Thomas Mann, heredero de Goethe y su Fausto




Mann es recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló en torno al alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX.

Mann es recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló en torno al alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX.

Heredero de Goethe y su Fausto, Thomas Mann reintegra en su obra el poder de satán, las tentaciones demoniacas, las regiones infernales. En muchas de sus novelas se entrelazan la visión cristiana del infierno con imágenes y símbolos de la mitología clásica. Hay una constante apelación a Eros y Dionisos en los dominios de Lucifer.  

Alusiones al infierno hay muchísimas en “Muerte en Venecia”; por ejemplo, su protagonista, mientras pasea en una góndola negra conducida por alguien de fisonomía desagradable y brutal, no hace sino evocar al barquero Caronte en su viaje al otro mundo.   

Una de las grandes novelas de Mann, “La montaña mágica” repite esta presencia simbólica del mundo diabólico. Ese sanatorio al que llega a visitar a un primo es metafóricamente un verdadero descenso a los infiernos. Lo reafirma uno de los pacientes que le dice al protagonista que ha llegado a un mundo subterráneo, “ha bajado a las profundidades donde muertos viven, irreales y privados de sentido”. 

Es en su novela “Doktor Faustus”, escrita a fines de la segunda guerra mundial, en la que aparece de manera patente el mito de Fausto. Ahora quien realiza un pacto con el diablo es Adrián Leverkühn, un músico que no duda en vender su alma con tal de obtener inspiración y sabiduría. La mayoría de los críticos quieren ver en esta novela una larga metáfora de lo que fue el nazismo. Así el diablo manifiesta que la lengua alemana es su predilecta, y que los alemanes les parecen los más receptivos a su propia voz. En su diálogo con el músico, Satán recalca que el Mal es algo necesario, como son necesarios “un enfermo y un demente para que los demás no lo sean”. Todo artista es un ser exacerbado al borde del abismo, según el autor; por eso le hace decir al diablo “el artista es hermano del criminal y del demente”.   

Escrita ya en el exilio, Thomas Mann intenta explicarse desde la ficción varios temas, entre ellos cómo parte del pueblo alemán fue atraído por el infierno desatado por Hitler y sus seguidores.   


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