Fiesta de la Confluencia: 10 ediciones y una deuda pendiente con la cultura de Neuquén

Cuando se creó por ordenanza se fundamentó que un evento así era necesario para promocionar la cultura local. Los artistas neuquinos dicen estar invisibilizados. “Es comercio, no cultura”, dicen.

La Fiesta de la Confluencia llegó a las diez ediciones y estrenará su título nacional. Bastaron apenas dos o tres años para que se consolide como uno de los eventos culturales más convocantes de la región. Pero a lo largo de su primera década, aún no se pudo saldar una gran deuda como es promocionar la cultura y los artistas locales, tal como lo expresa la ordenanza 11.947, que le dio vida.

Las premisas que se utilizaron para argumentar la necesidad de contar con una fiesta de esta envergadura eran claras: “En otras localidades de nuestro país se desarrollan fiestas que se identifican con la cultura, producción e industria local. Si bien la ciudad de Neuquén tiene fecha festiva por el día de su nacimiento, no posee ninguna festividad que sea identitaria de la urbe, su población y su cultura. Dichos eventos representan un gran atractivo turístico que aporta ingentes beneficios al sector económico de las localidades donde tienen lugar”.

Claramente el tercer argumento es el único que se cumple a raja tabla. El año pasado, la Fiesta de la Confluencia movió 3.500 millones de pesos por gastos de hotelería, gastronomía y feriantes, entre otros ítems.

Mientas tanto, los otros dos considerandos de la norma quedan en lo meramente declarativo.
Para promocionar la cultura local, es prioritario mostrar, visibilizar, apoyar y darles un lugar destacado a los gestores de ella, es decir a los artistas locales. Cuestión que no está sucediendo en la fiesta de la ciudad.

Año a año se gastan miles de pesos (casi 250 mil este año) en el escenario mayor donde se suben artistas nacionales e internacionales, cuyos cachets pueden alcanzar o superar el millón de pesos. En tanto para los grupos neuquino se disponen escenarios “alternativos”, alejados del recorrido masivo del público asistente, invisibilizados.

¿Se les da un lugar a los artistas locales? Si. ¿Es el que les corresponde? Claramente no.
A lo largo de un década son contadas con los dedos de una mano las bandas o grupos que tocaron en el escenario mayor. Pero dentro de grilla fueron ubicados en horarios de la tarde caliente, cuando aún la gente no se acerca al campo porque disfruta del fresco de las aguas del río. Y aquellos que tienen la fortuna de conseguir un horario más favorable son destinados a los escenarios alternativos, alejados.

Mauro Saldaño, es un músico neuquino, baterista, productor discográfico y arreglador. El año pasado tocó en uno de esos escenarios con la banda Delta Calibre y contó su experiencia, compartida además, por otros artistas.

“No es un lugar donde uno vaya a mostrar su arte frente a un público masivo. Son escenarios rezagados y hay que estar rezando para que no esté tocando la banda principal en el escenario mayor cuando vos estés tocando porque no te va a ver nadie”, sintetizó.

La pregunta que es obligado hacer aquí es ¿Dónde está la promoción de la cultura local como identitaria de la ciudad de Neuquén? Los artistas coincidieron y respondieron: “No en la fiesta de la Confluencia”. Cabe aclarar que no desmerecen la realización del evento y la importancia que tiene para la ciudad, pero consideran necesarias mejores políticas de apoyo y valoración de el arte local.

“No pasa por la cultura la fiesta, pasa por el comercio. Te ponen ochocientos carros de venta de productos y todo funciona alrededor de esos carros. Y ahí está el escenario principal con los artistas comerciales. Y ponen un escenario fuera de ese círculo de atención para los artistas locales y lo que uno siente es que te dejan sin capacidad de exposición real”, agregó el músico.

Tampoco, cuentan los artistas locales con las mismas condiciones para realizar su trabajo que los grupos nacionales o internacionales que se suben al mega escenario de la Confluencia. Un dato que repitieron varios músicos fue que no existe un espacio en el estacionamiento interno del predio de la isla 132, donde las bandas puedan dejar sus vehículos, bajar los instrumentos y dejarlo allí hasta que finalicen su show.
Recién el año pasado se colocaron globas en los escenarios alternativos para que los artistas se pueden cambiar y dejar sus cosas.

En estas condiciones, existe claramente una doble vara o parámetros diferentes a la hora de definir el sentido de una fiesta popular. “No es cultura, es comercio”, insisten los artistas.

Dato

3.500
millones de pesos dejó la edición 2022, entre hotelería, gastronomía y feriantes, entre otros ítems.

Perlita de Oro: León Gieco y un intendente molesto


Día: 22 de febrero de 2013. Lugar: Paseo de la Costa. Evento: primer día de la primera edición de la Fiesta de la Confluencia.
Cuando se anunció, el exintendente de la ciudad, Horacio Quiroga, aseguró: “Tenemos que trascender, nos deben conocer por la Fiesta de la Confluencia”. Había que hacer una apuesta fuerte y por eso el jefe comunal se encargó personalmente de que nada saliera mal.

Indiscutiblemente para lograr aquel objetivo nadie mejor que León Gieco. También tocaron Los Auténticos Decadentes y La Vela Puerca.

Casi llegando a la medianoche de ese día, subió al escenario el grande de la música argentina.
Todo trascurría sin sobresaltos. El campo estaba repleto de gente, el público estaba feliz y los organizadores más relajados.

Pero antes de que comenzaran los bises, León recibió en el escenario un papel misterioso el que leyó de inmediato. “Memoria y justicia por Braian Hernández y por las víctimas de la Cooperativa Obrera”, dijo. Braian fue un adolescente que murió al recibir un disparo de arma en la nuca, de parte de un efectivo policial. El derrumbe de seis departamentos sobre el supermercado dejó como saldo siete víctimas fatales. Ambas causas complicaban la gestión de Quiroga, porque se cuestionaba la falta de controles y seguridad en la ciudad que gobernaba.

Pero volviendo al escenario, León continuó diciendo “Mi sincero apoyo y reconocimiento a los trabajadores del SIEN, a los obreros de Zanón y a los artistas del colectivo Gato Negro”.
El personal de la empresa de estacionamiento medido reclamaba mejoras salariales y los ceramistas peleaban por recuperar la fábrica bajo control Obrero. Gato Negro es el anfiteatro del Parque Central que los artistas independientes destaparon luego de que el municipio lo rellenara con escombros en dos oportunidades. Otros dos grandes dolores de cabeza del exintendente, que ese día no la pasó bien.


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