordenar su vida. También dejó atrás consumos problemáticos: «Tuve dificultades con algunas sustancias en la adolescencia, pero pude salir adelante».
El taekwondo fue mucho más que una actividad física. «El deporte fue mi lugar», dijo. A los 17 años, su maestro le dio una oportunidad clave: empezar a trabajar en el gimnasio.
«Me pasaba cinco, seis, siete horas ahí adentro. Iba a la escuela y después me quedaba todo el día en el gimnasio«, contó. Fue en ese espacio donde encontró un propósito: «Me enamoré de lo que hacía, que era trabajar con chicos».

Desde entonces, su formación no se detuvo. Se capacitó en kickboxing, muay thai, MMA, musculación, crossfit y preparación física. También compitió y viajó, ampliando su experiencia.
El primer gimnasio y los años más duros
A los 21 años tomó una decisión que marcaría su vida: abrir su propio gimnasio. «No tenía nada. La mamá de un amigo me prestó plata y mi mamá me cosió unas bolsas caseras», recordó.
Los primeros diez años fueron extremadamente difíciles. «Muchas veces no la pasaba bien, no tenía para comer», admitió.
Para sostenerse, hizo de todo: «Trabajé en verdulería, de albañil, vendí cosas, hice lo que fuera necesario».
La paternidad fue un motor fundamental. «Yo no quería que mis hijos vivieran lo que yo viví«, afirmó. En uno de los momentos más críticos, llegó a dormir con ellos dentro del gimnasio. «Dormíamos en colchonetas. Les compraba cuatro empanadas: ellos comían y yo les decía que no tenía hambre. Pero era mentira», cuenta. Esa experiencia lo marcó y reforzó su decisión de salir adelante.
El cambio definitivo
El quiebre llegó con una decisión clara, dejar atrás definitivamente la vida al límite. «Yo no quería vivir más así, siempre justo. Entendí que tenía dos manos, dos brazos y una cabeza, igual que todos. ¿Por qué a otros les podía ir bien y a mí no?», reflexionó.
A partir de ahí, apostó a la formación, al trabajo constante y a cambiar su mentalidad. «Me puse a estudiar, a capacitarme, a mejorar«.

En ese proceso fue clave su actual pareja, con quien construyó su proyecto de vida. «Cuando empezamos, yo dormía en el piso del gimnasio y ella vivía a media cuadra. Igual venía a dormir conmigo», recordó. Uno de los momentos más simbólicos fue cuando ella tomó una decisión que impulsó el crecimiento del proyecto: «Me dio la llave del auto y me dijo ‘vendelo y arrancá con tu sueño’».
Crecer en plena crisis
Lejos de frenar en momentos difíciles, Nacho encontró oportunidades. Durante la pandemia, mientras muchos paraban, él aprendía un nuevo oficio.
«Me iba a las cinco de la mañana a un taller a aprender a soldar. Todo lo que ves acá lo hice yo«, aseguró.
Así comenzó a fabricar sus propias máquinas, una actividad que hoy también forma parte de su negocio y que le permitió equipar gimnasios en distintas localidades.
Actualmente, Nacho Dianesi dirige tres gimnasios en la comarca Viedma–Patagones y cuenta con un taller propio donde fabrica equipamiento deportivo. Además, trabaja como instructor en la policía, brinda capacitaciones y asesoramiento a otros espacios deportivos, y emplea de manera directa e indirecta a más de 30 personas.
A la par de su actividad laboral, continúa formándose y ya proyecta expandir su modelo de trabajo hacia ciudades como Roca y Bariloche. «Soy un tipo que labura de lunes a lunes«, resumió.
Dar oportunidades, una prioridad
Más allá del crecimiento empresarial, su proyecto también tiene un fuerte componente social. En sus gimnasios, varias personas encontraron su primera oportunidad laboral. «Hay chicos que vinieron sin trabajo, sin saber qué hacer, y hoy viven de esto», contó.

En ese contexto, los espacios que impulsa funcionan también como lugares de formación y contención, donde el deporte se convierte en una herramienta de inclusión y salida laboral para quienes buscan reinsertarse. «Yo sé lo que es no tener. No me olvido nunca de dónde vengo», afirmó.
Con una historia atravesada por el dolor, pero también por la reconstrucción, Nacho dejó un mensaje claro: «Que no pierdan el norte. Que se aferren a lo que sueñan y trabajen. Las cosas no llegan solas, pero se puede».
En Viedma, su nombre circula cada vez más entre quienes entrenan, buscan mejorar su calidad de vida o incluso necesitan una oportunidad laboral. Pero detrás del presente de Nacho Dianesi (hoy empresario del fitness, instructor y formador), hay una historia marcada por la adversidad, las decisiones difíciles y una reconstrucción personal profunda.
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