“Soy de las que salen a la cancha a embarrarse”

Aymará Rovera, con un personaje que traspasa límites

Por Redacción

Aymará Rovera nació en Cutral Co, estudió teatro con Carlos María Ríos en la Escuela Superior de Bellas Artes de Neuquén, formación que continuó en Buenos Aires con Julio Chávez, Luis Agustoni, Irina Alonso, Carlos Evaristo, Mario de Lucca, Claudia Marocchi y María Figueras. Hoy trabaja en el desarrollo del proyecto cinematográfico sobre la vida de la cantante mapuche Aimé Painé, con la guionista María Paula Rithner. Para televisión actuó en “Viento sur”, unitario ganador del concurso del Ministerio de Planificación nacional que Canal 7 – La TV Pública emitió en octubre. En cine, rodó “Industria Argentina” estrenada en mayo último, sobre fábricas recuperadas; la multipremiada “Nordeste” dirigida por Juan Solanas, proyectada en el Festival de Cannes, su primer protagónico que le significó el premio Mejor Actriz, compartido con la francesa Carole Bouquet en el “Festival Internacional de Estocolmo”. En la recientemente estrenada “El décimo infierno” de Mempo Giardinelli y Juan Pablo Méndez Restrepo, encarna a Griselda. Una impactante película sobre el cruce de límites y la maldad que habita latente, reprimida, en cada persona. Una gran y apasionada labor de esta actriz neuquina, que en lo personal está muy lejos de ser la señora de vida acomodada que en la ficción toma por una tangente lo que la vida le propone, rumbo a la muerte y locura mezcladas. “Es una tarea que hice mucho junto a los directores. Protagonizar a esa mujer es como jugar a enloquecer un poco, porque si lo pienso, intelectualmente, es imposible componer semejante personaje. Griselda es mucho más compleja que Alfredo (Patricio Contreras), es una mujer muy estructurada y a partir de un hecho (violento) se abre a todo, se permite todo. Desde una muerte en adelante, le da lo mismo, ya no hay límite. Si tuviera que pensar cómo sería yo si hiciera lo que Griselda, me produce temor. Es temeroso imaginar cómo cambia todo a partir de matar a alguien. Ya no se puede volver atrás… Lo que sucede en la película es que mi personaje cruza esa frontera y no para, hasta el punto de asesinar al hombre que tanto ama o a ese amante que tuvo durante años. Esos amores tan al borde, esos amores tan fuertes, la posesión, el deseo extremo… Esta mujer ha salido de un colegio de monjas, pertenece a la alta sociedad de Resistencia y cuando pasa ese extremo ya no tiene retroceso. Si hablamos de resentimiento en la sociedad, las mujeres lo padecemos, se acepta más, no sorprende que un hombre mate a una mujer y sí al revés. En la novela de Mempo, Griselda es como Alfredo y éste se lo dice: ‘lo que más me preocupa es que somos iguales’, empieza a darse cuenta que ella puede ser un demonio como él”. –La novela cuestiona cómo se puede llegar a tales límites, como ocurrió en la última dictadura, y matar con absoluta impunidad sin sentir remordimiento alguno. –Lo hablamos, pero es difícil y nos permitimos más buscarlo por el lado de la locura. Es complicado ponerse a hablar de qué pasaría, qué no… Yo, al componer el personaje, pensé en la posibilidad de ser como Griselda… Sería incapaz de matar, no puedo componer a una mujer que asesina. Mempo diría lo mismo, no puedo escribir un libro semejante, pero la imaginación nos permite trabajar sobre cosas que son reales. Esto ha pasado, cientos de mujeres han matado a sus maridos. Siento que la muerte es hoy algo más común, matar gente se ha vuelto común… Lamentablemente… Vos mencionabas a la dictadura y cuando se piensa que mataron a treinta mil personas del propio país, me cuesta creer que los militares asesinaran actrices de mi edad (35) porque pensaban diferente, porque militaban activamente. Pero ocurrió… Si yo hubiera hecho el cine que hago, de denuncia, en esa época, hoy no estaría viva. –¿Hay diferencia entre ésta y otras de tus películas? –Ésta es la primera vez que juego un rol distinto, donde me permito hacer una película de género. Pero también, moralmente, es un personaje intenso, fuerte, agresivo, sin remordimientos. La novela de Mempo y este filme no cuentan algo que no exista en Chaco y en esas ciudades donde se cree que nada pasa. Ambas obras hablan de la fuerte presencia de la iglesia, de una sociedad que consiente el abuso en silencio, de todo lo que está presente allí pero no se ve a simple vista. Parece un pueblo tranquilo donde aparentemente no ocurre nada, pero suceden cosas horrorosas. –En los dos largometrajes por los que te conozco, compusiste mujeres que no pasan por la vida sin dejar marca. –Te diría que soy una mujer de mucha personalidad, de más personalidad que carácter. Soy de esas que salen a la cancha a embarrarse y me encanta ser así, como actriz.

“Siento que la muerte es hoy algo más común, matar gente se ha vuelto común”, piensa la actriz neuquina.


Exit mobile version