El cangrejo invasor de Patagonia: analizaron 79 ejemplares y encontraron una historia más compleja

Un análisis genético de 79 ejemplares recolectados en cuatro golfos patagónicos aporta nuevas evidencias sobre la historia de una de las especies invasoras más exitosas del mundo. Además, los resultados mostraron que identificarla solo por su apariencia puede llevar a errores.

Por Auribel Zuarce

La investigación aporta nuevas evidencias sobre la historia de invasión del cangrejo verde en Patagonia. Foto: Nicolás Battini.

La historia de cómo llegó y se expandió el cangrejo verde en Patagonia podría ser más compleja de lo que se pensaba. Un estudio realizado por científicas del Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus-CONICET) encontró evidencia genética compatible con múltiples eventos de introducción y la presencia de diferentes linajes en la región.

La investigación analizó 79 ejemplares del género Carcinus recolectados entre 2019 y 2023 en cinco localidades correspondientes a los golfos Nuevo, San José, San Matías y San Jorge. De ese total, 73 fueron evaluados también mediante características morfológicas.

El trabajo buscó reconstruir la historia de invasión del cangrejo verde en la costa patagónica y poner a prueba una hipótesis que hasta ahora planteaba que la especie podía haber ingresado una única vez para luego expandirse hacia el norte.

Los resultados muestran que ese escenario no alcanza para explicar toda la diversidad encontrada.


Dos especies y una historia más compleja


A través del análisis del gen mitocondrial COI, las investigadoras confirmaron la presencia de dos especies del género Carcinus: el cangrejo verde europeo, Carcinus maenas, y el cangrejo verde del Mediterráneo, Carcinus aestuarii.

El cangrejo verde fue registrado por primera vez en Patagonia entre 1999 y 2000, en el Golfo San Jorge. Desde entonces, su presencia fue documentada hacia el norte, con registros en el Golfo Nuevo, el Golfo San José y más recientemente el Golfo San Matías.

Hasta ahora, una de las explicaciones posibles era que una primera introducción hubiera dado origen a una expansión posterior.

Pero la diversidad genética encontrada aporta otra pista.

En Carcinus maenas se observó una mayor diversidad genética hacia el norte de la distribución. Si la especie se hubiera introducido una única vez y luego hubiera avanzado hacia el norte, se esperaría que la diversidad genética disminuyera en el frente de expansión.

En cambio, los resultados son compatibles con un escenario en el que diferentes linajes llegaron a Patagonia mediante distintos eventos de introducción.

Esto no permite determinar exactamente cuántas veces ingresó la especie ni cuándo ocurrió cada llegada, pero sí cuestiona la explicación basada en un único evento.


Los genes encontraron algo que el ojo no pudo distinguir


Uno de los resultados más llamativos del estudio apareció al comparar la identificación realizada a partir de la morfología del caparazón con la obtenida mediante análisis genético.

De los ejemplares evaluados, el 47% coincidió entre ambas identificaciones, mientras que el 53% presentó discordancia.

Es decir, en más de la mitad de los casos analizados, la identificación basada en la apariencia externa no coincidió con la genética.

Las investigadoras del IDEAus analizaron la diversidad genética del cangrejo verde para reconstruir la historia de su invasión en Patagonia. Foto: Nicolás Battini.

Según las investigadoras, la proporción de asignaciones correctas no fue significativamente superior a la que podría esperarse por azar. El resultado señala la necesidad de utilizar más de una técnica para identificar correctamente a estas especies.

El hallazgo adquiere relevancia porque C. maenas y C. aestuarii son especies cercanamente relacionadas y su diferenciación no siempre resulta sencilla únicamente a partir de sus características externas.


Algunas pistas sobre de dónde vinieron


La genética también permitió avanzar, aunque de manera diferente según la especie, sobre el posible origen de los ejemplares patagónicos.

En C. aestuarii fueron encontrados dos haplotipos mitocondriales asociados con distintas regiones de su área de distribución nativa en el Mediterráneo.

Esto aporta evidencia de que los ejemplares presentes en Patagonia no necesariamente proceden de una única población fuente.

En el caso de C. maenas, en cambio, las investigadoras no pudieron identificar concretamente las poblaciones de origen.

La dificultad está relacionada con que se trata de una especie ampliamente distribuida y muchos de sus haplotipos mitocondriales no son exclusivos de una determinada localidad, sino que se encuentran compartidos entre diferentes regiones.

Por eso, con los marcadores utilizados en este estudio no es posible rastrear con precisión el origen geográfico de los linajes de C. maenas presentes en Patagonia.


Todavía no se sabe cómo llegaron


El estudio permite plantear un escenario compatible con múltiples introducciones, pero no permite determinar cómo ocurrieron.

Las investigadoras señalaron que todavía no pueden establecer con certeza cuántos eventos de introducción ocurrieron, cuándo se produjeron ni cuál fue el vector utilizado en cada caso.

El agua de lastre y el transporte marítimo aparecen como vías posibles de llegada de especies marinas no nativas, especialmente teniendo en cuenta la actividad de los puertos patagónicos, pero esas vías no fueron investigadas específicamente en este trabajo.

Por eso, los resultados permiten reconstruir parte de la historia genética de la invasión, pero todavía no identificar el recorrido exacto que siguieron los distintos linajes hasta llegar a la costa patagónica.


Una nueva pregunta: ¿pueden cruzarse?


El estudio también deja abierta otra línea de investigación: la posibilidad de que C. maenas y C. aestuarii puedan hibridarse al entrar en contacto en Patagonia.

Las científicas aclaran que este trabajo no aporta evidencia de que exista hibridación entre ambas especies en la región.

Para determinarlo sería necesario analizar marcadores nucleares de individuos de ambas especies y de diferentes localidades. Un enfoque genómico, mediante herramientas como SNPs o RAD-seq, permitiría buscar individuos híbridos y determinar si existe flujo genético entre las especies.

De confirmarse en futuros estudios, ese intercambio genético podría aportar nuevas pistas sobre la capacidad de estas poblaciones invasoras para adaptarse y expandirse.


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