En Brasil cosechan soja entre filas de café con una máquina innovadora: ¿llegará a la fruticultura de la Patagonia?

Soja entre cafetales y una cosechadora diseñada para trabajar en interfilares: la innovación que crece en Brasil y abre el debate sobre su posible aplicación (y sus límites) en los montes de peras y manzanas del Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

Por Alan Agustini

En Brasil la intensificación productiva avanza sobre cada metro disponible. En ese sentido, una experiencia comienza a llamar la atención allí: siembra de soja y porotos entre las filas de plantaciones de café, combinada con el desarrollo de una cosechadora específica para trabajar en esos estrechos interfilares. El objetivo es claro: aumentar la productividad por hectárea y diversificar ingresos sin expandir la superficie.

La propuesta, impulsada por la empresa Café Três Irmãos, abre inevitablemente un interrogante en otras regiones con sistemas intensivos consolidados. En el Alto Valle del río Negro y Neuquén, donde predominan los montes de peras y manzanas, la posibilidad de replicar un esquema similar despierta interés, pero también fuertes dudas técnicas y agronómicas.

Soja entre plantas de café en Brasil y una máquina a medida


La experiencia se desarrolla en Minas Gerais, sobre una superficie total de 100 hectáreas donde conviven café, soja y porotos. Allí, Café Três Irmãos no solo implementó el sistema de cultivo en interfilares, sino que también avanza en el testeo y comercialización de una cosechadora específica, diseñada para adaptarse a las condiciones de estos planteos.

Los primeros ensayos a campo fueron un éxito. La cosechadora ya comprobó en la práctica toda su eficiencia”, explicó Pablo Dias, titular de la empresa, en diálogo con Río Negro Rural. La máquina (de la marca Imtrac) fue concebida para trabajar en espacios reducidos, con un ancho máximo de 2 metros que le permite desplazarse entre las hileras de café sin afectar la estructura del cultivo.

El equipo está equipado con un motor de 140 caballos de fuerza y opera a una velocidad de trabajo de alrededor de 4 km/h. “Tiene un buen desempeño. Es una solución pensada para rentabilizar al productor en momentos estratégicos, aprovechando mejor cada área de la propiedad”, señaló Dias.

Cosecha de soja entre filas de café en Brasil.
Cosecha de soja entre filas de café en Brasil. Foto: gentileza Café Três Irmãos, mejorada con IA.

El sistema productivo se apoya en un calendario bien definido: el café se cosecha entre mayo y agosto, mientras que la soja se recolecta en febrero y marzo, tras haber sido sembrada en octubre y noviembre. Esta complementariedad temporal permite evitar interferencias operativas y maximizar el uso del lote.

En cuanto a la configuración del cafetal, Dias detalló que el marco de plantación es de 3,50 metros entre filas por 0,60 metros entre plantas. “Después que la planta de café crece, queda un espacio libre de unos 2,20 metros”, precisó, lo que habilita el paso de la maquinaria.

Además de soja y porotos, la empresa evalúa el potencial de la máquina en otros cultivos como sorgo, mijo, maíz o avena. “Es un equipo que todavía está en fase de prueba, pero ya estamos tomando pedidos”, afirmó.

¿Puede replicarse en la fruticultura de la Patagonia?


La experiencia brasileña plantea una alternativa atractiva en términos de diversificación y generación de proteína vegetal en origen, algo especialmente relevante para productores que integran agricultura y ganadería. Sin embargo, trasladar ese modelo a la fruticultura del Alto Valle presenta obstáculos significativos.

“Es difícil por la estructura de los cuadros, lo veo complicado”, advirtió Francisco Pili. El productor también puso el foco en cuestiones agronómicas clave: “Hay que ver el tema de los herbicidas. Históricamente se han hecho cultivos hortícolas en los interfilares, como zapallo, tomate o melón, pero en los primeros años de la plantación. Después aparece una competencia por luz importante”.

La máquina en cuestión: cosechadora de soja en Brasil, usada en plantaciones intensivas de café.
La máquina en cuestión: cosechadora de soja en Brasil, usada en plantaciones intensivas de café. Foto: gentileza Café Três Irmãos.

En esa línea, remarcó que cultivos como la soja o el maíz requieren alta radiación para expresar su potencial. “No sé si tendrían la luz suficiente. También hay que ver qué sembradora entra, si la máquina al cosechar no golpea los frutos, el régimen de riego…”, enumeró. Y agregó: “Nunca había visto una máquina así. En fruticultura habría que adaptar el monte, y ver que no afecte la fruta”.

Desde otra mirada, Gonzalo Ezquerra fue aún más categórico: “En principio no es compatible con los frutales”. El productor explicó que en estos sistemas es necesario mantener el suelo limpio, especialmente por el riesgo de heladas. “Además, en las distintas etapas del cultivo hacés múltiples pasadas con maquinaria para pulverizaciones. No es compatible”, sostuvo.

A esto se suma una limitante estructural: la baja disponibilidad de luz en montes adultos. “Los rendimientos van a ser muy bajos porque llega poca radiación”, afirmó Ezquerra. Por eso, indicó que lo habitual en la región es utilizar los interfilares para verdeos con destino a mejora del suelo, que luego se incorporan, más que para cultivos comerciales.

En este contexto, si bien la innovación brasileña muestra un camino interesante para sistemas intensivos, su aplicación en el Alto Valle requeriría no solo ajustes tecnológicos, sino también un rediseño profundo del modelo frutícola. Por ahora, la soja entre perales y manzanos parece más una idea sugerente que una alternativa viable en el corto plazo.


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En Brasil la intensificación productiva avanza sobre cada metro disponible. En ese sentido, una experiencia comienza a llamar la atención allí: siembra de soja y porotos entre las filas de plantaciones de café, combinada con el desarrollo de una cosechadora específica para trabajar en esos estrechos interfilares. El objetivo es claro: aumentar la productividad por hectárea y diversificar ingresos sin expandir la superficie.

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