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La hermosa historia de estos vecinos de Neuquén: se conocieron en el barrio y armaron un club que ya cumple 25 años

Tenían entre 16 y 18 años cuando en el potrero del barrio Islas Malvinas decidieron formar un equipo de fútbol. Se anotaron en competencias locales y hasta jugaron en torneos internacionales. El legado pasa de generación a generación.

Eran niños que en la década del 90 pasaban las tardes en las calles de tierra de su barrio Islas Malvinas de Neuquén. La matanza, la escondida, las bolitas y sobre todo el partido de fútbol eran sus maneras de transcurrir sus infancias, luego de la escuela. Los arcos eran armados con ladrillos que conseguían por ahí. No importaba el polvo en suspensión ni mucho menos el barro. Estos pibes, todos amigos y vecinos de 200 metros de la calle Pringles, jamás imaginaron que la cosa iba por ahí.

Hasta que un día crecieron. Se convirtieron en adolescentes y jóvenes de 16, 17, 18 años. Fue un día en el que con las zapatillas gastadas y las remeras sudadas, en ronda entre amigos del barrio, pensaron: “¿Y si armamos un equipo para jugar en las grandes ligas?” Parecía un sueño imposible pero se organizaron y lo lograron. Fue un día de 1999, en esa calle Pringles. No había nada más que las ganas.

“Ninguno de nosotros había ido a una escuelita de fútbol, así que no teníamos ni siquiera las posiciones dentro de la cancha. Pero, fuimos viendo y armando el equipo”, recordó Claudio Ibáñez, uno de los fundadores del equipo de fútbol junto a sus dos hermanos, Matías y Damián. Este año cumplieron 25 años del primer partido oficial que jugaron con su propia camiseta. El equipo que ya es todo un club, cuenta con formaciones de veteranos, jóvenes y mujeres y están armando uno para los más pequeños del barrio.

El primer debate que se dio fue el del nombre del equipo. Tarea que no sería sencilla pues los marcaría para siempre. “Pensamos en tomar el nombre de alguno de los grandes de argentina. También pensamos en sumar el Real Madrid, Milán, Inter, el Juventus, el Barcelona. Pero no había consenso. Entonces lo resolvimos con la propuesta de uno de nosotros que dijo que no había otra opción que se llamara La Pringles”, comentó.

La cosa comenzaba a ponerse seria. Los “0nce de Islas Malvinas” salieron a buscar torneos en otros barrios para poder competir. Consiguieron meterse entre las redes de los arcos de otras canchas para jugar amistosos. Pero los resultados al principio no fueron los esperados.

“Al principio nos iba re mal porque no podíamos formar bien el equipo, no teníamos arquero, los defensores no sabíamos bien en que posición teníamos que jugar. Nos llevo dos meses poder adaptar el equipo. La mayoría de los partidos los perdíamos, nos iba más mal que bien. Pero después se fueron sumando más chicos del barrio y logramos acomodarnos y fue allí que empezamos a ganar premios y amistosos”, relató Claudio.

Recordó además, que en esos tiempos, los premios de los torneos barriales eran una vaquillona, un chivo o un cordero, que luego se disfrutaba con los vecinos del barrio.

Norma Valenzuela, mamá de los hermanos Ibáñez se puso la 10 y salió a comprar las camisetas para todo el equipo. Un vecino comerciante les regaló las medias para todo el grupo y allí empezó la historia oficial, ese 10 de abril de 1999, cuando llegaron al primer partido de un torneo oficial.

Con los años, la historia se fue haciendo más grande. Participaron de torneos en el interior de la provincia de Neuquén, viajaron a otros lugares y se trajeron la copa de uno de encuentros deportivos locales de Chile.

Pero además, ampliaron su llegada. Formaron un equipo para adolescentes y otro para el fútbol femenino. “Queremos agradecer a todo el barrio que nos dio la oportunidad de lograr todo esto y de ir por más”, finalizó Claudio con orgullo.


Un "toc toc" en la puerta y una pelota enfrente, le cambiaron la vida a David


David Sandoval, legendario 5 de “La Pringles”, hoy tiene 45 años. Pero su historia comenzó a sus 15 años, cuando un muchachito del barrio golpeó la puerta de su casa para invitarlo a formar parte de un equipo de fútbol que se estaba armando en el barrio. Ese joven era Matías Ibáñez, uno de los fundadores del grupo que hizo historia.

“Yo tenía 15 años y tenía muchos problemas de consumo de drogas, por la falta de contención de mi padre y de mi madre, que en ese momento se estaban separando”, recordó David.

Se sumó la equipo y nunca más se fue. Hizo amigos entrañables, realizaba deportes y logró zafar de las garras de los consumos problemáticos. Hoy continua formando parte de grupo de veteranos que esperan que se sigan sumando chicos para que la historia de “La Pringles” no muera nunca.

Esto hace el fútbol, esto hace el barrio. Contiene, genera lazos fuertes y da esperanza de buen futuro. “A todos los legendarios de La Pringles, a los se sumaron después y los que van a venir: Gracias!”, concluyó David.


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