Terroristas económicos

Tras su audiencia con Francisco, Cristina tuvo severas definiciones en Naciones Unidas (ONU).



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de domingo a domingo

Haberse plantado como se plantó Cristina Fernández en las Naciones Unidas, cara a cara frente a su par Barack Obama, no hizo más que ratificar lo dura que es la relación actual entre la Argentina y Estados Unidos, signada por antecedentes ríspidos: en marzo de 2011, el canciller Héctor Timerman, incautó material militar en el aeropuerto de Ezeiza y el presidente norteamericano salteó Buenos Aires en una gira latinoamericana que lo llevó a Chile y Brasil. Fortalecida anímicamente tras su reunión con el papa Francisco, en el Vaticano, a la que fue acompañada por la conducción de “La Cámpora”, Cristina cuestionó a las grandes potencias por “las tragedias y calamidades que hoy conmueven al mundo”. En tono de reproche dijo que los problemas económicos y financieros y las cuestiones de terrorismo y seguridad obedecen “a la ausencia de una multilateralidad concreta y democrática”. Luego se metió en la partida que tiene en jaque al país y que pone en peligro la reestructuración de la deuda soberana, por la acogida favorable que el juez neoyorquino Thomas Griesa, dio a una demanda de fondos buitres, y cuyo desenlace repercute en las en la vida cotidiana de los argentinos. Reiteró la voluntad y capacidad de pago de la Nació resguardando las garantías al 92,4 por ciento de los bonistas que entraron en el canje voluntario en 2005 y 2010, y afirmó que terroristas no son sólo los que ponen bombas, sino quienes (como los holdouts) “amenazan y hostigan, y con rumores, infamias y calumnias, provocan hambre y miseria a partir del pecado de la especulación”. Se declaró militante contra el terrorismo internacional. Recordó los atentados perpetrados contra la embajada de Israel, en 1992 y la AMIA, en 1994, que la llevaron a promover un entendimiento de cooperación con Irán para que los acusados pudieran declarar ante la justicia de su país. En este punto, destacó que la tildaron de cómplice de ?los demonios?, en contraste con lo que sucede con el actual proceso con los fundamentalistas islámicos, que derivó en un diálogo entre el Departamento de Estado y la República de Irán. “No quiero ser ingenua ni cínica”, expresó. Propuso, entonces, desatar los “nudos gordianos” en Medio Oriente para lograr la paz entre los Israel y Palestina. Repartió culpas y defendió la existencia de dos Estados con fronteras precisas. Metió el dedo en la llaga cuando abordó preguntas relacionadas con Al Qaeda, el ataque a las Torres Gemela, Osama bin Laden, la Primavera Árabe y la aparición de recientes insurgentes despiadados que promueven un califato con ejecuciones cinematográficas. “Ha dejado de ser importante Irán y su amenaza nuclear, y ha pasado a serlo el EI, los nuevos terroristas, que no sabemos quién les compra petróleo, quién les vende las armas, quién los ha entrenado”, endilgó. Diplomáticos estadounidenses, tras el serio contrapunto entre la Cancillería y el agregado de negocios Kevin Sullivan, admitieron que la relación está en un punto muy bajo y que no tiene mucho sentido recomponerla ahora. ¿La agenda es limitada pues la Argentina es un país imprevisible?, dijeron. Y avisaron que el nuevo embajador, Noah Mammet, no será enviado hasta el otoño próximo. Reemplazará a Vilma Martínez, quien se fue en diciembre de 2013. Luego, bajo registro, la secretaria encargada de América Latina, Roberta Jacobson, aceptó las dificultades por la complejidad del proceso judicial que aquí el kirchnerismo plantea con el dilema “patria o buitres”. “Esperamos –dijo Jacobson– que se pueda resolver de un modo que la Argentina pueda retornar a la comunidad financiera internacional y volver a crecer y ser productiva”. Los principales funcionarios de Cristina, por su parte, siguieron tensando la cuerda, con la expectativa de alcanzar un acuerdo en enero, cuando ya no esté vigente la cláusula RUFO, que impide dar un tratamiento diferente al minúsculo grupo de acreedores que no entraron al canje. A las denuncias del ministro Axel Kicillof, su sumó el jefe de gabinete, Jorge Capitanich, quien embistió contra la actitud “hostil” de Alemania, luego que representantes del fondo buitre NML publicaran una solicitada reproduciendo declaraciones del ministro Wolfang Schauble. “Argentina ha vivido durante décadas encima de sus posibilidades. No paga sus deudas y está casi aislada”, había sentenciado el representante de la administración de Angela Merkel. El canciller Timerman dio por superado el incidente, luego de que el embajador alemán aseguró que su gobierno no tiene ninguna incumbencia en las campañas publicitarias de los fondos buitres. “No se inclina por ninguna de las partes”, aclaró. Las conferencias de prensa matutinas de Capitanich están por ser cosa del pasado. Parece inminente su reemplazo, para que pueda retornar a Chaco, reasumir la Gobernación y encarar el adelantamiento del calendario electoral. Todos empezaron a dirigir sus miradas a quien llenará ese puesto, que puede ser clave proyectado a la renovación presidencial de 2015. “Hay que poner ahí a alguien que sepa cuidar los garbanzos”, lanzó el senador Aníbal Fernández. Algunos se ilusionaron en que, con la venia papal, Cristina ascienda a ese puesto al presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, un peronista moderado de buena acogida en su partido. Daniel Scioli, el mejor ponderado en las encuestas desde las filas del oficialismo, espera tranquilo, confiado en sus fuerzas. Cristina demorará lo máximo que pueda cualquier bendición. No quiere que se le licue el poder. Tampoco urdir una trama para facilitar el triunfo de Mauricio Macri. “Ésa es una leyenda urbana”, indicó a este diario un alto exponente del Frente para la Victoria.

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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