El albañil de Bariloche que se convirtió en poeta de su oficio

Abel Almendra decidió plasmar sus “décimas” en un libro que acaba de presentar en el barrio Nahuel Hue. La escritura se transformó en un hábito en la pandemia y comenzó a relatar vivencia de los trabajos en las obras de construcción.

El barilochense Abel Almendra trabajó como albañil y carpintero gran parte de su vida. Pero con la llegada de la pandemia empezó a escribir canciones a fin de entretener y levantar el ánimo de sus amistades, a través de un grupo de WhatsApp. La escritura se transformó en hábito cada noche y cada fin de semana. Días atrás, publicó su primer libro, “Décimas de un albañil”.

“Aquel 19 de marzo del 2020, cuando avisaron que se prohibía la circulación por la pandemia, estaba cortando unos rollizos y empecé a carburar. Tenía dos o tres trabajos pendientes, pero pensé que debía ocupar mi mente en algo porque ya venía escuchando lo que pasaba en Europa”, cuenta Almendra.

La decisión no se hizo esperar. Compró un cuaderno y de inmediato, comenzó a escribir. La primera canción fue “Zamba de un ocupante” en relación a la ocupación de un predio en el barrio Nahuel Hue. Le siguió “Niño barilochense” que habla sobre su infancia en el barrio La Cumbre y otro sobre sus vivencias en la escuela primaria 187. De repente, se le ocurrió visibilizar sus años como albañil para evitar que esa etapa quedara en el olvido.

“Es la historia de miles de personas en mi situación. O en peores condiciones. Empecé por escribir seis u ocho estrofas como en décimas. Se las mandé a mis compañeros para entretenerlos y a mi maestra de quinto grado que me motivó a seguir escribiendo”, señala este hombre de 56 años que nació en Villa Lago Gutiérrez.

¿Qué temas decidió reflejar a través de la poesía? “Las vivencias de las personas que trabajan en una obra, desde los ayudantes sin conocimientos que asisten a otros albañiles, que alcanzan las herramientas y bajan bolsas de cemento, hasta el contratista que trabaja para alguna empresa. En todos los casos, vidas muy sacrificadas”, afirma.

Almendra reconoce que se convirtió en albañil por necesidad a los 15 años cuando dejó la casa de sus padres. Ya tenía experiencia en la construcción de la casa familiar y fue buscando trabajo de obra en obra, hasta conseguir un empleo como ayudante aprendiz.

El libro recorre la vida cotidiana de los trabajadores de la construcción. Foto: Chino Leiva

Orgulloso, Abel recalca que ser albañil “no implica ser un ignorante ya que a veces, hay más conocimiento que teoría. Implica muchos conocimientos de física y química (hablamos de muchos materiales) y también cálculos (para sacar medidas)”.

En la búsqueda de editores para publicar su libro, Almendra se topó con el fotógrafo Jorge Piccini que se ofreció a ayudarlo.

El libro se compone de unas 260 estrofas en décimas. La foto de la portada retrata a un grupo de trabajadores de una obra de Miramar y Pasaje Gutiérrez, en el sur de Bariloche. “Pasaba siempre por ahí y cuando me veían mojado, me invitaban a tomar algo calentito o a comer un sandwich. Cuando surgió la posibilidad de tener mi libro, les pregunté si me ayudaban a retratarlos y me dijeron que sí”, cuenta.

El libro se presentó en la Biblioteca del barrio Nahuel Hue, donde vive este hombre. La primera tirada de 50 ejemplares desapareció de sus manos y con esos recursos, logró encargar 50 libros más. “Más allá de que la venta del libro me ayuda económicamente, también pretendo que, a través de mis relatos, se valore a la gente que trabaja en las obras”, dice Almendra.

Para este hombre, escribir es un desahogo: “Es aliviar el propio pesar. Si me pongo a contar, debo tener unas cien canciones. Y ahora hago un resumen de noticias cantadas los viernes en una radio que se llama El Payador Circular”.


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