Bajo los pies de miles de turistas, un tesoro arqueológico cuenta la historia de Bariloche: una ventana al pasado en plena calle Mitre
Bajo una placa de vidrio se conservan restos de un antiguo basural que permite reconstruir la vida cotidiana en Bariloche entre 1880 y 1930.
En la primera cuadra de la emblemática calle Mitre, a escasos metros del Centro Cívico, una «ventana» de vidrio sobre la vereda pasa inadvertida para los turistas y barilochenses que transitan por el lugar. Lo que muchos desconocen es que ese rincón revela una parte fundamental de la historia de Bariloche. Allí, bajo la superficie, se encontraron gran cantidad de objetos en un pozo de basura, correspondientes a 1880 hasta 1930.
«El Ente de Patrimonio Histórico de Bariloche dispuso la puesta en marcha de esa ventana arqueológica, un dispositivo desde el cual se ve para abajo la pequeña reconstrucción del pozo, con cartelería explicativa y un QR para acceder a más información de otros rescates urbanos«, resaltó la arqueóloga Solange Fernández Do Río, integrante de la Dirección de Patrimonio de Museos de la Secretaría de Cultura de Río Negro y miembro del Ente de Patrimonio en Bariloche.

A principios de siglo XIX, la calle Mitre, tal como la conocemos hoy, no existía. El basural estaba ubicado en el predio del primer almacén de ramos generales en la intersección de Mitre y Quaglia, perteneciente a Carlos Wiederhold aunque, años despúés, fue cambiando de dueños. El pozo estaba próximo a los arcos de ingreso al Centro Cívico.
«Recién a fines de los años 30, se decide hacer el Centro Cívico, los edificios de Parques Nacionales y se abren los primeros 100 metros de la Mitre. Era todo muy rural. Y se solían hacer pozos para intercalar la basura con paladas de ceniza para que no diera olor y para espantar a los bichos. Una práctica muy típica para el descarte de basura«, describió.

¿Qué se encontró en ese sector? Objetos de la vida cotidiana, como botellas de bebidas alcohólicas (ginebras, vinos, licores) y no alcohólicas, medicamentos, cremas, tinteros, un reloj, un peine y vajilla. «Era un pozo de descarte. No sabemos hasta qué momento se usó el basural, pero en 1938 se aplanó la calle para hacer la Mitre. Ahí se tapó lo que había, se reelenó y en 1940 se hizo el asfalto. Por lo tanto, ya no se tiró nada», acotó Fernández Do Rio.
Un tesoro arqueológico debajo de la Mitre
El trabajo de rescate comenzó junto a la remodelación de la calle Mitre en enero del 2016. El monitoreo de la obra correspondió a un trabajo interinstitucional por parte de la Universidad Nacional de Río Negro, el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB), el Museo de la Patagonia, el Inibioma, el Centro Atómico y el Municipio de Bariloche. A lo largo de esas siete cuadras, los hallazgos fueron variados, todos vinculados al origen urbano de la ciudad.

«Es jugar a mirar cómo era la vida cotidiana en 1900. Se logró identificar vajilla belga que conmemora la Revolución de Mayo, a partir de un sello que tiene debajo», dijo. Aclaró que no fue posible usar radiocarbono -un método científico que permite determinar la edad de restos orgánicos- porque los objetos «son muy cercanos en el tiempo».

Entre los hallazgos hubo «huesos de vaca cortados por una sierra lo que permite saber que son modernos y no indígenas -aunque en ese momento, había por supuesto población indígena-«.
A través del análisis, se concluyó que la mayoría de los objetos son importados y que llegaban a través de Chile. «La llegada de productos desde el Atlántico se vuelve más fuerte con el corrimiento de rutas. A mediados del 30 llega el tren a Bariloche. Se corta el comercio con Alemania, a través de Chile, y empiezan a entrar los productos por la Línea Sur y Neuquén», puntualizó.
¿Cómo sabían los investigadores que, con la obra de remodelación de la calle Mitre, podrían emerger grandes tesoros arqueológicos? Casualidades que llegan en el momento oportuno. Sucede que en 1999, cuando el arqueólogo de Bariloche Adam Hajduk caminaba por la primera cuadra de la calle Mitre detectó que un comercio exhibía una pequeña mesa con botellitas y huesos. «¿Qué es todo esto?», consultó con olfato arqueológico. «Cositas que encontramos en un poco de la vereda», le respondió el comerciante. Así fue que se identificó ese pozo de basura y se procedió a un primer pequeño rescate.

«En 2016 cuando se anunció la obra de repavimentación, este grupo interinstitucional consultó si había un estudio de impacto. No existía y nos permitieron monitorear la obra, de manera articulada con la Secretaría de Medio Ambiente», dijo y aclaró que «en las siete cuadras de la calle encontraron desde viejas estructuras y mucho material disperso de relleno».
Todo el rescate arqueológico fue trasladado al Museo de la Patagonia, ubicado en el Centro Cívico.

En la primera cuadra de la emblemática calle Mitre, a escasos metros del Centro Cívico, una "ventana" de vidrio sobre la vereda pasa inadvertida para los turistas y barilochenses que transitan por el lugar. Lo que muchos desconocen es que ese rincón revela una parte fundamental de la historia de Bariloche. Allí, bajo la superficie, se encontraron gran cantidad de objetos en un pozo de basura, correspondientes a 1880 hasta 1930.
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