Temor y fracaso
Diego Lo Tártaro*
Debemos modificar toda la estructura tributaria, contar con una legislación laboral no sujeta a intereses corporativos y redimensionar todo el Estado.

Vivimos en el fracaso, consecuencia ente otros tantos errores y defectos de lo que produce el miedo: por miedo a Macri se votó a Alberto Fernández, por miedo a Cristina se votó a Macri, por el miedo a lo que dejó de la Rúa se votó a Kirchner y así podemos ir retrocediendo en nuestra historia hasta comienzos del siglo anterior. Esta actitud viene irremediablemente degradando a la República, nunca se consideró priorizar la solidaridad y el bien común, solo prevalecieron los intereses sectoriales que los factores de poder determinaron e impusieron.
El miedo nunca nos permite ser libres, nos tapa la verdad y anula la razón, nos perturba y angustia, nos inhibe de tomar decisiones drásticas y dolorosas pero sí necesarias, ¿Por qué decimos esto? Porque no nos vamos a cansar de repetir hasta el infinito que debemos tomar el toro por las astas y modificar toda la estructura tributaria, dotar y contar con una legislación laboral acorde con los tiempos que vivimos y no sujeta a intereses corporativos, redimensionar todo el Estado, tanto nacional como provincial y municipal, exigir a la Justicia que cumpla con el rol que significa y representa. Es decir, debemos repensar en la construcción de un Estado moderno eficiente en el que el respeto al orden y la Justicia primen sobre los intereses personales y sectoriales.
Para hacer realidad todo esto se necesita primero tener templanza para afrontar la tormenta. Es determinante instrumentar como política de Estado la aplicación de una Economía Social de Mercado, tal como lo hicieron los países europeos devastados por la II Guerra Mundial y que tan exitosamente desarrollaron. Sólo valgan como ejemplo los más recientes: China, que siendo un Estado políticamente comunista, con inteligencia adapta a su contexto e idiosincrasia estas reglas de juego, aceptándolas y haciéndolas propias. O la Rusia autocrática de Putin, que lo hace a su manera y conveniencia, pero lo hace.
La zigzagueante conducción de gobierno de Alberto Fernández, entre su parecer y el de Cristina Fernández y la Cámpora, nos indica que tiene miedo de importunarlos
El mundo desarrollado fue y va en ese camino: Nosotros no queremos aceptarlo y a la vista tenemos el resultado: pareciera que nos azotan las diez plagas de Egipto, para utilizar una metáfora de las desgracias que nos vienen golpeando.
Reitero: solo con valor e inteligencia, aceptando y haciendo propias estas reglas de juego, sumando talento y determinación con un equipo de trabajo idóneo y honesto que trabaje en un plan de gobierno coherente y realizable, lograremos nuestro propósito. Esto hasta el día de hoy en algunas áreas no pareciera ocurrir. Tengamos memoria, que es experiencia. Con Macri ocurrió lo mismo y bien sabemos cómo termino.
El miedo provoca incertidumbre, la incertidumbre disuade a los inversores tanto internos como externos, esto se percibe y mide diariamente en el riesgo país, en la cauta y expectante actitud de nuestros acreedores que quieren precisiones, en el lento y continuo deterioro de nuestros activos, en el estancamiento de la demanda laboral, en el deterioro de nuestras economías regionales y pymes, en nuestra desazón, abatimiento y bronca reprimida.
El miedo al pasado nos conduce inconscientemente a mantenerlo vivo, sin advertir que con las designaciones en la segunda línea de poder estamos permitiendo que se adueñen de la estructura del Estado nacional personajes que tienen abultadas deudas con la Justicia o con pasados repudiables y que hoy son compensados con elevados cargos públicos. Cuidado que los tiempos apremian, que la realidad nos indica que no podemos seguir con indefiniciones, que el pasado en cierta forma continúa gobernándonos, que conocemos cuál es su desenlace. Reflexionemos y sobrepongámonos a esta necia vuelta a ello. Los profundos cambios esperados y necesarios para salir de este foso de calamidades no se vislumbran. Continuamos en la incertidumbre, que es el peor de los escenarios.
La zigzagueante conducción de gobierno de Alberto Fernández, entre su parecer y el de Cristina Fernández y la Cámpora, nos indica que tiene miedo de importunarlos e imponer su condición de presidente. Esta dualidad de criterios se percibe en las dispares decisiones que a diario toma, enredado y errado proceder que tiene solo un destino: un fracaso.
Solo nos resta decirle que medite, que dé un giro de timón, que retome el liderazgo que le confirieron las urnas y comience a tomar las medidas de fondo y estructurales que las circunstancias le indican e imponen.
La luna de miel llega a su fin, de igual forma la fe de quienes lo votaron y la paciencia de los que no lo votaron. Su mandato, de continuar así, está en riesgo de que su mentora se lo arrebate o que eventualmente las circunstancias o intereses encubiertos se lo traten de acortar abruptamente.
Tiene la potestad de conducirnos por el buen camino y no puede ni debe equivocarse porque “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor”.
*Presidente del Instituto Argentino para el Desarrollo de las Economías Regionales ( Iader).
Debemos modificar toda la estructura tributaria, contar con una legislación laboral no sujeta a intereses corporativos y redimensionar todo el Estado.
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