Tiempos de anomia
Si el ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, habilita un 0-800 para que los padres denuncien la intromisión de la política en las escuelas, eso no es “pensar distinto”. Para los maestros, Bullrich y Mauricio Macri son “buchones de derecha”. En cambio, para esos confundidos docentes “pensar distinto” es tener patente de corso para vulnerar el principio de autoridad sin que pase absolutamente nada, tal como ocurrió en la escuela primaria del barrio de Monte Castro. O peor, creer que es gratis transmitir alegremente a los alumnos cuestionamientos irónicos de orden político-sindical, efectuados hacia quienes toman decisiones en materia educativa. El despropósito está en que, para defender toda esta transgresión de normas y valores, el viernes no se dictarán clases en las escuelas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sin embargo, la representación que se hizo frente a los chicos del colegio de la calle Álvarez Jonte tiene otros condimentos que exceden lo estrictamente gremial. En primer lugar, la parodia de Macri y Bullrich se realizó frente a personas que carecen del grado de madurez necesario para saber de qué se trata. Se supone que los docentes no deberían ignorar estas cuestiones. Segundo, y básico, que esos menores estaban a su cuidado y que, con su actitud, traicionaron la confianza que los padres depositan a diario en ellos como representantes de la escuela pública. Fue algo que, de oportunista y provocador, pasó a ser grotesco. Probablemente a ninguno de esos maestros de ocasión se le ocurriría imitar sobre un escenario a la presidenta de la Nación y al ministro Alberto Sileoni. Sin embargo, cualquiera de ellos podría “pensar distinto” con todas las de la ley si encabeza una marcha gremial de reivindicación o aun si se manifiesta políticamente, aunque deberá hacerlo naturalmente fuera del aula. Pero la mayor hipocresía de todo el asunto no sólo está en decir que a la presidenta hay que obedecerla y respetar su investidura porque el mandato de las urnas fue contundente, sino en que no se toma en cuenta que el mensaje de los votantes porteños avaló en simultáneo al jefe de Gobierno con la misma o mayor contundencia. Por lo tanto, si amparados en el 54% es bueno que se permitan las salidas de presos VIP o que se alabe a los barrabravas o que se castigue a la prensa, también debería serlo el derecho a fijar las políticas educativas, tanto como resulta lógico el derecho de los sindicatos a resistirlas, aunque con armas más nobles que un paro destinado a encubrir la patética bajada de línea a los escolares. Néstor Kirchner marcaba aquello de las “verdades relativas”, por eso también es de pura hipocresía que los gremios no tomen en cuenta que hay otros fuera de ellos que también piensan “distinto”. Síntesis de estos tiempos de anomia y autoritarismo, no quieren pagar por lo que hicieron y tuercen el discurso usando una vara diferente para medir las actitudes de los demás, aunque sin mirar la viga que se les ha instalado en el ojo propio. (*) Director periodístico agencia DyN
HUGO GRIMALDI (*)