Sola y con miedo

Redacción

Por Redacción

La voluntad de la formoseña Adriana Bortolozzi de romper filas con sus compañeros kirchneristas para que el Senado pudiera sesionar como es debido fue un aporte significante a la salud institucional del país. Si bien es de suponer que el bloque oficialista continuará esforzándose por sabotear el funcionamiento de ambas cámaras del Congreso con el propósito de minimizar su influencia y desacreditar a todos los legisladores, sobre todo a aquellos que aspiran a suceder a Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada, además del vicepresidente Julio Cobos, de ahora en más le será más difícil hacerlo negándose a ayudar a que se forme el quórum necesario. Con todo, por sorprendente que fuera el gesto de la senadora Bortolozzi, impactó mucho más que haya declarado sentirse “sola y con miedo” y que Cobos haya reaccionado ofreciéndole una custodia personal. Si bien es notorio que los Kirchner y sus allegados se han acostumbrado a amenazar con castigar a “los traidores” –es decir, a quienes se atrevan a enfrentarlos– con sanciones que podrían considerarse legítimas en el rencoroso mundillo político, las palabras usadas por Bortolozzi parecen reflejar el temor a que recurran a métodos más contundentes. Por ser el Congreso una institución en que siempre han abundado los bloques unipersonales, la eventual soledad de un legislador determinado no debería motivar mucha preocupación. En cambio, el que uno haya dicho sentir miedo sí es inquietante. Hubiera sido bueno que la senadora nos dijera lo que tenía en mente cuando, para indignación de los resueltos a mantener paralizado el Senado, al sentarse en su escaño se afirmó asustada por las eventuales consecuencias que tendría para ella su decisión de habilitar el quórum, ya que las aclaraciones posteriores no servirán para atenuar el impacto inicial de su confesión. Costaría creer que integrantes formales del gobierno se prestaran a ataques físicos contra la senadora, pero no puede descartarse la posibilidad de que grupos afines se pongan a organizar “escraches” con miras a obligarla a respetar el código propio de la facción en que todavía milita. Como fue de prever, en la capital de Formosa ya han proliferado pintadas que la tratan de “traidora”, señal ésta de que los luchadores callejeros de la provincia están movilizándose. A la luz de la historia del peronismo, a cuyos militantes les encanta recordarnos que su movimiento no se parece para nada a “un colegio de señoritas”, es natural que hayan motivado cierta alarma las palabras de una senadora que, luego de desobedecer las órdenes de un jefe de mentalidad decididamente autoritaria, dice sentirse con miedo. En el contexto así supuesto, ni los Kirchner ni sus siempre vehementes operadores tendrán que hacer nada para que sus seguidores sindicales, piqueteros u otros acostumbrados a las batallas callejeras decidan encargarse ellos de castigar a “la traidora”. Como hemos tenido ocasión de aprender, cuando los comprometidos con un gobierno peronista se creen en guerra contra “golpistas”, “oligarcas” o “gorilas” destituyentes, suelen suponer que por estar tanto en juego la violencia puede justificarse. De todos modos, aunque en buena lógica el oficialismo no tiene por qué lamentar lo que sucedió el miércoles pasado en el Senado, ya que merced a la abstención del ex presidente y actual senador Carlos Menem fue ratificada la permanencia de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central, no cabe duda de que la decisión de la senadora Bortolozzi de dar quórum le asestó un golpe doloroso. La formoseña no habrá sido la única integrante del bloque oficialista que, por una cuestión de principios o por entender que le convendría a su provincia que se reanudaran las sesiones del Senado, se haya sentido disconforme con la estrategia oficial de mantener virtualmente clausurado el Congreso para que el Poder Ejecutivo siga gobernando sin tener que preocuparse por los controles previstos por la Constitución. Si otros senadores y diputados oficialistas superan el eventual miedo que puedan sentir y optan por asumir sus responsabilidades, los Kirchner no tendrán más alternativa que intentar adaptarse a la democracia republicana que, según parece, quisieran reemplazar por un sistema autocrático en que cuenten con el monopolio del poder.


