Más allá de los síntomas clásicos, cómo se detecta hoy la celiaquía: «Los profesionales tienen un ojo más crítico»
En el Día Mundial de la Celiaquía, se estima que hay entre 300 mil y 400 mil personas con esta enfermedad en Argentina. Las demoras en llegar al diagnóstico y cómo es convivir sin gluten.
A los 45 años, Paula recibió un diagnóstico que no esperaba. Sentía dolor agudo y el vientre muy inflamado. Como solía padecer quistes de ovarios, pensó que quizás uno había estallado. O en un posible cuadro de apendicitis. Pero el resultado fue otro.
«Mi clínico me dijo que podía ser celiaquía, me mandó a hacer estudios pero como demoraban unos 15 días, dejé de comer gluten. A la semana ya estaba menos inflamada«, contó esta barilochense. El estudio le dio positivo. Para conocer el grado de celiaquía requería una biopsia, pero desistió de hacérsela y emprender directamente el cambio de alimentación.
«Desde ese momento -agregó-, no experimenté más dolores, se me normalizó la digestión. Empezás a hacer un back up para atrás y te das cuenta que tu organismo te va dando señales, antes de llegar al cuadro agudo«.
La celiaquía es una enfermedad de origen autoinmune que se caracteriza por daño intestinal. Es una respuesta al gluten en personas genéticamente predispuestas que impide la absorción total de los micronutrientes como calcio, hierro, ácido fólico, vitamina B12. Los especialistas aclaran que no es una intolerancia, ni una alergia. El único tratamiento efectivo es una dieta estricta libre de gluten de por vida.
Entre 300 mil y 400 mil personas padecen celiaquía en Argentina, según el último censo. «Se van diagnosticando cada vez más celíacos, pero a la vez, muchos otros aun no tienen el diagnóstico. Por el momento, la estadística marca que 1% de la población mundial padece la enfermedad, pero con los años nos vamos acercando al 2%. Hoy hay un ojo más crítico de los profesionales«, especificó la licenciada en Nutrición, María Alejandra Gil, especialista en patologías digestivas y experta en enfermedad celíaca.
Comentó que años atrás, el paciente «ingresaba con diarrea, inflamación, gases, desnutrición y automáticamente, se pensaba en la enfermedad celíaca». Hoy consultan personas con obesidad, constipación, reflujo y otro tipo de síntomas extradigestivos, como anemia, osteoporosis, infertilidad o gran cantidad de abortos espontáneos. «Hoy se sospecha de la enfermedad celíaca. No es que cambió la enfermedad sino que se estudia más. Y es fácil de detectar con un screening de dos anticuerpos en sangre. Si uno da positivo es un criterio para pedir videoendoscopía y, así, afirmar o descartar la enfermedad celíaca», dijo Gil.
Insistió en que no hay más casos ahora sino que se conoce más. «Hay mucha gente adulta que tuvo síntomas toda su vida, pero recién ahora recibe el diagnóstico. El problema es que puede generar complicaciones más graves, lesiones malignas cancerígenas. Son los estadíos más avanzados de la enfermedad», manifestó.
Gil destacó la ley que logró la Asociación de Celiaquía Argentina por la cual se otorga un subsidio que ronda los 58 mil pesos al mes a los pacientes para la compra de alimentos sin gluten. Por otro lado, recordó una aplicación que creó esta organización para corroborar si una marca es apta para celíacos y está vigente. «Esto se puede hacer chequeando los listados de la Anmat o a través de la app de la asociación que, cada tres meses, actualiza esa información», comentó la especialista.
Paula no volvió a consumir productos con gluten. «Fue tan duro el dolor que sentí que no quise experimentarlo nunca más. Tengo fuerza de voluntad. El problema es que resulta caro: un kilo de harina de premezcla sale 12 mil pesos. Cuando me diagnosticaron había muy pocos productos especialmente en las dietéticas. Hoy la situación cambió, con más oferta», consideró.

También hay mucha desinformación. La gente no entiende lo que implica hasta que le toca de cerca. Piensan que ‘un poquito no hace nada’ o que podés darte permitidos, pero no es así. No es solo un problema gastrointestinal: también afecta la piel y el cuerpo en general. El gluten genera daño»,
Victoria Gómez, docente de General Roca. Tiene celiaquía, al igual que su hija.
Convivir con celiaquía: «Estás atenta todo el tiempo»
«Lo más difícil de ser celíaca es controlar la contaminación cruzada. En cualquier juntada o salida a comer, todo puede terminar contaminado, y no se puede vivir con las alarmas encendidas todo el tiempo. Compartir con otros se vuelve complicado«, confía Victoria Gómez, una docente de General Roca, diagnosticada con celiaquía, al igual que su hija.
Reconoció que, en un principio, «te sentís muy excluida, sobre todo cuando hay desconocimiento y no se entiende cómo manejar la situación. Con el tiempo, los demás se informan y una ya no está tan a la defensiva. Se lleva la propia vianda, o los otros buscan alternativas«.
Victoria explicó que, muchas veces, no hay tiempo para organizarse: «No podés pedir comida a domicilio y eso limita bastante. Al comienzo te sentís aislada; después, de a poco, le vas agarrando la mano».
Los cuidados, aclaró, son constantes: hay que prestar especial atención a los utensilios con los que se cocina. Recomendó que estos sean de acero y evitar cualquier superficie contaminada. «Hay que estar alerta a no usar el mismo cuchillo del pan. En un asado, si alguien apoya pan sobre tu plato, ya no podés usarlo. Lo mismo con las salsas: si mojan el pan en el tuco, no podés comer. Hay cosas simples: unas papas fritas en un cumpleaños pueden contaminarse si alguien las toca con las manos después de comer algo con gluten. Son detalles mínimos, pero estás atenta todo el tiempo», manifestó.
Al igual que Paula, coincidió en que ser celíaca es un impacto fuerte para el bolsillo. Los comercios que ofrecen productos sin TACC (Trigo, Avena, Cebada y Centeno) tienen precios muy altos. Eso implica cocinar y por ende, tiempo.
«Las premezclas son caras y hay mucho de prueba y error: muchas veces, las preparaciones no salen bien, quedan incomibles, y tenés que seguir intentando con distintas marcas hasta encontrar una que funcione. Todo eso impacta muchísimo en el bolsillo«, reconoció Victoria.
Planteó que en Río Negro, los productos sin TACC cuestan el doble y hasta el triple. «No pasa lo mismo en otros lugares: en San Juan, por ejemplo, encontré una pizza sin gluten al mismo precio que una común, bien hecha, en el momento y no en porciones reducidas. Acá, en cambio, terminás consumiendo muchos productos ultraprocesados y empaquetados porque no hay tantas alternativas», mencionó.
Esta docente recalcó que otra problemática importante es la falta de opciones en los comedores escolares. No se garantiza comida sin gluten para los chicos ya que no se ofrecen menús adaptados.
«Los chicos tienen que andar preguntando qué pueden comer y muchas veces, se arriesgan a la contaminación cruzada. Y si no, directamente se quedan sin comer. En algunos casos, además, no pueden llevar vianda porque no tienen dónde calentarla, tampoco hay opciones en los kioscos de la escuela. Es una situación compleja que todavía no está resuelta», lamentó.
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