Diego Rovelotti, el emprendedor que recorre los caminos de Neuquén en bicicleta: «Eso para mí es libertad»

En 2012 construyó su empresa sobre dos ruedas. Fusionó la pasión por explorar con la determinación de crear experiencias. Sueña con recorrer Perú en bicicleta y hacer la mítica Carretera Austral en familia.

Por Elena Egea

Diego Rovelotti tenía cuatro años cuando aprendió a andar en bicicleta en el centro de Neuquén, primero con rueditas, después como si fuera una extensión más de su cuerpo. De chiquito la bici lo llevaba a la plaza, de más grande hasta el río Limay. Hoy tiene un emprendimiento de cicloturismo y, aunque se convirtió en su trabajo, no por eso deja de sentirse libre cada vez que se monta en dos ruedas: “Cuando subo a la bici, calzo las zapatillas en los pedales y se escucha ese ‘clac, clac’, eso para mí es libertad.”


Nació en Buenos Aires y de muy pequeño se mudó con su familia a San Martín de los Andes. Su papá era ingeniero agrónomo. Su actividad influyó en el vínculo que Diego desarrolló con la naturaleza. Cuando tenía cuatro años se instalaron en la capital neuquina, donde ese vínculo lejos de perderse, al contrario: se fortaleció.


Neuquén con sus bardas, sus ríos, sus plazas y rincones verdes, se convirtió en una ciudad llena de aventuras para descubrir en bicicleta. Mucho más allá de los límites de la localidad, el lago Mari Menuco y Villa El Chocón se presentaban como dos tesoros más de los cientos que esconde la provincia.

La plaza Roca, de los primeros lugares que visitó en bicicleta en Neuquén. (Foto: Gentileza).

Sus primeros acercamientos al cicloturismo: «Me empecé a quedar como dormido arriba de la bicicleta”



Fuera del territorio neuquino, desde muy joven se atrevió a llegar a paisajes alejados abordo de su fiel compañera. “¿Sabés cuál fue mi primera experiencia con el cicloturismo, así dura? Fue en Córdoba. Fuimos con mi familia. Mi primo andaba mucho en bicicleta, era más grande que yo, y lo fueron a buscar unos amigos que eran corredores. Esto fue en Rumipal”, comenzó a relatar.


“‘Vení, Diego, vamos’, me invitaron y salí con ellos. Yo fui en una Musseta, eran un Frankenstein esa bicicleta, hasta me quedaba media grande. Fuimos hasta un lugar que se llama La Olla, que está en Santa Rosa de Calamuchita. A la vuelta casi me muero. Me dio una hipoglucemia, no tenía más energía. Y me empecé a quedar como dormido arriba de la bicicleta”, continuó narrando.


Aquel episodio de la adolescencia desató su pasión por el cicloturismo, aunque entonces no lo sabía. También a esa edad la vida le dio otra señal. “Me marcó mucho una imagen que tuve en Puerto Montt, Chile. Yo iba con mi familia, me acuerdo, era chico, tendría 15 o 16. Veo a un tipo con pinta de europeo, con una capa verde, que iba pedaleando. Y digo: yo quiero hacer eso”, rememoró.

Desde los 4 años, siempre arriba de la bicicleta. (Gentileza).


Luego de ese viaje empezó a recorrer distancias más largas en su bicicleta. A los 18 años se aventuró a la emblemática ruta de los Siete Lagos. “Fuimos a Mascardi y nos arrepentimos. Nos volvimos para el lado de Neuquén. Fuimos a Villa La Angostura de un tirón, unos 140 kilómetros”, contó Diego.


A la hora de elegir qué estudiar, su intuición lo llevaba hacia “la planificación de los espacios verdes públicos, los parques nacionales y las áreas naturales protegidas”. Así, se decidió por la Licenciatura en Turismo en la Universidad Nacional del Comahue. Se recibió y completó su formación como guía de cicloturismo con la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura.


En el 2012 se animó a lanzar su emprendimiento, Cicloturis Patagonia, que más tarde evolucionó a Cicloturis Travel. La primera salida gestionada con la agencia fue en junio de ese año por el Alto Valle. “Me acuerdo que con lo que recaudé me compré una docena de empanadas”, relató.


Al principio, su idea era atraer a turistas que llegaran a Neuquén sin planes para el fin de semana. Con el tiempo se percató de que la demanda principal provenía de los propios neuquinos y habitantes del Alto Valle, que buscaban la oportunidad de explorar nuevos destinos en su propia tierra.

Uno de sus lugares favoritos es Villa El Chocón. (Foto: Gentileza).


A lo largo de estos 14 años, Diego se fu adaptando y redescubriendo como emprendedor. Comenzó con un amigo, luego continuó solo y hoy lo sostiene junto a su pareja. “Ella me ayuda con la logística, con las comidas y el vehículo de apoyo. La tiene reclara porque también es docente, tiene mucha experiencia en trekking y ahora es guía de senderismo. Es absolutamente resolutiva”, destacó.