La voluntad de la formoseña Adriana Bortolozzi de romper filas con sus compañeros kirchneristas para que el Senado pudiera sesionar como es debido fue un aporte significante a la salud institucional del país. Si bien es de suponer que el bloque oficialista continuará esforzándose por sabotear el funcionamiento de ambas cámaras del Congreso con el propósito de minimizar su influencia y desacreditar a todos los legisladores, sobre todo a aquellos que aspiran a suceder a Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada, además del vicepresidente Julio Cobos, de ahora en más le será más difícil hacerlo negándose a ayudar a que se forme el quórum necesario. Con todo, por sorprendente que fuera el gesto de la senadora Bortolozzi, impactó mucho más que haya declarado sentirse “sola y con miedo” y que Cobos haya reaccionado ofreciéndole una custodia personal. Si bien es notorio que los Kirchner y sus allegados se han acostumbrado a amenazar con castigar a “los traidores” –es decir, a quienes se atrevan a enfrentarlos– con sanciones que podrían considerarse legítimas en el rencoroso mundillo político, las palabras usadas por Bortolozzi parecen reflejar el temor a que recurran a métodos más contundentes. Por ser el Congreso una institución en que siempre han abundado los bloques unipersonales, la eventual soledad de un legislador determinado no debería motivar mucha preocupación. En cambio, el que uno haya dicho sentir miedo sí es inquietante. Hubiera sido bueno que la senadora nos dijera lo que tenía en mente cuando, para indignación de los resueltos a mantener paralizado el Senado, al sentarse en su escaño se afirmó asustada por las eventuales consecuencias que tendría para ella su decisión de habilitar el quórum, ya que las aclaraciones posteriores no servirán para atenuar el impacto inicial de su confesión. Costaría creer que integrantes formales del gobierno se prestaran a ataques físicos contra la senadora, pero no puede descartarse la posibilidad de que grupos afines se pongan a organizar “escraches” con miras a obligarla a respetar el código propio de la facción en que todavía milita. Como fue de prever, en la capital de Formosa ya han proliferado pintadas que la tratan de “traidora”, señal ésta de que los luchadores callejeros de la provincia están movilizándose. A la luz de la historia del peronismo, a cuyos militantes les encanta recordarnos que su movimiento no se parece para nada a “un colegio de señoritas”, es natural que hayan motivado cierta alarma las palabras de una senadora que, luego de desobedecer las órdenes de un jefe de mentalidad decididamente autoritaria, dice sentirse con miedo. En el contexto así supuesto, ni los Kirchner ni sus siempre vehementes operadores tendrán que hacer nada para que sus seguidores sindicales, piqueteros u otros acostumbrados a las batallas callejeras decidan encargarse ellos de castigar a “la traidora”. Como hemos tenido ocasión de aprender, cuando los comprometidos con un gobierno peronista se creen en guerra contra “golpistas”, “oligarcas” o “gorilas” destituyentes, suelen suponer que por estar tanto en juego la violencia puede justificarse. De todos modos, aunque en buena lógica el oficialismo no tiene por qué lamentar lo que sucedió el miércoles pasado en el Senado, ya que merced a la abstención del ex presidente y actual senador Carlos Menem fue ratificada la permanencia de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central, no cabe duda de que la decisión de la senadora Bortolozzi de dar quórum le asestó un golpe doloroso. La formoseña no habrá sido la única integrante del bloque oficialista que, por una cuestión de principios o por entender que le convendría a su provincia que se reanudaran las sesiones del Senado, se haya sentido disconforme con la estrategia oficial de mantener virtualmente clausurado el Congreso para que el Poder Ejecutivo siga gobernando sin tener que preocuparse por los controles previstos por la Constitución. Si otros senadores y diputados oficialistas superan el eventual miedo que puedan sentir y optan por asumir sus responsabilidades, los Kirchner no tendrán más alternativa que intentar adaptarse a la democracia republicana que, según parece, quisieran reemplazar por un sistema autocrático en que cuenten con el monopolio del poder.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora