“Un Mundo Para Todos”: el taller inclusivo de Zapala que apuesta al trabajo real para jóvenes con discapacidad

Un Mundo para Todos es el taller impulsado por la profesora en Educación Especial Silvana Zurita en el que jóvenes aprenden oficios para desarrollar su autonomía e insertarse laboralmente. Hoy necesita encontrar otro espacio donde seguir creciendo.

Un Mundo Para Todos. Foto: gentileza.

En casas, en una pizzería prestada o en una peluquería para mascotas, nueve jóvenes de Zapala aprenden oficios y encuentran más que una actividad recreativa: encuentran una posibilidad de inserción en el mundo laboral. Se trata del taller de inclusión que funciona desde febrero y que hoy busca un nuevo lugar para seguir creciendo.

La iniciativa comenzó hace un año y medio de la mano de Silvana Zurita, profesora en Educación Especial. “A los chicos los conozco desde que entraron en la escuela, yo nunca me deje de vincular con la familia”, cuenta. Así Mirta Aguilar, Darío Fuentes, Juan Demaria Alday, Karen Diaz Montecino, Maira Torres, lbornoz Leila Cabas, Andrés Yamil Sevilla, Wanda Castro y Ayrton Maggieri se transformaron en los protagonistas de este proyecto.

Con el objetivo de insertar a los jóvenes en el mundo laboral, comenzaron a vender sobres de papel madera en Trabum Ruka, la feria agroartesanal de la ciudad. Luego incorporaron a la venta tazas, anotadores, porta lámparas y más. Sin embargo, no alcanzaban para sostener el proyecto, comenta Zurita. Es por eso que buscaron otra salida y el taller comenzó a funcionar en dos grandes ejes.

Por un lado brindan capacitaciones sobre accesibilidad comunicacional destinadas a organismos públicos e instituciones. Por otro, desarrollan distintos oficios y productos que luego comercializan.

Así nació “Un Mundo Para Todos”. Salieron a vender pizzetas y un día llegaron a la pizzería 100 Fuegos. Su dueña escuchó la propuesta y decidió prestarles el lugar dos veces por semana durante algunas horas del mediodía para que trabajen allí. Lo que parecía una ayuda temporal terminó convirtiéndose en una experiencia laboral concreta para ellos.

“Los chicos hacen todo. Hacen las prepizzas, rayan la muzzarella, preparan el jamón, hacen la masa de las tortas fritas, atienden al público…”, señala Zurita. La diferencia está en que ya no trabajan en su propia casa. Trabajan en un comercio, con clientes reales y en tiempo real. Los jóvenes aprendieron a manejar pedidos, organizar su día laboral, preparar productos y trabajar en equipo.

“El taller visibiliza otra forma de ver a las personas con discapacidad, haciéndolo a través del trabajo”, dice Zurita.

El proyecto apuesta por enseñar oficios concretos. Por esto, además de gastronomía, el grupo comenzó a formarse en elaboración de jabones, velas y artesanías. “Nosotros enseñamos oficios”, resume la docente. Actualmente también hay dos jóvenes realizando pasantías en una peluquería canina, donde lavan mascotas y atienden al público. Además, los jueves hacen pastas caseras en la casa de la mamá de uno de uno de ellos.

Para Zurita, el problema es que la sociedad todavía limita las posibilidades laborales de las personas con discapacidad a tareas muy reducidas. “No es solamente limpiar una biblioteca o acomodar libros. Los chicos pueden hacer un montón de cosas”, afirma. Esa idea es la clave de todo el proyecto: demostrar capacidades, romper prejuicios y generar autonomía.

Zurita habla de los jóvenes con admiración. Cuenta que cada uno aprende a su ritmo, pero que el grupo encontró una dinámica basada en la ayuda. “Todos aprenden lo mismo, pero cada uno con sus tiempos. Y lo que tienen es que se ayudan entre ellos mismos”, explica.

Un lugar para seguir creciendo

Aunque los jóvenes ya sabían que la experiencia en la pizzería tenía fecha de finalización, esperan encontrar otro lugar donde seguir con su trabajo.

“Estoy muy agradecida por estos meses que nos prestaron las instalaciones para que los chicos puedan demostrar que saben hacer un montón de cosas”, dice Zurita. Ahora el desafío es conseguir un lugar habilitado con horno pizzero o una panadería que pueda prestar algunas horas semanales para seguir con la producción.

Mientras tanto, el grupo continúa trabajando y pensando alternativas para no perder el habito y la esperanza de encontrar un lugar en el mundo laboral.


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