Trump se definió como “la persona menos racista que hayan conocido”
Así lo aseguró el virtual candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos en un acto en Florida.
El virtual candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, se definió como la “persona menos racista” y resaltó su estima por México durante un acto que ofreció hoy en el Centro de Convenciones de Tampa, en el centro de Florida.
“Soy la persona menos racista que hayan conocido”, dijo el magnate republicano a sus seguidores durante el acto que ofreció este mediodía y en el que, tras resaltar que muchos nacionales del país latinoamericano son sus empleados, precisó que no está en “contra de la gente”, sino en contra de los actuales líderes políticos estadounidenses.
Las palabras de Trump fueron una respuesta a las declaraciones que ofreció el republicano Mitt Romney, quien en una entrevista el viernes con la cadena CNN señaló que no quiere ver que se “destile racismo” a causa de una eventual elección de Trump como presidente de Estados Unidos.
Como en otros eventos de su campaña, Trump insistió en su propuesta de construir un muro en la frontera, pagado por México, y prometió mejores tratos comerciales con China e Irán.
“Tenemos que parar de ser tan políticamente correctos”, expresó, para luego recordar que su candidatura descarriló a casi una veintena de precandidatos republicanos, derrotados por el “movimiento político” que él encarna, “el más grande de los últimos años”.
En ese sentido, pidió que el Partido Republicano sea “más fuerte” e “inteligente” y lamentó que su virtual nominación reciba más oposición “de los propios republicanos que los demócratas”.

Asimismo, el magnate inmobiliario volvió a criticar a la candidata demócrata, Hillary Clinton, por pretender abolir la segunda enmienda de la Constitución estadounidense, que otorga el derecho a los ciudadanos a portar armas.
Tras rechazar los comentarios que Clinton ha hecho sobre su carácter, Trump recordó que el otro aspirante demócrata, Bernie Sanders, señaló con anterioridad que la ex secretaria de Estado “no está calificada para ser presidente”.
“Tiene mal criterio”, expresó Trump, para luego criticar la gestión de Clinton como jefa de la diplomacia estadounidense entre los años 2009 y 2013, que calificó de “desgracia”.
“Lo que hizo como servidora es ilegal, equivocado”, agregó, según reprodujo la agencia de noticias EFE.
Trump dejó en ascuas a quienes esperaban el anuncio de quién sería el elegido para el cargo de vicepresidente, así como de otros posibles nombres dentro de su equipo de gobierno, tras no revelar ningún puesto en Tampa.
En el acto volvió a expresar su respaldo a Trump la fiscal general de Florida, Pam Bondi, quien esta semana ha sido objeto de críticas tras revelarse que recibió en 2013 una donación del hoy virtual candidato republicano.
De igual modo, el gobernador del estado, Rick Scott, a quien algunos medios de Florida señalan como el señalado por Trump para que ocupe la Vicepresidencia, subió al estrado para apoyar al magnate
Para quienes gustan de hacer la distinción entre populismos de derecha y de izquierda, la sorprendente emergencia del fenómeno de Donald Trump representa una incómoda presencia. Las similitudes entre el programa político de Trump y el de los populismos latinos, que gustan considerarse progresistas o de izquierdas, son mucho más amplias y profundas de lo que a primera vista parece.
Los une en primer lugar su anclaje social. Como todos los populismos su base está en los sectores más pobres y marginales de la sociedad, hoy aquellos más amenazados por la globalización y los procesos de integración económica. En asociación con los rasgos culturales dominantes en esos sectores, los une también la estructuración de un discurso enraizado en temores y creencias fuertemente instalados en ellos y en la oferta de soluciones simples que eluden todas las complejidades de los problemas, dirigidas más a golpear al corazón que persuadir a la razón. Para más afinidades, puede destacarse la idea de que ese sector social, el verdadero pueblo, es el reservorio del más autentico y puro ser de la nación, amenazado por el cosmopolitismo y olvidado o despreciado por las elites políticas tradicionales.
Hasta aquí podría decirse que estas similitudes son más formales que de contenidos ideológicos. Sin embargo, de esas aparentes formalidades se desprenden contenidos. En línea con la tradición populista local, Trump recupera un elemento muy presente en la tradición americana, gradualmente abandonado por la corriente liberal: el aislacionismo. Para nosotros la palabra es algo extraña, pero representa lo mismo que aquí los populismos levantan como proteccionismo, antiglobalización o en general esa imprecisa idea de “vivir con lo nuestro”.
De esta simple palabra se deduce el programa de Trump, esencialmente igual al de nuestros populismos. Oposición al Nafta y otros proyectos de integración regional, desconfianza o desprecio por los procesos de integración mundial, oposición a las intervenciones militares en el extranjero, abandono de la política de exportación de la democracia al mundo, protección a su base social de la competencia del trabajo extranjero, políticas redistributivas basadas en mayores impuestos a los ricos y disminución a los ciudadanos comunes y proteccionismo arancelario para la defensa del trabajo nacional.
Como se ve, no hay manera de diferenciar este programa de cualquiera de los que enarbolan los militantes de la causa nacional y popular de nuestros países. A la vista de esto, no sería ocioso preguntarse cuál sería la consecuencia económica para nuestros países de que este programa proteccionista llegara a triunfar. Nuestros “progresistas” se darían cuenta de que Donald Trump es más peligroso por lo que tiene en común con ellos que por sus distancias.
Por supuesto pueden detectarse diferencias apreciables. Algunas de ellas están relacionadas con los particularismos de las creencias de cada sociedad, que siempre aportan una nota diferenciadora. Por ejemplo es obvio que el populismo de Trump no podría incorporar el sentimiento antinorteamericano y el mito de la unidad latinoamericana, notas muy características en los populismos latinos. O cierto componente racista, más presente en el mundo anglosajón que en el latino. Otras se relacionan con ciertas peculiaridades relacionadas con la figura del líder. Trump es un provocador de la incorrección política, mientras algunos, ni siquiera la mayoría, de los populismos latinos han incorporado el listado de los temas políticamente correctos procedentes del progresismo norteamericano a sus discursos. El argentino es el que más ha avanzado en esta dirección.
Pero sin disminuir la importancia de las diferencias que puedan encontrarse, parece claro que la distinción entre populismos de derecha o izquierda es superficial o simplemente retórica. Solo existe el populismo a secas.
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