Del aula inaugural a la excelencia mundial: 70 años del Instituto Balseiro formando ciencia en Bariloche

El Instituto Balseiro se posicionó como un semillero de investigadores y científicos que son reconocidos a nivel mundial. Cómo nació este espacio de formación y por qué se diferencia de otros.

La cursada es intensa. Hay clases por las mañanas y por las tardes. Foto: Marcelo Martínez

Allá por 1954, José Antonio Balseiro pensaba en un lugar de investigación que, además, enseñara a investigar. Así se gestó el Instituto de Física de Bariloche y un año después, un convenio entre la Universidad Nacional de Cuyo (la más cercana a Bariloche) y la Comisión Nacional de Energía Atómica daba lugar al nacimiento del Instituto Balseiro.

Un lunes 1 de agosto de 1955, Balseiro, de tan solo 36 años, iniciaba las clases. Ya pasaron 70 años. Esa primera camada de licenciados en Física egresó tres años después y fueron los primeros ayudantes y docentes del establecimiento. El proyecto que arrancó con una licenciatura y un doctorado en Física, hoy, ofrece 15 carreras de las que se han graduado más de 3.000 profesionales. El Instituto Balseiro se convirtió en un semillero de investigadores y científicos, adquiriendo un prestigio a nivel mundial.

En estos 70 años, se han graduado más de 3.000 profesionales. Foto: Marcelo Martínez

«Semilleros profesionales hay muchos en el país, con la Universidad de Buenos Aires, la de Córdoba, Rosario. La diferencia es la educación intensiva basada en un fuerte componente en matemática y física básica y una sólida formación experimental en laboratorios. Hay experiencias de este tipo en el exterior, pero para el país es completamente novedoso», señaló Graciela Bertolino, la primera mujer en dirigir el Instituto Balseiro.

¿Cuál es la diferencia? Consideró que está «en la sólida formación en laboratorio que requiere una cantidad reducida de estudiantes». En las universidades, en cambio, «las cohortes son grandes y la relación del docente alumno es muy baja. Nuestros estudiantes pueden trabajar en laboratorios de primer nivel y se forman profesionales con características diferentes».

Los estudiantes seleccionados obtienen una beca completa de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Foto: Marcelo Martínez

70 hectáreas de conocimiento

El Instituto ocupa un predio de 70 hectáreas del kilómetro 9,5 de la avenida Bustillo. Poco a poco a su alrededor, fueron creciendo laboratorios de investigación del Centro Atómico Bariloche ya que se avanzó en muchas áreas de conocimiento que se fueron diversificando en nucleares y no nucleares.

«La formación de los estudiantes en los laboratorios no es de enseñanza sino de investigación«, destacó esta doctora en Ingeniería Nuclear.

El avance de la institución fue vertiginoso desde un comienzo. Con la primera camada de la licenciatura en Física se creó el doctorado. A principios de los 80, nació la carrera de Ingeniería Nuclear y le siguió el doctorado. A principios del 2000, se puso en marcha la carrera de Ingeniería Mecánica y una maestría en Física Médica, Física e Ingeniería.

«¿Y por qué maestrías? -agregó Bertolino-. Porque en ese momento, había un cambio de política en educación universitaria en el mundo. Argentina se suma a esa ola de acortar carreras de grado, continuando con maestrías y doctorados«.

El proyecto que arrancó con una licenciatura y un doctorado en Física, hoy, ofrece 15 carreras. Foto: Marcelo Martínez

En 2012 se propuso la Ingeniería en Telecomunicaciones, el doctorado y varias carreras y posgrados en tecnologías nucleares y aplicaciones de tecnologías nucleares a la salud. «En la década del 2000 empezó a verse que las tecnologías nucleares son de gran utilidad en el diagnóstico y el tratamiento de ciertas enfermedades. Se necesitan médicos formados, pero tambien físicos e ingenieros formados en el tema. Se ha avanzado mucho en radioterapia o diagnóstico por imagen. Uno puede diagnosticar lesiones pequeñas que ayudan a un diagnóstico temprano», acotó.

Me gusta definirnos como profesionales con capacidad de aprender rápidamente y con formación de base»,

Graciela Bertolino, directora del Instituto Balseiro.

Cada vez más estudiantes aspiran a la beca del Balseiro

El número de postulantes al Instituto Balseiro fue aumentando con el paso de los años. Antes de la pandemia por Covid-19, se inscribían 200 estudiantes; para este año hubo más de 300 para las carreras de grado. Tras el resultado de un examen de matemáticas y física pasan a una entrevista personal. Quienes son seleccionados obtienen una beca completa de la Comisión Nacional de Energía Atómica. «No importa el nivel socioeconómico del estudiante, de esta forma, se puede dedicar full al estudio y se les permite vivir en el predio porque hay alojamiento (aunque no están obligados)«, indicó.

También apuntó a «la federalidad de los postulantes» ya que se toma examen en siete sedes donde se acercan personas de todo el país, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego.

«La formación de los estudiantes en los laboratorios no es de enseñanza sino de investigación», destacó Bertolino. Foto: Marcelo Martínez

La cursada en el Instituto Balseiro es intensa. Hay clases por las mañanas y por las tardes. Es obligatorio contar con un alto nivel de inglés que permita hablar y escribir fácilmente ya que abunda la literatura científica en ese idioma. Los estudiantes pueden optar además por estudiar francés y alemán.