Cicloturis Travel le permitió conocer casi todo Neuquén. “He recorrido la provincia más que nada como guía, llevando gente a Villa Pehuenia, el Norte Neuquino, a la zona de Aluminé y Los Lagos. Hace unos días estuvimos en Traful, por ejemplo, y Villa La Angostura. Andamos por todos lados”, comentó.


A la hora de describir lo que significa para él su emprendimiento, Diego titubea y no encuentra las palabras. “Cuando uno emprende hay todo un desarrollo personal. La verdad, a veces pienso que el día que me vaya de este plano me gustaría que sea arriba de la bicicleta. A lo que voy es que la pasión es muy importante para mí”, enfatizó.


Sabe que también es importante la familia. Rovelotti tiene un hijo de ocho años, Francisco, y, por lo menos hoy, comparten el amor por las dos ruedas. “Él también aprendió a andar en bici a los cuatro, pero sin rueditas”, contó orgulloso.

Para Diego, la bicicleta no es solo un deporte o un trabajo, sino un medio para descubrir y experimentar el mundo. “Le digo a Fran, pensá en una bicicleta como un medio de transporte. La idea es ir a conocer el lugar. En la bici podemos recorrer y te cansás menos que caminando”, lo motiva, buscando transmitirle esa misma filosofía.


Su máximo anhelo es poder compartir una gran travesía familiar. Alguno de sus viajes soñados son recorrer Perú en bicicleta y la mítica Carretera Austral en Chile. No se apura, Diego no necesita irse muy lejos para disfrutar del paisaje.

“En diciembre, noviembre, hay una zona de acantilados cerquita de Villa Chocón. Se esconde el sol hacia el lago, hacia la zona de Picún Leufú. Realmente es hermoso”, narró. Invitó a ser feliz con tan solo un atardecer, una bicicleta y la naturaleza neuquina.

Algunas recomendaciones para emprendedores de Neuquén


Diego Rovelotti convirtió su amor por la bicicleta en un emprendimiento, primero con Cicloturis Patagonia en 2012 y luego con Cicloturis Travel. En principio, la agencia virtual fue pensada para atraer a turistas de afuera de Neuquén. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que la mayor demanda venía de los propios valletanos. Se adaptó, ajustó el plan y su emprendimiento fue creciendo de a poco.


Hoy, Cicloturis Travel organiza viajes “multiaventura”, combinando la bicicleta con trekking, SUP o rafting. Considera que es fundamental trabajar en conjunto con otros prestadores para “enriquecer” la experiencia.

Su agencia combina ciclismo con rafting, entre otras actividades de turismo aventura. (Foto: Gentileza).


Para Diego, uno de los pilares de su emprendimiento es la seguridad. “Más vale prevenir que curar”, es uno de sus lemas. Cada salida se rige por estrictos protocolos: desde asegurarse de que las bicicletas estén en óptimas condiciones, con cadena y cambios funcionando, hasta el uso obligatorio de casco. También se insiste en que los participantes estén bien descansados y hayan desayunado adecuadamente para evitar incidentes como hipoglucemias.


Durante el recorrido, el grupo siempre cuenta con un vehículo de apoyo, comunicación constante por radio, y se transita en fila india en tramos de ruta. Los guías ofrecen indicaciones precisas sobre el uso de los cambios y cómo manejar el terreno, extremando precauciones en bajadas pronunciadas.

La gestión de riesgos es fundamental: si el clima presenta condiciones adversas, como viento fuerte, la actividad se reprograma o suspende. Remarcó que todos los participantes salen cubiertos con un seguro de accidentes personales.


Rovelotti, además, trabaja en la Provincia de Neuquén para el fortalecimiento de emprendedores, brindando capacitaciones y asesoramiento. Sostuvo que “la pasión es una pata fundamental” para mantener el rumbo, pero también lo es la formación, no solo la académica, sino también el desarrollo de “habilidades blandas” e “inteligencia emocional” para manejar clientes y situaciones imprevistas.

Aprendió a “lidiar con los imponderables”: proveedores que fallan o el clima, por ejemplo. Eso lo llevó a ser metódico, a “tener todo por escrito y bien claro”, sin dejar nada “por sobreentendido”, preparándose para lo inesperado. Si tuviese que dar un consejo, sugirió “saber cuándo hacer correcciones” y adaptarse al mercado.


“El emprendimiento sos vos”, enfatizó. Recomendó cuidar la salud y el bienestar como pilar fundamental de cualquier proyecto.

A sus 50 años, Diego mantiene vivo su amor por la bicicleta. (Gentileza).

Diego Rovelotti tenía cuatro años cuando aprendió a andar en bicicleta en el centro de Neuquén, primero con rueditas, después como si fuera una extensión más de su cuerpo. De chiquito la bici lo llevaba a la plaza, de más grande hasta el río Limay. Hoy tiene un emprendimiento de cicloturismo y, aunque se convirtió en su trabajo, no por eso deja de sentirse libre cada vez que se monta en dos ruedas: “Cuando subo a la bici, calzo las zapatillas en los pedales y se escucha ese ‘clac, clac’, eso para mí es libertad.”

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