El refugio de los amantes del cine: uno de los últimos videoclubes del país resiste en Bariloche
Carlos Suez, con 80 años, advierte que sobrevivió a Blockbuster, al cambio de soportes y ahora a las plataformas. "El destino será desaparecer, pero mientras tanto disfruto del cine", señala.
En la era del streaming, el cinéfilo Carlos Suez resiste con su videoclub New Zonic. Fue el primero en abrir sus puertas en Bariloche en 1984 y con 42 años de atención ininterrumpida de lunes a lunes, es uno de los pocos sobrevivientes del rubro en el país.
Carlos, con 80 años, fue testigo de los cambios culturales, pero también fue hábil para adaptarse a cada desafío. Del VHS que mutó al CD, al Blue Ray, al 3D y ahora, desde hace un tiempo, las películas se entregan en un pendrive en su local ubicado en Belgrano al 100, a pocas cuadras del Centro Cívico de Bariloche.
«En Bariloche han llegado a haber 40 videoclubs. En los 90, en la época de Menem que cerraban tantas empresas, con la indemnización la gente ponía parripollos o videoclub, sin tener el menor conocimiento del negocio o del cine mismo. Así se fueron fundiendo. A mí, nunca me fue mal. Creyeron que con el cable me iba a fundir y no pasó», advierte.
Recuerda cuando Blockbuster, una franquicia estadounidense de alquiler de películas, desembarcó en Bariloche y puso fin a muchos videoclubs. «También se acabó Blockbuster y yo seguí trabajando, es cierto que mucho menos con la llegada de las plataformas, pero hay nichos que me permiten subsistir», alardea.

¿Cuál es la clave para perseverar en un mundo cambiante? En primer lugar, mencionó que Bariloche, al ser una jurisdicción tan extensa, hay lugares donde internet no llega y por lo tanto, se dificulta el uso de plataformas. Por otro lado, mucha gente desconoce cómo bajar películas. Pero además, resaltó que aun hoy, los amantes del cine buscan ciertos títulos que no encontrarán fácilmente.
«Arranqué con clientes hace 40 años, luego vinieron sus hijos y ahora sus nietos. Les recomiendo películas y confían en mi recomendación porque saben que les conozco el gusto y si sé de algo es de películas y libros. Ese combo hace que yo siga subsistiendo«, recalca este hombre que entiende que la supervivencia se basa más que nada en la adaptación a los cambios.
«Tiempo atrás, alquilaba 500 películas a diario, he llegado a tener uno o dos empleados y ahora me manejo solo con mi hija. Pero todavía seguimos, incluso disputándole público a las plataformas. No tengo dudas de que el destino será la desaparición, pero mientras tanto, disfruto de la actividad y sigo transmitiendo mis conocimientos«, valora.

El cine que habla de la vida
Carlos se describe como un apasionado del cine y la literatura. Empezó a ir al cine solo con apenas 6 años cuando vivía en el barrio porteño de Flores y hoy, estima haber visto alrededor de 20 mil películas a lo largo de toda su vida.
Se instaló en Bariloche en la década del 70 y la apertura de un videoclub fue gracias a su hermano «Tito» cuando regresó de Estados Unidos. El primer local fue en la calle Beschtedt, frente al colegio Dante Alighieri, poco después se trasladó a donde funciona actualmente.

Su filmoteca es variadísima, desde los cortos de Chaplin de 1914 hasta el último estreno. Suma alrededor de 25.200 títulos y Carlos asegura haber visto casi todos. Cuando detecta alguna película «esquemática», admite, puede durar unas 2 horas, pero «la ve en 15 o 20 minutos con el fast forward» ya que sabe cómo va a terminar. Muchas veces, confirma su hipótesis.
También valora la memoria que le permite recordar la mayoría de los filmes y recomendar ciertos títulos. «Yo no vendo remeras o zapatos. Trabajo en un rubro que cuenta historias. Historias en las que muchos se ven reflejados por alguna situación, por alguna escena y eso da lugar a una conversación más íntima«, señala.
Cuando se le consulta si piensa en retirarse, Carlos lo descarta. Admite que vive solo en un departamento y muchas veces, sus hijas le reprochan que trabaja incluso los domingos. «Cuando me preguntan por qué no me quedo en casa, les retruco: ‘¿y qué hago en casa?’. ‘Leé un libro o mirá una película’, me dicen. Pero acá en el local siempre tengo una película para mirar y montones de libros para leer», asegura sacando tres ejemplares de uno de los estantes escondidos debajo del mostrador.

Un poema al cine
Amante del cine, Carlos ha sido columnista de programas televisivos en Bariloche, en varias ocasiones, en los que recomienda películas. «Alguna vez, hablando de Cinema Paraíso dije que esa película era un poema al cine. Y pensé que nunca le escribí un poema al cine. Al subirme a mi auto, empecé a escribir un poema en un papel que encontré. Me salieron dos cuartetos con una rima muy fluida, pero me trabé y eso quedó un año guardado en mi billetera donde están las cosas inconclusas», mencionó.
Al año, recorría Buenos Aires en una época que se cerraban los cines «de su infancia y adolescencia». «Fui a ver ‘Círculo de Vergara» a un viejo cine que todavía subsistía, el Metro (en calle Cerrito). Al terminar esa hermosísima película, veo que éramos solo ocho personas entre el público para ver ese estreno maravilloso. Me amargué tanto que me fui a tomar un café al lado y recordé el poema inconcluso«, comentó.
«Ruge el león en la pantalla tiesa o bate el palo sobre el gong sonoro. Un monte se dibuja en blanco y oro o pegaso. Despliega su belleza. Sobre la sala quieta oscurecida, un cómplice silencio se derrama. Los hilos de luz tejen la trama en ese simulacro de la vida. Es la magia del cine que agoniza, salas de mi niñez ilusionada. Adiós, Chaplin, Casablanca, Brujas, Hadas, Catita, Buster Keaton, llanto y risa. Los sucesivos nombres van pasando al fin de la película en la lista. Gracias, lágrima, por nublarme la vista y no dejarme ver que estoy llorando».
En la era del streaming, el cinéfilo Carlos Suez resiste con su videoclub New Zonic. Fue el primero en abrir sus puertas en Bariloche en 1984 y con 42 años de atención ininterrumpida de lunes a lunes, es uno de los pocos sobrevivientes del rubro en el país.
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