Tomas en Cipolletti: la pelea por acceder al espacio urbano

Se estima que en la ciudad hay unas 4.000 familias distribuidas en 26 asentamientos, con servicios de agua y luz precarios.

Redacción

Por Redacción

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Las tomas en Cipolletti son un fenómeno complejo que pusieron en crisis la idea de “la ciudad ordenada”. Aunque no hay cifras oficiales (algunos sectores creen que es una forma de invisibilizar el problema), se estima que hay unas 4.000 familias distribuidas en 26 asentamientos, con servicios de agua y luz precarios construidos por los propios habitantes sin la asistencia o la anuencia del Estado.

Números absolutamente conservadores establecen que casi el 18% de la población de la ciudad vive en alguna toma. La cuenta surge de multiplicar por cuatro la cantidad de familias. El último censo poblacional registró unos 90.000 habitantes.

A diferencia de otras ciudades, en Cipolletti no hay tierras fiscales, por lo que las tomas siempre se ubicaron en terrenos cuyos propietarios -o herederos de los propietarios originales- reclamaron (y reclaman) su devolución.

Como ocurre habitualmente, y es difícil afirmarlo con pruebas, hubo innumerables versiones de que fueron promovidas, entre otros motivos, para obligar al Estado municipal a correr la barrera urbana hacia el norte de la Circunvalación o hacia el sur, atravesando la Ruta 22, por la crisis de la fruticultura que dejó miles de hectáreas abandonadas. Además, la presión urbana ejerció consecuencias negativas, lo que generó que tierras que antes estaban enfocadas a la producción dejaran de ser rentables para estos fines.

Pero más allá de estas versiones, que incluyen elementos de una problemática real, lo cierto es que las tomas surgieron en Cipolletti de una necesidad de la gente de acceder al suelo urbano, a un pedazo de tierra donde vivir. En casi todos los casos, los ocupantes originales, los que iniciaron los asentamientos, eran hijos de las familias de los barrios cercanos.

Años sin construcción de viviendas para los sectores más desprotegidos, escasos proyectos para promover loteos accesibles y la disparada del valor de la tierra (un terreno cuesta actualmente unos 600.000 pesos) por la presión que ejerció la actividad hidrocarburífera en la provincia del Neuquén, son los motivos en los que más o menos concuerdan los análisis del porqué del fenómeno en esta ciudad.

Las tomas son, como en la mayoría de las ciudades donde ocurren, un espacio de disputa política compleja. Políticos, dirigentes sociales, organizaciones no gubernamentales, iglesias, cada uno con sus intereses particulares, pugnan por entrar en los asentamientos: los miles de personas que viven pueden ser futuros votantes, fieles, posibles sujetos de ayuda solidaria.

Son también espacios que quedan al margen de la ciudad y que se hacen visibles cuando sus habitantes reclaman por la regularización o por ayuda social; en definitiva, por mejores condiciones de vida, por ser reconocidos como ciudadanos con derechos plenos. La indefensión quedó más aún en evidencia luego de la tormenta de abril.

Las ocupaciones de tierras en Cipolletti se repitieron aproximadamente cada dos años desde 1997, cuando un grupo de gente tomó la plaza del Anai Mapu y luego fue trasladada a unos terrenos en la última franja del mismo barrio. En el 2003 se produjeron las tomas de Antártida Argentina y San Sebastián (hoy también con respuestas) y la de Ferri. En el 2009 se generó lo que aún hoy es la más grande de Cipolletti: el barrio Obrero, donde viven cerca de 600 familias. Antes, en el 2005 fue La Ribera y en el 2007 La Esperanza y La Vía. En el 2012 se ocuparon los terrenos de lo que ahora es 2 de Febrero y 10 de Febrero. Pero éstas no son las únicas. Hay otra docena de ocupaciones más grandes o más chicas, todas con problemáticas similares.

Maria Luján Venier

mlvenier@rionegro.com.ar

Maria Luján Venier


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