Juan Martín Maldacena, el “Messi de la física”, habló con Diario RÍO NEGRO: «Es necesario mantener un sistema científico que funcione bien»
El reconocido físico teórico argentino reflexiona sobre el valor de la investigación y el desarrollo de capacidades locales. En esta entrevista profundiza los misterios de los agujeros negros, explica la conjetura que lleva su nombre, recuerda sus años en Bariloche e imagina el futuro de la ciencia argentina.
Tiene 58 años, es argentino, vive en Princeton, Estados Unidos, y trabaja en el mismo instituto donde Albert Einstein pasó los últimos veinte años de su vida. Se llama Juan Martín Maldacena. La comunidad científica lo considera uno de los físicos teóricos más importantes del mundo. Buena parte de sus días los pasa frente a un pizarrón. Hace cálculos, lee artículos científicos y conversa con otros investigadores. Parece fácil pero lo que intenta entender, es mucho menos sencillo: qué son el espacio y el tiempo, qué pasa dentro de un agujero negro y cómo empezó el universo.
¿Quién es Juan Martín Maldacena?
Unos lo bautizaron como el «Messi» de la física. Otros dicen que es el Einstein argentino. En 1997, cuando tenía 29 años, presentó una idea que cambió la forma de estudiar algunos de los problemas más difíciles de la física: la «Conjetura de Maldacena». Desde entonces, miles de investigadores trabajan sobre las posibilidades que abrió esa propuesta. Por eso se considera que es el argentino que estaría más cerca de ganar un premio Nobel. Pero él mantiene un perfil bajo. Habla sin grandilocuencia. Está más interesado en las preguntas que todavía no tienen respuesta que en los reconocimientos que recibió.
Juan Martín fue un chico curioso que creció en Caballito, en pleno corazón de la ciudad de Buenos Aires. Su papá era ingeniero y su mamá, traductora de inglés. Tenía dos hermanas menores: Anabella y Eleonora. En la casa, cuando algo se rompía, el papá era el primero en intentar arreglarlo. Podía ser el auto o el lavarropas. A Juan Martín le gustaba mirar, descubrir cómo funcionaban las cosas y entender por qué. También jugaba con Rastis y leía las novelas de aventuras de la colección Robin Hood.
Fue a la primaria en el colegio La Salle. Su mamá lo recordaba como un chico tímido, introvertido, que hacía las tareas a las apuradas y no se destacaba por la prolijidad en sus cuadernos. Después estudió como pupilo en el Liceo Militar General San Martín. Ahí los días empezaban temprano y había que cumplir horarios estrictos, hacer gimnasia y marchar, lo que no hacía bien. En cambio, disfrutaba las clases de física y matemática.
En 1986 ingresó a Física en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y dos años más tarde llegó al Instituto Balseiro. Tenía 20 años. En Bariloche encontró profesores que investigaban temas que todavía no tenían respuesta y compañeros que compartían su entusiasmo. Se recibió en 1991 y todavía hoy piensa que esos años fueron fundamentales para su formación.
Después se fue a Estados Unidos. Hizo su doctorado en la Universidad de Princeton, pasó por Rutgers y Harvard y, en 2001, se incorporó al Instituto de Estudios Avanzados (IAS) de Princeton, donde sigue trabajando. En el camino recibió algunos de los premios más importantes de la física y se convirtió en una referencia mundial por la «Conjetura de Maldacena». Su trabajo permitió encontrar nuevas conexiones entre la gravedad, la mecánica cuántica y la estructura del espacio-tiempo.

Aunque lleva más de treinta años en Estados Unidos, vuelve a la Argentina por lo menos una vez al año. En diciembre de 2025 vino a Bariloche para participar del congreso por los 70 años del Instituto Balseiro. En agosto de este año volvió a Buenos Aires, dio conferencias, y visitó a su familia.
Hoy sigue trabajando sobre los agujeros negros y la gravedad cuántica. Quiere saber qué pasa en lugares donde las teorías que conocemos dejan de alcanzar para explicar la realidad. En esta entrevista con Diario RÍO NEGRO, Maldacena habla de esos misterios, recuerda sus años en Bariloche, cuenta cómo es el trabajo cotidiano de un científico y reflexiona sobre las posibilidades que tienen los jóvenes argentinos de seguir un camino como el suyo.
