Telón de fondo
la semana en san martín
Fernando Bravo rionegro@smandes.com.ar
En noviembre de 2013 se abordaba como tema de esta columna la fragilidad de las coaliciones políticas pegoteadas con pura argamasa electoral, que se rompían a la primera de cambio, a pesar de las expresiones de comunión programática entre las fuerzas partidarias que les habían dado origen. Por entonces se quebraba el “Frente” de la vecina ciudad de Junín de los Andes, con una disputa casi visceral entre el peronismo y el Une, que eran gobierno. A partir de ese ejemplo se advertía ya que a 40 kilómetros de distancia, el “Acuerdo Político” de San Martín de los Andes, también en el poder, exhibía inquietantes similitudes. En la semana que pasó, el movimiento político y cultural Surco dio un portazo a la coalición de gobierno con el Frente para la Victoria, el Une y el Frente Grande, imputándole al FpV incapacidad para convocar a discutir y consensuar ideas. El Une de San Martín sólo conserva una edil en el “Acuerdo”, y el Frente Grande es más bien una expresión de deseos antes que un aliado activo para el FpV. En cambio, Surco tenía (tiene) una concejal y fuerte presencia en los mandos medios del gobierno del intendente Juan Fernández. La ruptura aquí fue bastante más civilizada que la ocurrida casi cinco meses antes en Junín, cuando el Une plantó al FpV del intendente Linares con mutuas acusaciones que rozaron lo grotesco. Sin embargo, los argumentos de fondo fueron similares: no escuchan, gobiernan solos, evaden los proyectos transformadores, siguen en la “vieja política…”. Pero a los efectos de estas líneas no interesan tanto las razones de unos y otros como sí el proceso y su escenario… el telón de fondo. El Frente Juninense había nacido dos años antes con el principal (por no decir único) objetivo de derrotar los 50 años de MPN en aquella ciudad. Pero al furor del triunfo le siguió un proceso electoral de medio tiempo traumático (legislativas nacionales de octubre de 2013), con sus partidos componentes jugados por candidatos distintos. A su turno, el Acuerdo Político de San Martín tuvo su génesis en las mismas fechas y desplazó del poder local también al MPN. En el primer test electoral, su principal fuerza, el kirchnerismo local, se jugó naturalmente con los candidatos de Cristina en el mismo comicio de renovación parlamentaria. En toda la provincia ganó el MPN y aquí también, pero con el agravante de que el gobierno municipal había jugado su apuesta pública en virtual soledad, por la prescindencia de sus aliados locales. En Junín fue peor, pues la viceintendenta del Une era candidata al Congreso disputándole espacio al kirchnerismo. El comportamiento del FpV como principal fuerza ejecutiva dentro de las respectivas coaliciones fue casi un calco en ambas ciudades, a pesar de los matices respecto de la intensidad y la velocidad del proceso: abroquelamiento, encapsulamiento del poder sobre el poder. Más allá de los errores y aciertos en cada administración municipal, da la sensación de que ante las amenazas de cualquier tipo y el inevitable desgaste, el kirchnerismo elige cohesionarse sobre sí mismo. Prefiere hacer, antes que debatir lo que hace y cómo lo hace. Por tanto, se siente a gusto con el verticalismo militante, que suele ser excluyente en sus modos y contenidos. Ahora bien, las actitudes de Surco también merecen un párrafo. Al cabo, esta es su segunda ruptura, pues hace un año ya le había dado el adiós a Libres del Sur, fuerza provincial cuestionadora del kirchnerismo y del rol que ocupaba en el acuerdo local. Los firmantes del “Acuerdo” que encumbró al intendente Fernández se identificaban primero como “Libres del Sur” hasta que se escindieron y constituyeron en Surco, manteniéndose dentro del oficialismo en la ciudad. Sin pretender tonos de admonición, vale preguntarse si la vocación “transformadora” que Surco dice tener y está en la raíz de su decisión de alejarse ahora del Acuerdo Político, podrá expresarse mejor en soledad. Tal vez sea bueno repensar si ciertas peleas no es mejor darlas desde adentro que desde afuera. El purismo principista puede ser de mucha coherencia, pero también puede precipitar a sus cultores hacia un peligroso aislamiento.