Talles especiales

Por Redacción

Lo que disparó esta charla con usted es la noticia del primer desfile de modelos realizado recientemente en La Salada; el enorme, controvertido, visitado, predio de venta de ropa y etcéteras en La Matanza, provincia de Buenos Aires. Participaron, entre otras, las modelos Belén Francese, Mónica Farro y Marixa Balli. Y la propaganda de las bondades de la ropa, y sus diferencias de precios y talles con los lugares considerados “vip”, estuvo a cargo de la cara visible de La Salada, Jorge Castillo. (Digresión a propósito de don Castillo: en una interesante nota de la periodista Silvia Naishtat, en el suplemento “i ECO”, del diario “Clarín”, se informa que Castillo posee en La Banda, Santiago del Estero, el establecimiento más grande de nuestro país del cultivo de la jatrofa, arbusto procedente de India, utilizado como excelente biocombustible. Lo interesante es que la jatrofa, a diferencia del maíz y la soja, no es apta para el consumo humano, es decir, no compite con nuestra alimentación. Siempre me ha parecido el colmo del absurdo utilizar vegetales con los que se elabora gran parte de nuestra dieta, para obtener combustible.) Volviendo al tema de la ropa, sobre todo a la epopeya que debemos vivir la mayoría de las mujeres consideradas “normales” para conseguir artículos de vestir lindos y de moda, debo reconocer, y felicitar, a dueños y dueñas de negocios que, cada vez con mayor asiduidad, nos ofrecen la posibilidad de adquirir lo que queremos sin peregrinar en búsqueda del discriminador cartelito de “talles especiales”. ¿Qué produce este bienvenido cambio? Sin duda, la lucha de los movimientos de mujeres por introducir una brecha en el mundo de la moda regido por minúsculos adminículos, sólo apto para jovencitas que hacen de su cuerpo un material de suplicio, sometiéndose a dietas y ayunos que las enferman, logrando hace unos años una ley nacional que obliga a los comercio a brindar todos -¡todos! – los talles. Y debo decir que aunque con menos voz, pero no menos drama, tal cuestión discriminatoria afecta también a los hombres, sólo que es un asunto menos conversado. Ellos también peregrinan buscando lo que les queda bien y les gusta. La legislación avanzó asimismo sobre los desfiles de modelos, esos considerados top, en todo el mundo, prohibiendo en la pasarela modelos inferiores a determinado peso, considerados por la medicina como producto de hábitos de alimentación enfermos, causantes de bulimia y anorexia. La otra cuestión que sin duda habrá hecho reflexionar a la industria del vestido, es que el mercado de personas cuyo físico responde a nuestra contextura latinoamericana, lejos por cierto de seres famélicos, es la de mayor poder adquisitivo. Más de una vez me he preguntado, ¿cómo no se dieron cuenta antes? ¿Es tan fuerte la tiranía de la moda, impuesta por determinadas marcas, inaccesible para la mayoría? Sí, parece que es tan fuerte. Mas no invencible, como lo prueba el lento, imparable avance de locales a los que ya no tenemos que entrar a la defensiva. Todos estos componentes del cambio social se apoyan, y no es un dato menor, en el crecimiento enorme de los sectores medios en nuestro país en los últimos años; el mayor de Latinoamérica. Y esto significa capacidad adquisitiva, capacidad de elección, y exigencias que ya hemos verificado en las recientes movilizaciones. Bienvenidos estos cambios. Y es ya un deseo para el año próximo, y los próximos, que abunden aún más las vidrieras atractivas para nosotras, las mayoritarias personas normales. No “especiales”.

MARÍA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com

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