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Bahía Blanca

¿Sería poco serio llegar a pensar que la verdadera razón de la extraña fórmula de la UC/PJ radicaría en un plan de, ante su eventual victoria en las elecciones, asegurar la gobernabilidad y cerrar la grieta decretando una amnistía general que incluiría a todos los implicados en el saqueo del Tesoro Nacional, desde los Kirchner, los funcionarios públicos y bancos hasta los empresarios? Naturalmente también sería beneficiado Milani, el general nacional y popular.

Y para dar visos de imparcialidad también incluirían a Menen y al primo de Macri. La euforia del retorno al poder haría que esta autoamnistía, copia fiel de la que la dictadura militar dictó para ocultar sus crímenes, pasase desapercibida.

Esta sospecha se funda en que el presidente no puede amnistiarse a sí mismo y por eso Cristina no debería ser la presidente. Alberto Fernández sí, y como tal podría amnistiar a Cristina y sus cómplices. Aviva esta sospecha el hecho de que a los ladrones del tesoro público encarcelados hayan comenzado a llamarlos “presos políticos”.

La historia de Alberto Fernández muestra que fue un hombre en alquiler, pasó por los más diversos gobiernos, algunos tan diferentes entre sí como el de Alfonsín y el de Néstor Kirchner. Sorprenden sus feroces críticas a Cristina en el 2015 y su relación actual. Lord Palmerston, uno de los creadores del Imperio británico, afirmaba: “Inglaterra no tiene amigos permanentes, ni enemigos permanentes. Inglaterra tiene intereses permanentes”. Entre los políticos generalmente el móvil es el mismo, el interés. Nada de principios.

¿Cuál habrá sido el motivo que acercó a ambos Fernández? Supongamos que, si con el tiempo esta imaginaria amnistía produjera en A. Fernández un desgaste político insuperable que lo obligara a renunciar, se forzaría a Cristina, ya amnistiada, a retornar a la presidencia. Maquiavelo aplaudiría, pero la República desaparecería.

Humberto Guglielmin

DNI 10.401.180


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