Día Mundial de Cáncer de cuello uterino: una enfermedad prevenible que causa más de 2.200 muertes
Especialistas insisten en la vacunación contra el VPH y los controles periódicos como herramientas clave para evitar uno de los pocos cánceres que puede detectarse a tiempo.
Cada año, en Argentina, más de 4.600 mujeres reciben un diagnóstico de cáncer de cuello uterino y más de 2.200 mueren por esta causa. Las cifras persisten, incluso cuando la medicina cuenta desde hace años con herramientas concretas para evitarlo. Mañana se conmemora el Día Mundial de Prevención, y el foco vuelve a ponerse en una enfermedad que sigue siendo un problema de salud pública, no por falta de conocimiento, sino por la dificultad de acceso a controles y prevención.
El cáncer cervicouterino está directamente vinculado con la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH), una de las infecciones de transmisión sexual más frecuentes. Se estima que cuatro de cada cinco personas sexualmente activas estarán en contacto con alguna de sus variantes a lo largo de su vida. En la mayoría de los casos, el virus desaparece sin consecuencias. Pero cuando persiste, puede derivar en lesiones que, con el tiempo, evolucionan hacia el cáncer.
“El punto clave es que se trata de un cáncer prevenible. La vacunación contra el VPH y los controles ginecológicos permiten detectar lesiones antes de que avancen. Sin embargo, todavía vemos muchos diagnósticos en etapas tardías”, advierte la médica tocoginecóloga María Florencia Herrera Matorras.
En Argentina, la incidencia es de 13,3 casos cada 100 mil mujeres, una de las más altas de la región. Para el oncólogo Gonzalo Giornelli, que dirige el área de Ginecología Oncológica del Instituto Alexander Fleming (IAF) esto ubica al país entre los de mayor carga en Latinoamérica y dentro del segundo grupo a nivel mundial.
Uno de los mayores desafíos es su carácter silencioso. En las etapas iniciales no presenta síntomas, lo que retrasa la consulta. Cuando aparecen señales, la enfermedad suele estar más avanzada, y se manifiesta con sangrados fuera del ciclo menstrual, dolor pélvico, flujo con mal olor o sangrado durante las relaciones sexuales. “Por eso es fundamental no esperar síntomas para hacerse los controles. El Papanicolaou y el test de VPH permiten detectar lesiones precancerosas cuando todavía son tratables”, explica la ginecóloga Verónica Fabiano.
A diferencia de otros tumores, el cáncer de cuello uterino tiene una evolución lenta, que puede extenderse entre 10 y 20 años. Ese margen de tiempo representa una oportunidad: detectar a tiempo puede evitar su desarrollo.
Vacunas gratis para niños y niñas
En este escenario, la vacunación juega un rol central. En Argentina, la vacuna contra el VPH está incluida en el calendario nacional y es gratuita para niñas y niños a partir de los 11 años. Aplicada antes del inicio de la vida sexual, ofrece la máxima protección contra los tipos de virus de alto riesgo.
Pero la prevención no se agota allí. El uso de preservativo sigue siendo clave para reducir el riesgo de contagio de infecciones de transmisión sexual, aunque en el caso del VPH no garantiza una protección total. “El mayor desafío sigue siendo el acceso a la información y a los controles. Muchas mujeres no consultan porque no tienen síntomas, y ahí es donde se pierde la oportunidad de prevenir”, remarcan especialistas.
En un contexto donde la enfermedad puede evitarse casi en su totalidad, el cáncer de cuello uterino continúa dejando cifras altas. La combinación de vacunación y controles periódicos no solo reduce el riesgo individual: es, hoy, la herramienta más concreta para avanzar hacia su eliminación como problema de salud pública.
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