The Cure: la deuda quedó saldada





Robert Smith y su grupo The Cure hicieron partícipes de un largo viaje autobiográfico a 40 mil personas que resistieron el frío penetrante de anteanoche. Tanto la banda como el público pudieron dejar atrás aquel caótico e inconcluso concierto de 1987 en Ferro, y enterrarlo con casi tres horas de show y más de 38 canciones en el haber. El viaje fue el trabajo de un talento que ha sido clave para la música mundial y en especial para la escena local, y que anoche podía identificarse en viejas canciones de The Cure, acordes que inspiraron a Soda Stéreo, Fricción, Richard Coleman, la Sobrecarga, Sumo, Las Pelotas, Babasónicos, y más. Con una notable puesta en escena, un trabajo superlativo del iluminador, los Cure se entregaron reconociendo su deuda con el público latino, durante 3 horas en las que repasaron toda su rica y extensa carrera. Junto a Smith, con el pelo desgreñado, la cara con un poquito de maquillaje blanco, los labios bien rojos, estaba el eterno Simón Gallup, con su jopo y sus patillas rockabilly. El baterista de la última etapa, Jason Cooper, una máquina con un tempo perfecto, el tecladista Roger O’Donell y como sorpresa, en guitarra, Reeves Gabrels, ex colaborador de David Bowie durante parte de los 90 y ex integrante de Tin Machine. Cuando el frío ya comenzaba hacerse sentir en los huesos, Cure subió al escenario y emergió de la mano de la hermosa “Plainsong” del excelente “Desintegración” de 1989, un disco que además fue uno de los sostenes del concierto. De ese mismo disco, Smith tomó la bellísima “Pictures of you” y se la ofrendó de entrada al publico, con siete minutos de una canción de amor, de añoranzas y de recuerdos de aquellas fotos en las que aparece esa mujer con la que no pudo ser. Con el correr de los minutos, Smith fue perdiendo la timidez y al ver la excelente reacción del público se soltó más, y para eso sirvió que en el primer tramo, el grupo ofreciera preciosas versiones de clásicos como “Lullaby”, “Lovesong” y el hermoso “In Between Days”. Estas canciones fueron intercaladas con largos pasajes instrumentales de climas cambiantes en temas cono “Push” y “The end of the world”, que confirmaron la maestría del grupo para hacer viajar a la gente en sueños con delirios oníricos. Smith convirtió a la depresión en decenas de canciones, hizo del dolor angustiante de la separación el leit motiv de sus mejores discos, así como también trabajó los miedos, las fobias y las obsesiones más oscuras. El cierre fue demoledor con versiones muy new wave de “Boys dont’ Cry”, de “10.15 Saturday Night”, que tuvo un gran duelo de guitarras entre Smith y Gabrels, para luego despedirse con una arabesca versión de “Killing an arab”. La deuda quedó saldada después de 26 años. (Télam).-


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