«La especie no está en peligro»: una colonia de pingüinos de Río Negro se multiplicó por más de 500

El análisis de 65 colonias confirmó que la disminución de ejemplares en Punta Tombo coincide con la expansión de la especie hacia el norte de la Patagonia. El desgaste del hábitat por las cuevas y los pisoteos es una de las principales hipótesis sobre estas migraciones.

De 22 parejas registradas en 2002, actualmente se contabilizan 12.000 en la colonia más joven de Río Negro. (Gentileza).

En Argentina se registraron 1,34 millones de parejas activas de pingüinos de Magallanes. «La especie no está en peligro«, remarcó Jésica Hombre, la investigadora que lideró el relevamiento del Centro Nacional Patagónico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Cenpat-Conicet). Estos animales “carismáticos, pero bravos” se mueven entre colonias. De hecho, sobre la costa de Río Negro, una de las más jóvenes multiplicó su población por más de 500 en los últimos 24 años. ¿Por qué se desplazan? La hipótesis que cobra fuerza es que los pingüinos generan una «degradación total» de su hábitat.


Hombre comenzó a trabajar en el Parque Nacional Islote Lobos en 2022. Allí observó que la población de pingüinos de Magallanes aumentaba año a año. El primer registro data de 2002, con solo 22 parejas. Dos décadas después, las tres colonias suman alrededor de 12.000 parejas. Frente a los pronósticos que auguraban un descenso de la población, tal como sucede en una de las colonias de Chubut, en Punta Tombo, la bióloga empezó a preguntarse “si eso estaba pasando a nivel nacional también”.


Así iniciaron un trabajo exhaustivo de recolección de datos que demandó más de un año, desde fines de 2024 hasta inicios de 2026. “Había un bache en la información. Nos propusimos hacer un relevamiento de todas las colonias a través de la bibliografía”, describió.

Cuáles fueron las colonias de pingüinos que aumentaron su población


Descubrieron que, aunque la población de pingüinos de Magallanes descendía en Punta Tombo, en otras colonias las parejas aumentaban. Hombre indicó que Estancia San Lorenzo, también en Chubut, mostró una tendencia positiva con un crecimiento cercano al 20 % anual, mientras que colonias más pequeñas como El Pedral registraron tasas altas de expansión.

En la costa de Río Negro, la población de Islote Lobos se multiplicó por más de 500 en los últimos 20 años y, en Tierra del Fuego, trabajos previos ya habían documentado crecimientos exponenciales que luego se estabilizaron.


En lugar de pensar en una sola gran población quieta, los científicos describen al pingüino de Magallanes como una red de colonias conectadas. Algunas crecen, otras se estabilizan y otras disminuyen. “Esta especie tiene una dinámica metapoblacional. Esto quiere decir que no es solamente una población, sino que se van moviendo entre colonias”, explicó Hombre.

La investigadora señaló que aunque son carismáticos, los pingüinos de Magallanes también «son bravos». (Gentileza).

Desgaste del suelo, alimento y clima: las hipótesis detrás del desplazamiento de los pingüinos



Tras el relevamiento, surgieron nuevas preguntas. ¿Por qué algunas poblaciones aumentan y otras disminuyen? La bióloga comentó que todavía no hay respuestas certeras, pero sí hipótesis. Según los antecedentes, una de las explicaciones apunta a que los pingüinos degradan su propio ambiente y luego se desplazan hacia otros.


En Islote Lobos hay vestigios que se alinean con esa idea. Este Parque Nacional de Río Negro forma parte de un archipiélago de seis islotes. En tres de ellos (La Pastosa, Redondo y la Isla de los Pájaros) los pingüinos de Magallanes cavaron sus cuevas y armaron sus colonias.

Comparten el espacio con lobos marinos y una gran variedad de aves, en un paisaje que cambia por completo cuando baja la marea: el agua se retira, aparecen los tómbolos de arena que los conectan con la costa y, con ellos, se abre también la puerta a visitantes como zorros, pumas y chanchos, según describió la científica.


Previo a que las parejas se instalaran allí, el paisaje era distinto. “Cuando fuimos para atrás con las imágenes satelitales, nos dimos cuenta de que antes de que llegaran los pingüinos los islotes eran mucho más vegetados y ahora están cada vez más secos”, contó Hombre.

Agregó que hay investigaciones en Tierra del Fuego que también se inclinan por esta hipótesis. “Ahí la población creció exponencialmente, llegó un momento en que dejó de crecer y empezó a estar estable. Al estudiar lo que había pasado con el ambiente registraron una degradación total”, afirmó. La becaria explicó que este deterioro del hábitat puede relacionarse al pisoteo constante y la excavación de los nidos.


Otras conjeturas apuntan al mar y la disponibilidad de alimento. La becaria señaló que cambios en la abundancia de presas, en las rutas de los cardúmenes o en la intensidad de la pesca pueden volver menos atractivo un sitio que antes resultaba ideal. Si el viaje hasta las zonas de alimentación exige más energía o más tiempo, la colonia pierde ventaja frente a otros lugares donde el alimento se encuentra más cerca.


