Tensión y desconfianza





PERSPECTIVAS

Morsi juró dos veces el cargo. La primera fue el viernes, de forma simbólica, ante miles de simpatizantes en la emblemática plaza Tahrir. Y la segunda, oficial, tuvo lugar ayer a apenas 100 metros de allí, en el Tribunal Constitucional. La ceremonia, ante los jueces del antiguo régimen y escenificada por los militares, debería representar el “cambio de poder”. Pero éste es tan simbólico como el juramento pronunciado en Tahrir, pues los generales egipcios desconfían del primer civil y primer islamista en la jefatura del Estado. Y por eso, pretenden reducir su poder al máximo. La Junta militar egipcia gobierna desde la caída de Hosni Mubarak, en febrero de 2011, tras tres décadas en el poder. A través de decretos, leyes y enmiendas a la Constitución, el gremio ha intentado preservar una especie de sistema Mubarak sin Mubarak. Tuvieron que aceptar la derrota de su candidato, el ex primer ministro Ahmed Shafik, que perdió frente a Morsi en la segunda vuelta. Pero aún tienen la sartén por el mango. Morsi y los islamistas que lo respaldan reivindican insistentemente la legitimidad de la presidencia tras unas elecciones limpias y libres. “Nadie, ninguna institución ni autoridad, está por encima de la voluntad del pueblo”, declaró Morsi en su discurso de la tarde del viernes. Pero él y sus seguidores tendrán que arrancar a los militares el espacio para gobernar, y las reglas del juego para ello son poco transparentes: el Parlamento está disuelto, no hay una nueva Constitución y los generales mantienen la soberanía sobre las arcas públicas, el Ejército y la policía. Las tensiones fueron ya visibles durante el discurso pronunciado por Morsi en la plaza de Tahrir. Era la primera aparición pública en que lo acompañaba la guardia del antiguo régimen: guardaespaldas enfundados en trajes a medida y con gafas de sol, no muy distintos a los de cualquier mandatario occidental. A veces, parecía como si Morsi quisiera abandonar el púlpito. E incluso se desabrochó la camisa para mostrar a la multitud que no llevaba chaleco antibalas. (DPA)


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