-Usted trabaja sobre algunas de las preguntas más complejas de la física. Si tuviera que explicarle a alguien que no sabe física a qué se dedica, ¿qué le diría?
-Trato de entender cómo funciona el espacio-tiempo cuando incorporamos las leyes de la mecánica cuántica. Tenemos dos grandes teorías que se desarrollaron a principios del siglo XX. Por un lado, la teoría de Einstein, que describe la gravedad como una deformación del espacio-tiempo. Por otro, la mecánica cuántica, que describe el comportamiento de la materia a escalas muy pequeñas. Las dos funcionan muy bien en sus respectivos dominios, pero todavía no entendemos completamente cómo combinarlas.
Una manera de estudiar este problema es investigar los agujeros negros, donde aparecen situaciones en las que ambas teorías son importantes. Aunque parecen objetos muy exóticos, esperamos que lo que aprendamos sobre ellos nos ayude a entender mejor el origen de nuestro propio universo.
En la práctica, mi trabajo cotidiano consiste en hacer cálculos, leer artículos y discutir problemas con otros investigadores, muchas veces frente a un pizarrón.
-Su trabajo más conocido cambió la manera de abordar algunos grandes problemas de la física. Casi treinta años después, ¿qué fue lo que más lo sorprendió de todo lo que produjo esa idea?
– Cuando propuse esa relación en 1997, mi interés principal era entender mejor los agujeros negros y la gravedad cuántica. La idea es que una teoría que contiene gravedad puede ser equivalente a otra teoría cuántica que no contiene gravedad y que vive en un espacio con una dimensión menos.
Lo que más me sorprendió fue la cantidad de aplicaciones que se encontraron en áreas que no tenía en mente originalmente. Por ejemplo, permitió estudiar ciertos sistemas cuánticos con interacciones muy fuertes, que son difíciles de analizar por otros métodos.
También llevó a descubrir relaciones muy interesantes entre la geometría del espacio-tiempo y la información cuántica. Estas relaciones sugieren que el espacio-tiempo podría surgir de una descripción cuántica más fundamental.
Por supuesto, estos desarrollos fueron el resultado del trabajo de muchos investigadores que fueron encontrando nuevas consecuencias de la idea original.
– Hay preguntas que parecen muy simples: qué son el espacio y el tiempo, qué ocurre dentro de un agujero negro o cómo comenzó el universo. Pero la ciencia todavía no puede responderlas completamente. ¿Cuál de esos grandes interrogantes lo desvela hoy?
– Una pregunta que me interesa particularmente es qué ocurre en el interior de los agujeros negros. Según la teoría de Einstein, una persona que cae en un agujero negro puede atravesar el horizonte y entrar en una región donde finalmente la curvatura del espacio-tiempo se hace muy grande y la descripción clásica deja de ser válida.
Pero la mecánica cuántica nos sugiere que debería existir una descripción más completa. Todavía no entendemos bien cómo es esa descripción ni cómo aparece en ella el interior del agujero negro.
Creo que entender esto nos ayudará también a comprender qué ocurre cuando el espacio-tiempo tiene curvaturas muy grandes, como sucedió al principio del universo. En última instancia, esa es una de las motivaciones principales para estudiar la gravedad cuántica.
– Llegó muy joven a Bariloche para estudiar en el Instituto Balseiro. ¿Qué encontró ahí que terminó siendo determinante en su formación? ¿Tiene alguna imagen, profesor o momento particular de aquellos años?
—Tengo muy buenos recuerdos de mi paso por el Instituto Balseiro. Lo más importante fue encontrar un ambiente donde tanto los profesores como los estudiantes estaban muy interesados en la investigación. Había mucho entusiasmo por aprender física y por tratar de entender problemas que todavía no estaban resueltos.
Recuerdo especialmente a Gerardo Aldazabal, que fue mi director de tesis de licenciatura. Él había regresado hacía poco tiempo de Italia y estaba trabajando en teoría de cuerdas. Me interesó el tema y le pedí hacer la tesis con él. Aprendí mucho durante ese trabajo y fue una muy buena preparación para lo que hice después.
