El día que Chiche Gelblung operó a un alien en vivo: dólares, mentiras y periodismo
En pleno furor por el Caso Roswell y con la pantalla chica pagando fortunas por un VHS falso, el periodista apeló a la audacia, el ingenio de producción y unos menudos de pollo para dar una lección de infotainment que pasó a la historia.
Una panza inflada, un navajazo que la parte al medio y de sus entrañas, una bola de carne, tripas y menudos de pollo. Aquello era un alienígena, pero también era historia. El periodismo argentino perdió a una de sus figuras más extravagantes, audaces e irónicas. Samuel “Chiche” Gelblung falleció este 9 de septiembre, dejando una estela insuperable de barro, espectáculo, intuición y un olfato marciano para detectar la grieta por donde se casca la atención de la gente. Como esa vez que, en el pico del bizarrismo pop, le explicó al país cómo se fabrica una mentira mundial utilizando apenas una dosis de viveza criolla.
Un video y el furor por lo extraterrestre en el prime time
Era 1995 y la paranoia extraterrestre se inflaba con el Caso Roswell, que apalancó el reverdecer inédito del cosmos alien. Ya habían pasado Alien, el Octavo Pasajero (1979) y E.T., el extraterrestre (1982), pero asomaban las fábulas sci-fi de la serie X-Files (por acá estrenada como Código X). Ahí, con ese escenario de telón, la circulación de un video prometía mostrar la autopsia real de un ser de otro mundo supuestamente capturado en Nuevo México en 1947.
Sobre este envión, el canal Telefe, en pleno apogeo del programa Siglo XX Cambalache conducido por Fernando Bravo y Teté Coustarot, desembolsó una suma astronómica -unos 40.000 dólares de la época- para emitir en exclusiva la misteriosa cinta. El país se paralizó frente a la pantalla. Paralelamente, la revista Conozca Más de la Editorial Atlántida lanzaba el material en formato VHS. Aquel impacto fue brutal: la ufología alcanzaba la cima del prime time mediático.
Chiche Gelblung: «¿Y si lo hacemos nosotros?»
Sin embargo, en las oficinas de producción de Canal 9, la reacción ante el revuelo fue mitad sospecha y mitad velocidad. Chiche Gelblung miró la pantalla y desculó de sopetón la verdad: allí no había ningún enigma cósmico. Al mismo tiempo, vio una trampa y una oportunidad para el sustrato de su trabajo: el infotainment. “Esto es una joda, no es serio”, recordó el conductor en su programa Chiche 2021, en el canal Crónica.
Mientras el resto de la tevé doméstica digería el impacto del hallazgo con cierta solemnidad, Chiche convocaba a su equipo en la producción de Memoria: “¿Y si lo hacemos nosotros?”. Enseguida, Chiche se zambulló en un ejercicio desenfrenado de periodismo antes, mucho antes, de la democracia de Internet. Al toque, la producción se movió a fuerza de ingenio.
Luciano Di Vito, uno de los productores de aquel ciclo, recuerda la locura del proceso: “Éramos teléfono, cabeza, creatividad y correr contra el reloj. Cuando Chiche vio lo del video de Telefe y el lanzamiento de la revista, planteó el debate sobre la manipulación de la verdad y la mentira. Había que correr porque nuestro programa salía una vez por semana”.

El objetivo era simple (y, a la vez, ambicioso): replicar aquella autopsia para demostrar cómo podía fraguarse cualquier verosimilitud sin necesidad de contar con presupuestos millonarios. Pero, eso sí, necesitaban al verdadero protagonista: el extraterrestre.
Rápido de reflejos, los productores localizaron al team de Gerardo Bernstein, especialistas en efectos especiales, quienes podían crear una réplica idéntica. “Me acuerdo de ver a un tipo con el torso del muñeco cruzando el viejo patio de la calle Conde. El muñeco estuvo casi listo el mismo día que grabamos”, rememora Di Vito.
En ese sentido, Jorge Bernárdez, también productor del ciclo, rescata el espíritu de la movida: “La idea de Chiche era una pelea de medios de esa época, cuando los canales tenían guita. Era una demostración bien periodística para exponer cómo se podía fraguar la autopsia, aunque el gesto pop terminó ganándole a la intención más sesuda”.
La ejecución fue perfecta. Para montar la escena, el equipo apeló a recursos caseros: el escenario en blanco y negro, la iluminación clínica, los uniformes científicos y las vísceras compradas en la carnicería. “Eran unos 3 kilos de menudo de pollo”, recuerda Di Vito.
En medio del clima de estricto rigor quirúrgico, la cámara se movía simulando el estilo del documento original hasta que, en un giro magistral, irrumpía Chiche Gelblung en plano. Boom. El truco quedaba al descubierto -en vivo- frente a los ojos de millones de espectadores.
Chiche Gelblung y la «autopsia del alienígena»
“Lo que hicimos nosotros fue recrear lo mismo que hicieron ellos. Lo de ellos pasó al olvido y lo nuestro pasó a la historia”, recordaba el propio Gelblung años más tarde sobre aquel choque cultural. La parodia con pretensiones pedagógicas superó con creces al material que intentaba desmitificar.
Ante los ojos de los espectadores argentinos, la autopsia del alienígena ya no le pertenecía al Pentágono, ni a la tevé estadounidense, ni a los programas locales con más presupuesto: era toda de Chiche. Y, desde ahí, resulta imposible escindir a Chiche del alien, de aquel gesto pop.
Tras el hito, el icónico muñeco quedó durante años decorando los pasillos de Canal 9 para terminar finalmente exhibido en la Galería del Asombro, en el barrio de San Telmo. Ahora, la muerte de Chiche marca la despedida de un cirujano del impacto visual.
Así, durante todas estas épocas, Chiche demostró que para desarmar un mito, a veces alcanza con tener audacia. Y asumir el riesgo de querer pasar a la historia con una mezcla simétrica de periodismo y entretenimiento. O, básicamente, haciendo una autopsia espacial con mucha picardía y, como él mismo aseguró, con “dos mangos con cincuenta”.
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