La tasa de egreso supera el 90%. «Sin embargo -advirtió-, es como que hacemos trampa. Nuestros estudiantes no ingresan en el primer año universitario sino en tercero. Hacen dos años previos en otras universidades y rinden un examen de ingreso. Entonces, el desgranamiento universitario que se da en los primeros años, no lo tenemos«.

Este sistema de ingreso, comentó, fue imitado del sistema francés que, después de la escuela secundaria, pone en marcha «una preparatoria para entrar a universidad», con un examen de ingreso. «En esos dos años, las personas ven si el tipo de carrera les gusta. El salto entre el secundario y la universidad es fuerte. Siempre lo fue y hoy lo vemos más aun«, reconoció.

Para ingresar al Balseiro, se toma examen en siete sedes donde se acercan personas de todo el país, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. Foto: Marcelo Martínez

Lamentó la pérdida en la capacidad de lectura y escritura, comprensión y el tiempo de atención que se observa en los estudiantes en los últimos años, tras egresar del secundario. «Esto lo padecen más las universidades durante los primeros años. Con estas carreras tan duras se requiere un tiempo de atención importante. Hablamos de tres horas de exámenes por la mañana, dos a la tarde. Demanda mucha concentración, sumado al estudio. Son clases muy largas«, advirtió. «Es cierto -añadió- que las personas seleccionadas son las que más han logrado adaptarse a un sistema como el nuestro».

Para ingresar al Balseiro, se toma examen en siete sedes donde se acercan personas de todo el país, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego. Foto: Marcelo Martínez

A Bariloche, desde todo el país

Tiago Prato es de Villa María, una localidad cordobesa, y transita el segundo año de Ingeniería Nuclear. Antes de su ingreso al Balseiro, estudió dos años de ingeniería química en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Córdoba.

«En el secundario ya sabía que me gustaban las ciencias, sobre todo la física. Con el tiempo me incliné por la ingeniería nuclear. Me llamaba la atención las aplicaciones y las posibilidades de investigar y desarrollar que, otras ingenierías más armadas no tienen tanto«, indicó Tiago, al tiempo que planteó que la parte de diseño tiene «mucho de prueba y error, lo que demanda pensar todo demasiado».

El primer día de clases de Tiago en 2024. Foto: gentileza

Este joven de 23 años aseguró que el ingreso fue el examen más difícil que debió rendir y prepararse le demandó todo el verano. «Entrar es importante, pero queda lo más difícil que es mantenerse acá. Cursamos todos los días a la mañana y de lunes a jueves, también por la tarde. Vivimos en esta mini ciudad«, comentó este joven que aprovecha cada final de cuatrimestre para viajar a Villa María donde lo esperan su novia y su familia.

Cuando se le consultó cómo vislumbra su futuro laboral una vez que egrese, aseguró que está abierto a cualquier posibilidad ya sea en el país o en el exterior. «Me interesan mucho los reactores rápidos. Si bien me gustaría dedicarme a eso, no descarto ninguna posibilidad. Impacta el renombre del Balseiro con tantos años de historia y tanta gente recibida acá», ponderó.

La tasa de egreso en el Instituto Balseiro supera el 90%. Foto: Marcelo Martínez

De alumno a docente

Rubén Sosa es profesor de ingeniería mecánica. Formó parte de la primera promoción de alumnos de esa carrera que arrancó en 2002 en el Balseiro.

Es de San Nicolás, provincia de Buenos Aires, pero por esos años ya vivía en Bariloche. Por eso, los dos primeros años de la carrera los hizo en la Universidad Nacional del Comahue. «El instituto tiene un prestigio muy bien ganado desde hace muchos años. Es un lugar de formación de excelencia. Esta posibilidad de estudiar con una beca y dedicarme exclusivamente al estudio fue determinante en mi decisión de presentarme a rendir examen de ingreso», admitió.

Celebró que los jóvenes profesionales salen con una formación que los vuelve requeridos por la industria. «Como soy docente desde que egresé y entré en la primera promoción, conozco a todos los egresados de la carrera de ingeniería mecánica y no hay uno que no tenga trabajo. Las empresas buscan a estos egresados porque saben que la formación es excelente«, dijo.

Sosa destacó que los estudiantes puedan llevar adelante sus prácticas en laboratorios conformados por grupos de investigación que «están en la cresta de la investigación a nivel mundial. Y en esos laboratorios se forman nuestros alumnos».

La cursada es intensa. Hay clases por las mañanas y por las tardes. Foto: Marcelo Martínez

El proyecto frustrado de Richter en la Isla Huemul

Los antecedentes del Balseiro se remontan a 1948. Ese año, un científico alemán llamado Ronald Richter desembarcó en el país y convenció al entonces presidente Juan Domingo Perón respecto a la necesidad de llevar adelante un proyecto de producción de energía a nivel masivo, a través de la fusión.

Dos años después se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) a fin de apoyar el proyecto Huemul, proyectado por Richter en una isla próxima a Bariloche. En 1951 anunciaron que se habían llevado a cabo “reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica”. Pero las afirmaciones resultaron sospechosas a las autoridades de la CNEA. Por eso en 1952, una comisión integrada por José Antonio Balseiro, Mario Bancora, Manuel Beninson , Pedro Bussolini y Otto Gamba, se trasladó hasta la isla Huemul.

Balseiro era el único que tenía conocimientos científicos sobre energía nuclear. Su informes (y el de Bancora) resultaron negativos y de esta forma, se resolvió frenar el trabajo en la isla que se desmanteló en 1953.



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