También recuerdo a mis compañeros, muchos de ellos siguieron trabajando en investigación y me sigo manteniendo en contacto. Además recuerdo las excursiones a las montañas de Bariloche. Fue una época muy linda, tanto desde el punto de vista académico como personal.
– De Bariloche pasó a desarrollar su carrera en algunas de las instituciones científicas más importantes del mundo. ¿Cuánto de la formación que recibió en Argentina sigue presente en su manera de trabajar y pensar la ciencia?
-Creo que mucho de esa formación sigue presente. Primero estudié en la Universidad de Buenos Aires y después en el Instituto Balseiro. En ambos lugares recibí una formación muy sólida en física y matemática.
En el Balseiro, además, tuve la oportunidad de estar en contacto directo con investigadores que trabajaban en temas de frontera. Eso fue muy importante porque uno aprende no solamente los conocimientos que están en los libros, sino también cómo se hace investigación: cómo se elige un problema, cómo se piensa una posible solución y cómo se discuten las ideas con otros investigadores.
Esas son cosas que uno sigue haciendo durante toda su carrera. Naturalmente, después aprendí muchas otras cosas en los lugares donde trabajé, pero la formación inicial fue una base muy importante.
– Piensa un joven que hoy estudia Física en el país tiene las mismas posibilidades de recorrer el camino que usted hizo? ¿Qué condiciones necesita la Argentina para formar y retener científicos?
—Creo que en la Argentina sigue habiendo muy buenos estudiantes y grupos de investigación de gran nivel internacional. Por lo tanto, un joven que comienza a estudiar física puede recibir una excelente formación y llegar a hacer contribuciones importantes.
Pero para que eso sea posible es necesario mantener un sistema científico que funcione bien. La investigación requiere continuidad. Se necesitan buenos profesores, becas para los estudiantes, oportunidades de trabajo para los investigadores jóvenes y recursos para hacer experimentos. No es algo que se pueda construir de un año para otro.
También es importante mantener el contacto con investigadores de otros países, porque la ciencia es una actividad internacional. Es bueno que los jóvenes puedan viajar, aprender en otros lugares y luego tengan la posibilidad de regresar si así lo desean.
El desafío no es solamente formar buenos científicos, algo que la Argentina ha demostrado que puede hacer, sino también ofrecerles las condiciones para que puedan desarrollar su trabajo.
– La ciencia implica convivir con preguntas que quizás nunca tengan respuesta. ¿Cómo se vive personalmente con esa incertidumbre? ¿Qué hace todavía mantenga las ganas de buscar?
-En general, cuando uno hace investigación no está pensando todo el tiempo en las preguntas más grandes, sino en problemas más concretos que espera poder resolver. A veces uno trabaja durante bastante tiempo en una idea y descubre que no funciona. Otras veces encuentra algún resultado interesante, que puede llevar a nuevas preguntas. Es parte del proceso normal de investigación.
Lo interesante es que siempre hay algo nuevo para entender. Muchas veces una conversación con un colega, o un resultado de otro investigador, permite mirar un problema desde otro punto de vista. Por supuesto que sería lindo encontrar respuestas definitivas a algunas de las grandes preguntas. Pero también es interesante el camino que uno recorre tratando de encontrarlas. Y en ese camino se aprenden muchas cosas que inicialmente no se esperaban.
– Si pudiera conocer hoy la respuesta a una sola pregunta sobre el universo, ¿cuál elegiría y por qué?
– Me gustaría entender cómo comenzó el universo. Sabemos bastante sobre su evolución a partir de sus primeras etapas, pero no tenemos una descripción completa de lo que ocurrió cuando el universo era extremadamente pequeño y los efectos de la gravedad cuántica eran importantes.
En particular, no sabemos si el tiempo tuvo un comienzo o si existe alguna descripción más fundamental en la cual el tiempo, tal como lo entendemos, surge de otros conceptos. Es posible que para responder estas preguntas tengamos que modificar bastante nuestra manera de pensar sobre el espacio y el tiempo. Creo que sería muy interesante comprender cómo surge un universo como el nuestro a partir de las leyes más fundamentales de la física.
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