Tengan miedo que para eso estoy aquí

Es el maestro indiscutido del terror. Ha conseguido fusionar la calidad literaria con el entretenimiento. A dos años de un terrible accidente, Stephen King continúa creando universos infernales que venden millones de libros. En este Cultural, un perfil suyo, un capítulo de la biografía "Stephen King, creador de lo Oscuro", de Marcelo Burstein, y columnas de opinión que lo definen como un gran creador.

Redacción

Por Redacción

«Carrie» fue escrita a principios de los «70 cuando el rey del terror era aún un desconocido. Decepcionado por la calidad de su último esfuerzo, que él estimaba iba a terminar, al igual que tantos otros esfuerzos suyos, en la trituradora de una editorial, decidió ahorrar camino y la tiró con sus propias manos al tacho de basura. Pero su mujer, Tabitha Jane Spruce, la rescató de entre otras hojas muertas y las colillas de los cigarros, y lo convenció de intentarlo una vez más.

El libro rescatado del olvido cuenta el despertar a la juventud de una preadolescente con poderes sobrenaturales. «Carrie» vendió en total alrededor de 4 millones de ejemplares y le permitió a King, por fin, dejar los humildes trabajos a un dólar la hora y dedicarse a lo suyo: reinventar el horror.

La biografía de Stephen King está formada por varios elementos que podrían componer, si no una novela de terror, sí al menos una de suspenso mezclada con buenas dosis de comedia patética. King figura como el autor más leído de la historia, un poco atrás de los apóstoles cristianos y su invencible best-séller, la Biblia.

Esta máquina de hacer éxitos nació un 21 de setiembre de 1947, a la 1.30 de la madrugada, en Maine. Al menos en teoría su madre, la señora Nellie Ruth, estaba incapacitada para tener hijos. Antes de quedar embarazada de Stephen, ella y su esposo, Donald King, habían adoptado a David.

Una anécdota curiosa en la vida del escritor, pero no tanto si se lo compara con la desaparición de su padre con un pretexto que parece un chiste pero es la pura verdad: una noche, en pleno invierno, Donald le comentó a Ruth que estaba desesperado por fumar un cigarrillo y allí partió el hombre a comprar un atado. Jamás volvió.

King no es un hombre al que le guste moverse de su lugar en la tierra. Pinta tu aldea y pintarás al mundo es su lema. Por eso ha vivido gran parte de ella en el condado en que nació. En la actualidad reside en Bangor, entre las paredes de una casa de estilo victoriano, a la que cada año peregrinan miles de fanáticos.

La triste y peligrosa adolescente, Carrie, fue el principio de una escalada de éxitos con su nombre y el de su álter ego, Richard Bachman, algo menos famoso que King hasta que el editor de una revista especializada reveló el secreto.

King es un escritor prolífico, tanto que algunos han sospechado de esta capacidad exacerbada que Dios o, vaya uno a saber, Satanás le regaló cuando niño. Se dice, se comenta, que King no es el autor de todo lo que publica.

Hasta la fecha -y el dato no deja de ser una ingenuidad porque para cuando esta nota sea publicada las cifras seguramente habrán variado en su favor- tiene una fortuna personal de 150 millones de dólares. Una estadística reciente marcaba que a lo largo de su vida, el autor de «El resplandor» había escrito un promedio de un libro y medio por año.

No es sencillo analizar la figura de un escritor tan indiscutiblemente exitoso. Un ícono pop por excelencia y como tal partícipe desbordante de las tendencias de su tiempo.

King ha logrado en literatura la codiciada sociedad entre calidad y entretenimiento. Novelas de King, como la serie de títulos que componen «Cuatro Estaciones» -y de ésta especialmente «Verano de corrupción»-, «La zona muerta», «It», «Misery», «Carrie», entre otras, deben ser consideradas, por su estilo, contenido y profundidad en la concepción psicológica y dramática de los personajes, obras maestras de la literatura universal.

King es excesivo, esto explica la tendencia de sus biógrafos y de los periodistas que hacen sus semblanzas de poblarlas con fechas. La novela más larga del escritor es «Apocalipsis» y tiene 1.585 páginas. Un récord. Como las ganancias que obtuvo con su novela on line «Ridign the Buller», una historia de 66 páginas que se vendió exclusivamente por Internet.

