Todo depende de Cristina





Aunque sólo se trataba de primarias que, por ya haber decidido los líderes de los distintos partidos quiénes serían sus candidatos a la presidencia, se habían convertido en una encuesta de opinión asombrosamente detallada, el triunfo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner resultó ser tan contundente que, a juicio de virtualmente todos, el 23 de octubre se impondrá en las elecciones en la primera vuelta por un margen muy amplio. Por cierto, la consigna oficialista, “Cristina ya ganó”, parece mucho más realista de lo que tantos creían después de las elecciones que se celebraron en Capital Federal, Santa Fe y Córdoba. Si bien Cristina misma entiende que el panorama podría cambiar en los más de dos meses que faltan para las elecciones generales, razón por la que pidió a sus simpatizantes “mesura, humildad y trabajar para octubre”, desaconsejando así el triunfalismo que, dadas las circunstancias, muchos kirchneristas no pueden sino sentir, sabrá que es muy poco probable que la situación se modifique lo suficiente como para obligarla a dejar de “hacer la plancha”. Incluso la amenaza de una tormenta económica descomunal en el resto del mundo que, según ella, es “un gran tembladeral”, obra a su favor: en tiempos como los que corren, es natural que la mayoría sea reacia a arriesgarse votando por alternativas dudosas y que prefiera no prestar atención a las advertencias de los muchos economistas que afirman que el país no se ha preparado para hacer frente a los problemas graves que con toda seguridad le supondría una crisis que resultara ser aún mayor que la desatada por el terremoto financiero de fines del 2008. Las primarias confirmaron que, luego del bajón electoral del 2009 que fue atribuible a la por fortuna breve recesión económica que sufrieron casi todos los países, Cristina ha logrado aumentar mucho el capital político del movimiento que encabeza. La experiencia de los últimos años le habrá enseñado que le convendría manejarlo con cuidado, sobre todo en el ámbito de la economía que, tanto aquí como en otras democracias, suele ser electoralmente decisivo. No ignorará que la magnitud del triunfo que acaba de anotarse se debió en buena medida a la sensación de bienestar incipiente que se ha difundido incluso en las zonas más pobres del país, donde arrasó el Frente para la Victoria, y al temor a que cualquier cambio de gobierno tuviera consecuencias dolorosas para los muchos que viven al borde de la indigencia. Por basarse la estrategia política y económica oficial en estimular el consumo cueste lo que costare, el gobierno tendrá que encontrar el modo de corregir las distorsiones insostenibles que se han producido sin perjudicar demasiado a quienes menos tienen que, como ratificaron las primarias del domingo, conforman el grueso de su imponente reserva electoral, o afectar negativamente la marcha del sector privado del que, en última instancia, todos dependen por ser cuestión del motor de la economía nacional. Huelga decir que hacerlo no le será fácil. El análisis que hagan los kirchneristas del triunfo rotundo de su jefa en las primarias determinará su forma de enfrentar no sólo las elecciones de octubre que, siempre y cuando no suceda nada raro, serán un trámite apenas burocrático, sino también los desafíos que los aguardarán en los cuatro años siguientes cuando se verán constreñidos a procurar frenar la inflación y hacer más racional el sistema complicadísimo de subsidios que se ha improvisado. Si lo toman por evidencia del compromiso mayoritario con su “relato”, es decir, con la ideología “setentista” que han confeccionado, podrían cometer muchos errores, ya que no hay motivos para creer que tales factores hayan incidido mucho en la actitud de un electorado que, en otras oportunidades, había respaldado con fervor similar a Carlos Menem en su fase “neoliberal” por sentirse igualmente satisfecho con el statu quo. Por razones comprensibles, lo que quiere la mayoría, sobre todo la mitad del electorado que votó por Cristina el domingo, es que la economía siga creciendo para generar más puestos de trabajo y, desde luego, para posibilitar la continuación de los programas sociales que, a pesar de sus muchas deficiencias, sirven para hacer más tolerable la pobreza extrema en que está hundida una proporción sustancial de la población del país.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 945.035 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 16 de agosto de 2011


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