También aparecen factores vinculados a las actividades humanas en tierra. El turismo cercano a algunas colonias u otras presiones antrópicas alteran el entorno. La investigadora recordó que Punta Tombo, por ejemplo, ofrece una oportunidad única para estudiar el impacto de las visitas sobre los pingüinos, mientras otras colonias permanecen casi sin presencia humana. Esa diferencia obliga a mirar caso por caso: una misma especie responde de manera distinta según el nivel de perturbación y las características locales del ambiente.


El cambio climático se suma como telón de fondo. Modifica la temperatura del mar, la frecuencia de tormentas y las corrientes que distribuyen el alimento. La bióloga remarcó que todavía no existen respuestas concluyentes para cada colonia, pero el equipo sospecha que la combinación entre presión pesquera, variaciones ambientales y desgaste del hábitat en tierra influyen en la decisión que toman los pingüinos cuando abandonan un sitio y eligen otro para criar.


Para entender mejor ese proceso, Hombre y su grupo de investigación en Islote Lobos comenzaron a marcar individuos con pequeños chips intradérmicos. Quieren saber cuántos regresan a la misma colonia, cuánta fidelidad muestran al nido y cuántos pichones vuelven años después al lugar donde nacieron. Esas respuestas permitirán afinar las hipótesis sobre cómo se reorganiza la especie a lo largo de la costa.

Implementaron pequeños chips intradérmicos para rastrear a los pingüinos. (Gentileza).

Hacia el norte: los pingüinos conquistan la costa de Río Negro


El mapa actual muestra que la especie amplió su distribución reproductiva hacia el norte de la Patagonia. Hombre indicó que durante décadas las colonias se concentraban entre las Islas Malvinas y Chubut. Hoy la más septentrional se ubica en Islote Lobos, en la costa rionegrina.

Comentó que el calor no los ahuyenta: los pingüinos toleran tanto los inviernos fríos de Malvinas y Tierra del Fuego como los veranos de 40 grados en Río Negro, donde buscan refugio en las cuevas.


Después de la temporada reproductiva, emprenden un viaje de alimentación hacia el norte. Hasta alcanzan aguas de Uruguay y Brasil. “No es que necesiten sí o sí un ambiente frío”, señaló la bióloga. Recordó que son excelentes nadadores y que cubren largas distancias en mar abierto.


Por ahora, parecen estar a gusto en las playas de Río Negro. Mencionó la aparición de “minicolonias” en la bahía de San Antonio, con apenas unas pocas parejas. Aún no lograron monitorearlas como quisieran porque aguardan permisos provinciales, pero las consideran posibles núcleos de colonias futuras si las condiciones del ambiente y del alimento resultan favorables.


Hombre insistió en la importancia de sostener los monitoreos a largo plazo para reunir información completa y no sacar conclusiones parciales y sesgadas. Resaltó que muchas colonias solo cuentan con dos registros históricos, lo que limita la solidez de los datos. “Queremos dejar en claro que no es que la especie esté en peligro, ni que esté bajando. Tenemos una población estable”, enfatizó.

Científicas de San Antonio Oeste releva 65 colonias de pingüinos de Magallanes. (Gentileza).

Jésica Hombre, la científica detrás del relevamiento de pingüinos de Magallanes


Nacida en Coronel Pringles, lejos del mar, Jésica Hombre decidió muy temprano que quería dedicarse al ambiente marino. Estudió Biología en la Universidad Nacional del Sur (UNS), en Bahía Blanca, y se orientó en Ecología. Como no existía la carrera de biología marina, buscó ese camino por su cuenta: durante un viaje de estudio se contactó con Enrique “Quique” Crespo y logró hacer su tesina de grado sobre delfín franciscana, su primera experiencia formal con mamíferos marinos.


Antes de entrar a Conicet probó otros rumbos. Se presentó a becas ligadas a ambientes de bosque que no prosperaron. Con el tiempo entendió que fue una señal: “Por suerte que no me salieron”. Poco después apareció una convocatoria de becas cofinanciadas entre Conicet y la Administración de Parques Nacionales, con “temas marinos prioritarios”. Se postuló con sus directores y quedó seleccionada.


Hoy es becaria doctoral cofinanciada, vive en Las Grutas y trabaja en San Antonio Oeste. Desde 2022 lleva adelante dos líneas de investigación en el Parque Nacional Islote Lobos con lobos marinos y pingüinos de Magallanes. Allí encontró una colonia joven que pasó de 22 parejas en 2002 a unas 12.000 en la actualidad. Desde ese caso local impulsó el relevamiento nacional que mostró que la especie se mantiene estable en Argentina.


Detrás de esos resultados hay una logística menos visible. Hombre explicó que no cuentan con financiamiento específico para las campañas de campo. “Nosotros el financiamiento siempre lo tenemos por fuera”, afirmó. Las salidas se sostienen con proyectos externos de sus directores y, a veces, con recursos mínimos: una sola camioneta en el instituto para muchos equipos, traslados en vehículos propios, equipamiento que se compra de a poco.


Esa fragilidad económica contrasta con la escala del trabajo: censos en islotes a los que solo se accede con marea baja, colocación de chips intradérmicos para seguir individuos, armado de bases de datos históricas para 65 colonias a lo largo de toda la costa. Hombre insistió en que la clave para entender la dinámica de la especie son los estudios sostenidos en el tiempo.

La bióloga Jésica Hombre lideró la investigación. (Foto: Gentileza).

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