Triple empate, ¿por cuánto tiempo?



COLUMNISTAS

Por primera vez desde que tempranamente se lanzó la campaña electoral para el 2015 una encuesta reveló un triple empate entre los candidatos presidenciales Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa.

Más allá de la pérdida de credibilidad de varias de las encuestadoras, ese resultado -arrojado por la empresa Managment & Fit- marca una tendencia de las últimas semanas: el crecimiento de Macri.

Las elecciones en el municipio cordobés de Marcos Juárez no fueron un resultado más, sino que a partir del acuerdo entre el Pro y la UCR el resto de las fuerzas políticas tomó nota.

Un dirigente peronista interrogó, al pasar, ante la posibilidad de un acuerdo en la provincia de Córdoba entre Macri y los radicales: ¿qué pasaría si tanto en Córdoba como en la Ciudad de Buenos Aires, distritos que por ahora tienen elecciones desdobladas y previas a la general, ganara Macri? ¿Cuál sería el efecto sobre la elección presidencial? Esa hipótesis atenta contra los objetivos de Massa, en el ámbito de la oposición, y de Scioli, si se impone finalmente como postulante del oficialismo.

Sin embargo, hay dos datos que suelen pasar inadvertidos cuando se habla de candidatos y posibilidades electorales: ¿cuánta gente votaría al candidato del gobierno nacional y qué nivel de cambio reclama verdaderamente el electorado? Los distintos sondeos pregonan que el electorado que aprueba la gestión de Cristina Fernández ronda entre el 25 y el 30%. Es muy poco para una presidenta que dice haber inscripto algunos de los capítulos fundacionales de la Argentina y es a su vez traumático para cualquier político que un 70% desapruebe su gestión. Sin embargo, para cualquier candidato presidencial una base de entre el 25 y el 30% es muy importante.

En el entorno de Scioli irradian optimismo haciendo esa cuenta. Cerca de un 30% de adhesión heredada del kirchnerismo, más unos cinco o seis puntos que pueda sumar el bonaerense por su condición de peronista ortodoxo, no ultrakirchnerista, entusiasma a los despachos de La Plata.

No obstante, el castillo puede resultar de arena si Cristina se levanta una mañana anunciando: “Mi candidato es…” y ese nombre nada tiene que ver con el de Scioli. En esa situación, el gobernador bonaerense deberá tener un plan B para seguir con posibilidades de llegar a la Casa Rosada, quizás por afuera del Frente para la Victoria.

El otro punto, referente a cuánto cambio quieren en verdad los argentinos, siembra más dudas. Varios sondeos coinciden en que más de la mitad de la sociedad manifiesta su pretensión de que se conserve lo que se hizo bien y se cambie lo que está mal. Al margen del carácter “conservador” del voto de los argentinos, esto contrastaría con la propuesta del jefe de Gobierno porteño, el más opositor de la terna con Scioli y Massa, que promueve un cambio radical.

Aunque esa necesidad de “cambio” cobraría fuerza si la marcha de la economía siguiera la tendencia actual con una inflación que puede alcanzar el 40%, un tipo de cambio elevadísimo, un parate de las inversiones, aumento de suspensiones e incremento de la conflictividad social producto de la merma en el poder adquisitivo y en el consumo a partir del alza de precios.

Ese escenario, sí, dejaría mejor posicionados a Macri y a Massa y se convertiría en un golpe de gracia para las aspiraciones de Scioli y de cualquier candidato que enarbole las banderas del Frente para la Victoria.

A partir de ahora habrá que observar si el triple empate se mantiene o la campaña comienza a polarizarse y el tercero en discordia en realidad pasa a conformar el segundo pelotón donde, por ahora, se encuentran los candidatos del Frente Amplio Unen (FAU) y de la izquierda.

Walter Schmidt

Analista político, DyN

Walter Schmidt


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