La donación local impulsó un nuevo récord de trasplantes renales en el hospital más grande de Neuquén: 34 en 2025

Desde el Castro Rendón destacaron la eficiente obtención de órganos dentro del sistema de salud. Así, 30 pacientes neuquinos y cuatro de Río Negro recibieron una nueva oportunidad de vida.

Un nuevo récord de trasplantes renales en el hospital Castro Rendón en Neuquén. (Gentileza).

En Neuquén un promedio de 700 personas se realizan diálisis por patologías en los riñones. Cuando un paciente consigue al fin un donante se celebra y en 2025 el hospital Castro Rendón concretó 34 trasplantes, rompiendo así el récord de 2024 con 32 intervenciones. De este total, 30 receptores fueron pacientes neuquinos y cuatro provinieron de Río Negro.


El jefe de la Unidad de Trasplante Renal, Matías Melideo, destacó la importancia de la procuración local. “Si hay trasplante es porque hay donantes y la gran mayoría de nuestros donantes se generan desde Neuquén, desde el hospital Castro Rendón”, remarcó.


Indicó que el 85% de los donantes de riñones que reciben se preparan en el nosocomio. La alta tasa de procuración es crucial, ya que la legislación del el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai) prioriza la distribución regional de los órganos. Esto significa que los pacientes neuquinos en lista de espera tienen una ventaja significativa cuando los donantes provienen de su propia provincia.


Según explicó Melideo, el proceso de preparación y trasplante de riñones es una cadena de eventos crítica que comienza con la detección del donante y culmina con la cirugía. La gran mayoría de los órganos (alrededor del 90% en Argentina) provienen de pacientes con muerte cerebral en terapias intensivas, generalmente a causa de eventos graves como ACV o traumatismos.

De la diálisis hasta el trasplante: los pasos en Neuquén



Una vez confirmado el diagnóstico irreversible y descartada cualquier posibilidad de recuperación, se activa un operativo complejo para mantener el funcionamiento biológico del cuerpo del donante de manera artificial, asegurando que los órganos lleguen al quirófano en condiciones óptimas para su extracción.


A diferencia de otros órganos como el corazón o el pulmón, que requieren una logística de emergencia extrema, el riñón ofrece una ventana de tiempo algo más amplia: puede resistir hasta 24 horas fuera del cuerpo si el donante es joven. Esto facilita la logística regional, permitiendo que los equipos médicos realicen las pruebas de compatibilidad necesarias. Analizan el grupo sanguíneo, la antigüedad en diálisis del receptor y, crucialmente, la compatibilidad genética.


La cirugía de trasplante no marca el fin del camino, sino el inicio de una etapa de cuidados intensivos. Melideo señaló que, aunque las tasas de éxito superan el 90% en el primer año, los tres primeros meses son vitales debido a la fragilidad del paciente, quien ya sufrió el desgaste de la diálisis y ahora se encuentra inmunosuprimido para evitar el rechazo del órgano.


Además, hay que recordar que “el trasplante no es para toda la vida. En promedio un donante fallecido dura 10 años y un donante vivo puede durar 13 años”. Por eso el jefe de la Unidad de Trasplantes del Castro Rendón hizo hincapié en la prevención.


“Lo más importante es que los pacientes puedan tratar de hacer un adecuado control de salud renal, que eso lo puede hacer con un médico clínico, un médico general, un médico de familia. Cuidarse de la diabetes, la hipertensión, comer sano, hacer deporte y detectar cómo está tu salud renal”, enfatizó. M motivó a los neuquinos a empezar el año con un chequeo médico de rutina.

34 trasplantes renales en Neuquén. (Foto ilustrativa).

El 70% de las personas trasplantadas en Neuquén no tiene empleo formal


El abordaje de los pacientes trasplantados trasciende lo estrictamente quirúrgico. El jefe de la Unidad de Trasplante Renal, Matías Melideo, sostuvo que debe enfocarse bajo una mirada “global y holística” de la persona. El éxito del trasplante no depende únicamente de la compatibilidad genética o de la técnica operatoria, sino de la estabilidad emocional y social del receptor.


Señaló que muchos pacientes llegan al trasplante con una historia de sufrimiento acumulado, luego de años de diálisis, un procedimiento que irrumpe en las vidas y afecta los proyectos personales. Un aspecto crítico que el equipo ha identificado es la vulnerabilidad económica de los receptores.

Según encuestas realizadas por la unidad, alrededor del 70% de los pacientes se encuentran en una situación de informalidad laboral o sin empleo, a pesar de que el trasplante les devuelve la capacidad física para trabajar. Melideo señaló que muchas empresas son reticentes a contratar a personas trasplantadas, lo que empuja a estos pacientes a situaciones de precariedad que dificultan el mantenimiento de una calidad de vida adecuada y generan un estrés adicional significativo.


Así, la salud mental juega un rol determinante en la supervivencia del órgano. El especialista destaca que si el equipo médico se centra solo en los análisis clínicos e ignora el contexto socioeconómico o emocional, el tratamiento corre peligro. Un paciente deprimido por la falta de trabajo o problemas personales es menos propenso a tomar rigurosamente a la medicación inmunosupresora, la cual es vital y de por vida.


Por ello, la inclusión de psicólogos y trabajadores sociales es fundamental para detectar estas barreras y ofrecer la contención necesaria, articulando con el Estado para cubrir necesidades básicas y asegurar que el entorno del paciente permita sostener el éxito del trasplante.


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