La historia de Jonathan y el erizo que nadie había visto: un hallazgo en las profundidades del Mar Argentino

Tras años de explorar el fondo del mar, un científico argentino encontró una especie inédita: cómo es este nuevo animal y por qué impacta su descubrimiento en una zona clave y aún desconocida del océano.

Por Natalia López

A más de mil metros bajo el Mar Argentino, se abre un territorio oscuro y en gran parte desconocido pero, la ciencia argentina acaba de sumar un importante descubrimiento: un nuevo género y especie de erizo de mar que no había sido registrado hasta ahora en ningún lugar del planeta. El hallazgo, en el cañón submarino Mar del Plata, vuelve a poner el foco sobre uno de los ecosistemas que más preguntas genera

El protagonista de esta historia es Bathycidaris argentina, un pequeño erizo de color violeta oscuro que mide apenas unos centímetros. Los más grandes apenas superan los 2 cm de ancho, sin contar las espinas. Entre sus rasgos distintivos se destacan la forma y tamaño de esas espinas primarias y de unas estructuras de defensa y limpieza llamadas pedicelarios globíferos. Habita entre los1100 y 1950 metros de profundidad.

El nuevo erizo fue identificado por un equipo de investigadores del Conicet, encabezado por Jonathan Flores, tras años de análisis morfológicos y estudios genéticos. Él es becario postdoctoral del Instituto de Biología de Organismos Marinos (Ibiomar-Conicet), y trabajó junto a Martín Brogger, también del instituto, y con Mariano Martinez, del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (Macnbr-Conicet).

Bathycidaris argentina, el nuevo erizo de mar descubierto en aguas profundas, habita entre los 1100 y 1950 metros y presenta adaptaciones únicas para sobrevivir en un ambiente extremo. Foto gentileza.

“El mar profundo representa más del 95% del volumen de los océanos y sigue siendo el hábitat menos explorado”, explican los científicos en el trabajo publicado en The Zoological Journal of the Linnean Society, una de las revistas más prestigiosas en zoología.

El nuevo erizo vive en el cañón submarino Mar del Plata, una gigantesca estructura ubicada a unos 250 kilómetros de la costa bonaerense que desciende hasta casi los 4000 metros y que funciona como un corredor biológico donde las corrientes marinas y las especies de distintos orígenes, favorecen la aparición de nuevas formas de vida.

Una historia que empezó hace más de una década


Para Jonathan, el descubrimiento no es un hecho aislado, sino el resultado de más de una década de trabajo. “Mi camino en la ciencia comenzó como estudiante de Ciencias Biológicas en la UBA. Hacia el final de la carrera empecé a formarme en investigación en el Museo Argentino de Ciencias Naturales, donde tuve la oportunidad de participar en campañas al cañón submarino Mar del Plata en 2012 y 2013”, cuenta. Continuó su formación con una beca doctoral hasta obtener el doctorado en la UBA y hoy es becario postdoctoral en el Ibiomar con sede en Puerto Madryn.

Aquellas primeras expediciones, a bordo del buque oceanográfico Puerto Deseado, marcaron el inicio de una línea de investigación que continúa hasta hoy. “En total, llevo más de diez años trabajando con erizos de mar de aguas profundas de Argentina”, señala. «Las muestras se recolectaban con diferentes artes de pesca, lanzadas a más de mil metros de profundidad. No sabíamos lo que podía aparecer hasta que, luego de varias horas, el arte de pesca regresara a cubierta. A veces llegaba lleno, otras, vacío», recuerda.

El buque oceanográfico Puerto Deseado, del Conicet, fue clave en las campañas que permitieron recolectar las muestras en el cañón submarino Mar del Plata. Foto gentileza.

“La sensación de estar frente a algo que podría ser una especie nueva es difícil de describir, pero es realmente maravillosa. Es pensar que estamos observando un organismo que nadie había reconocido antes”, describe, «después viene el trabajo más exigente: analizar en detalle su morfología y su información genética, compararlo con todas las especies conocidas. Cuando confirmamos que no coincide con ninguna, sabemos que estamos frente a algo nuevo”.

“Una de las partes más fascinantes es poder ponerles un nombre para siempre”, explica Flores. El nuevo erizo fue bautizado Bathycidaris argentina: el género alude a su vida en aguas profundas y la especie homenajea al país donde fue descubierto.

Cómo vive un erizo en condiciones extremas


El ambiente donde vive Bathycidaris argentina es uno de los más hostiles del planeta: oscuridad total, temperaturas bajas y altísima presión. Aun así, este erizo desarrolló estrategias que sorprenden incluso a los especialistas.

Una de ellas es el cuidado parental: las hembras retienen a sus embriones cerca de la boca y los protegen con sus espinas hasta que pueden sobrevivir por sí mismos. Esta estrategia reproductiva implica un alto costo energético, pero mejora la supervivencia de las crías hasta que se convierten en juveniles. Además, sus espinas funcionan como soporte para otros organismos, cumpliendo un rol ecológico clave en un ambiente sin sustrato firme.

Estudiar ese comportamiento no es sencillo. “Muchas veces tenemos que reconstruirlo de manera indirecta”, explica Flores. “Analizamos la forma del cuerpo, sus espinas, su estructura, y los comparamos con especies afines. En los últimos años, con robots submarinos y cámaras especiales, empezamos a tener observaciones directas, y eso cambia mucho el panorama”.

Un ecosistema con más preguntas que respuestas


El hallazgo también vuelve a poner en discusión cuánto falta por conocer. Y la respuesta, según los científicos, es contundente: mucho.

“Todavía sabemos muy poco sobre la biodiversidad del mar profundo en esta región. Cada campaña aporta registros nuevos y muchas veces especies que no habían sido descriptas”, afirma Flores. “Es muy probable que una gran parte de la diversidad aún permanezca desconocida”.

En ese sentido, el cañón submarino Mar del Plata aparece como una zona clave: en poco más de una década ya se identificaron decenas de nuevas especies de corales, crustáceos, moluscos y estrellas de mar.

Por qué importa mirar al fondo del mar


Más allá del hallazgo puntual, la investigación abre una discusión más amplia sobre el rol de la ciencia y la necesidad de sostenerla en el tiempo.

“Seguir investigando estos ambientes es clave para entender cómo funcionan estos ecosistemas y cómo responden a cambios ambientales”, plantea Flores. Pero también hay una dimensión más urgente: “No se puede conservar lo que no se conoce”.

El mar profundo, advierte, no está aislado. Está conectado con procesos globales como el cambio climático y el ciclo del carbono, y enfrenta amenazas crecientes, como la exploración de petróleo y minerales en el fondo marino.

“Generar conocimiento sobre estos sistemas es esencial para tomar decisiones informadas y cuidar un ambiente que, aunque no lo veamos, es una parte fundamental del planeta”, concluye.

Por eso cada especie nueva no es solo un hallazgo científico: es una señal de todo lo que aún no sabemos y de lo que está en juego si no lo preservamos.

Algunos organismos recolectados durante la campaña. En este caso fueron encontrados a 1289 metros de profundidad. Se pueden ver algunos corales blandos y duros, ofiuroideos y dos ejemplares de la nueva especie de erizo Bathycidaris argentina. Foto gentileza.

A más de mil metros bajo el Mar Argentino, se abre un territorio oscuro y en gran parte desconocido pero, la ciencia argentina acaba de sumar un importante descubrimiento: un nuevo género y especie de erizo de mar que no había sido registrado hasta ahora en ningún lugar del planeta. El hallazgo, en el cañón submarino Mar del Plata, vuelve a poner el foco sobre uno de los ecosistemas que más preguntas genera

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