King le robó con esta iniciativa su tajada al tradicional negocio editorial. La novela de 16.000 palabras facturó alrededor de 500.000 dólares.

Su conducta sorpresiva y dinámica es la nave de su éxito. King siempre está listo para robarles un parpadeo de miedo a los demás, que están del otro lado de la barra. Internet fue un susto para la industria del papel, aunque luego el proyecto se frustró cuando sus fanáticos se negaron a pagar dos dólares por los capítulos largos de su novela «The plant» que se vendía con el mismo sistema.

Sus novelas pueden ir desde la metáfora del despertar sexual de una adolescente hasta la lucha cruel y sanguinaria entre un escritor y una sombra de sí mismo salida de otra dimensión como en «La mitad siniestra», pasando por la saga surrealista «La torre oscura».

«Leer una historia de terror es una manera de poder ensayar la muerte», dijo. Pero en las obras de King la muerte representa apenas el principio del dolor. «Cementerio de animales» es un ejemplo del tamaño de esta venganza por parte del escritor hacia qué… ¿su padre, el que se fue a comprar cigarrillos y jamás volvió?

«Me encanta asustar a la gente, y a la gente le encanta que la asusten. Por eso estoy aquí», ha dicho también.

King declaró que su heredero es el inglés Clive Barker, autor de «Los libros sangrientos». Sin embargo, en alguna ocasión ha declarado que su autor preferido es el duro de Jim Thompson. Aquel terrible escritor de «1.280 almas» y «Tierra sucia», entre otras novelas. Thompson es considerado uno de los grandes maestros de la novela negra. Sus personajes por lo general son antihéroes que terminan saliéndose con la suya después de matar a otros seres tan o más despreciables que ellos mismos. Thompson – de quien Stephen Frears llevó al cine su novela «Los estafadores» con el nombre de «Ambiciones prohibidas»- tiene una prosa directa, a ratos brutal y sus historias son perturbadoras por donde se las mire.

A mediados de 1999, King fue protagonista de una historia que podría haber sido escrita por su pluma. Un conductor desprevenido lo levantó tres metros del suelo cuando paseaba junto a una cancha de béisbol en Maine. Aseguran que no volvió ni volverá a ser la misma persona desde entonces. El señor de lo siniestro vio la muerte sin metáforas y le pareció bella. El problema fue despertar con el cuerpo maltrecho y las emociones revolucionadas.

A principios de este año unas declaraciones suyas volvieron a conmover el ambiente literario y la industria del entretenimiento. El rey del terror dejó traslucir en una entrevista con «Los Angeles Times» que veía el retiro como una posibilidad. En realidad King aseguró: «Descubrí que mi trabajo era el mismo. Puedes continuar así o decidir (refiriéndose a la novela «From a Buick Eight»). Cuando la gente lo lea, pensará en Christine, me dije. Puedes continuar así o decidir abandonar el juego cuando todavía eres el más grande. Yo decidí dejar esto mientras todavía tengo la pelota en la mano, en vez de dejar que sea la pelota la que me deje a mí».

Nada indica que King esté derrotado. Como un personaje de sus novelas poco a poco ha ido escalando el abismo en que lo hundió el accidente.

Continúa escribiendo novelas, relatos cortos e historias para televisión y en los sitios de sus fanáticos ya se anuncian definiciones sobre la saga «La Torre Oscura», entre otras de sus espeluznantes creaciones.

Como diría Lord Darth Vader: el lado oscuro de la fuerza aún vive.

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar


"Carrie" fue escrita a principios de los "70 cuando el rey del terror era aún un desconocido. Decepcionado por la calidad de su último esfuerzo, que él estimaba iba a terminar, al igual que tantos otros esfuerzos suyos, en la trituradora de una editorial, decidió ahorrar camino y la tiró con sus propias manos al tacho de basura. Pero su mujer, Tabitha Jane Spruce, la rescató de entre otras hojas muertas y las colillas de los cigarros, y lo convenció de intentarlo una vez más.

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