Tsipras, ante una nueva aunque dura oportunidad
De que Alexis Tsipras, el primer ministro griego, es un político extremadamente hábil hay pocas dudas. En lo que dura un embarazo, ganó dos elecciones nacionales parlamentarias y un referendo. No es poco, particularmente cuando tuvo que girar 180 grados en sus propuestas para tratar de sacar a Grecia del atolladero financiero en el que estaba. Aunque después de señalar insistentemente que algunos términos de la reestructuración de la deuda externa eran para él inadmisibles, terminó aceptándolos en un rescate de 86 billones euros. Lo hizo con realismo al convencerse del altísimo costo que, para su país, tendría mantener un rumbo poco realista. Casi suicida, más bien. Su retórica encendida ha dado ahora paso a una actitud de cooperación más madura. Moderada, entonces. Menos encendida, quizás. Pero ciertamente pragmática. Después de todo, ¿qué es la política sino el arte de saber corregir los rumbos y evitar ser atrapados por los abismos? Ya Tsipras no torea insistentemente contra la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, una troika muy particular que alguna vez fue demonizada constantemente y que, de pronto, se ha vuelto un interlocutor válido. Ahora debe lograr que sus acuerdos y compromisos se cumplan y sirvan para implementar lo convenido y alejar, paso a paso, a Grecia de las enormes dificultades que aún enfrenta. Para ello deberá llevar a cabo las reformas estructurales que, sabe bien, se requieren pero que han sido demoradas desde hace cinco años, por lo menos. Sin ellas el pantano financiero que tiene atrapado a su país no se secará. Esto supone esencialmente dejar de lado el clientelismo y los privilegios. También, disminuir los subsidios y dejar de aceptar los disfraces de dudoso color que algunos adoptan para recibirlos. Y fomentar efectivamente la productividad y dignificar el trabajo. En su discurso después del triunfo, Tsipras adelantó que “la recuperación no vendrá por arte de magia, sino como resultado del esfuerzo, la determinación y el aceptar batallar”, mensaje que no fue respondido con una ovación de apoyo. Y que algunos prefieren ignorar. De allí el cinismo de muchos, aun después de su nueva victoria. Para avanzar, Tsipras volvió a elegir organizar una coalición de gobierno con un partido de extrema derecha, euroescéptico, el de los Griegos Independientes. De alguna manera, esto es algo así como dormir con el enemigo en casa. Esta situación naturalmente transmite fragilidad respecto de la capacidad de Tsipras para navegar en aguas tormentosas sin ser atrapado por vientos que puedan obligarlo a torcer el rumbo indispensable para que la pesadilla griega quede definitivamente atrás. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Emilio J. Cárdenas (*)