El lago Lácar se convirtió en un lugar de encuentro para los chicos de San Martín de los Andes

El Club Náutico San Martín de los Andes llevó adelante una nueva edición de su curso de iniciación a la vela para chicos. Participaron 22 jóvenes, de 8 a 14 años.

Por Redacción

El curso se llevó a cabo en el verano. Foto: gentileza

En la costanera del lago Lácar, el deporte se está transformando en algo más que una actividad recreativa para chicos de San Martín de los Andes. La vela se volvió una puerta de entrada a la convivencia, al aprendizaje y a la construcción de comunidad. Detrás de esa experiencia está el Club Náutico San Martín de los Andes, una institución que desde hace décadas apuesta a que el agua también sea un espacio de formación para las nuevas generaciones.

Durante la última temporada de verano, el club realizó una nueva edición de su curso de iniciación a la vela para chicos. Este año, la institución contó por primera vez con un espacio en el Parque Lineal Pocahullo, en la costa del Lacar.

Durante 11 días, unos 22 jóvenes, de entre 8 y 14 años, aprendieron lo básico para navegar en embarcaciones clase Optimist. Para muchos fue su primer contacto con el lago desde adentro, con todo lo que eso implica, como entender el viento, trabajar en equipo y aprender a manejar una embarcación propia.

El curso se llevó a cabo en el verano. Foto: gentileza

«La propuesta, insistieron los impulsores, va bastante más allá de enseñar a navegar. En cada jornada aparecen valores que el deporte transmite casi sin darse cuenta: responsabilidad, confianza y compañerismo. Los instructores lo repiten siempre: arriba de un velero nadie navega solo. Los chicos aprenden a mirar al otro, a escuchar indicaciones y a resolver situaciones juntos«.

Esta edición tuvo, además, una diferencia clave. Por primera vez el club pudo utilizar como base operativa un edificio municipal ubicado en el Parque Lineal Pocahullo, algo que cambió la dinámica del curso. Hubo baños, un lugar bajo techo para las clases teóricas y espacio para guardar el material, lo que permitió aprovechar mejor cada jornada en el agua.

El curso se llevó a cabo en el verano. Foto: gentileza

Con el correr de los días pasó algo que nadie había planificado: las familias empezaron a quedarse. Padres, madres y hermanos se acercaban a mirar cómo navegaban los chicos y terminaron armándose encuentros espontáneos alrededor de la actividad. La playa recuperó movimiento y se transformó en un punto de encuentro para vecinos que hacía tiempo no usaban ese sector de la costa.

Insistieron en que el deporte, «cuando se abre a la comunidad, tiene un impacto mucho más grande que el resultado de una competencia. Para muchos chicos de la ciudad, la vela dejó de ser un deporte lejano y se convirtió en una posibilidad concreta. Y en un lugar como el Lago Lácar, crecer aprendiendo a convivir con el agua también es parte de la identidad del lugar«.

El curso de vela es solo una de las iniciativas que el club desarrolla a lo largo del año. También se dictan cursos de navegación a vela y a motor para adultos, se organizan jornadas de limpieza del lago con voluntarios y encuentros náuticos familiares abiertos a la comunidad. Y se suma el tradicional Cruce a Nado del Lago Lácar que, este verano, celebró su edición 39 con más de 150 participantes de distintas edades.

Para muchos pobladores, el Lácar ya no es solo un paisaje: es una posibilidad concreta de aprendizaje, encuentro y pertenencia.

El curso se llevó a cabo en el verano. Foto: gentileza

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