Un aliado menos
Si bien, como es tradicional en el mundillo turbulento del sindicalismo tanto nacional como internacional, Hugo Yasky atribuye al fraude la derrota que de acuerdo a los cómputos oficiales sufrió su lista en las elecciones de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) a manos de la encabezada por Pablo Micheli, no cabe duda de que el kirchnerismo acaba de experimentar otro revés. Según la Junta Electoral de la CTA, Micheli consiguió 131.436 votos contra los 113.187 de la lista de Yasky, el dirigente docente que desde noviembre del 2006 es secretario general de una organización que cuenta con casi un millón y medio de afiliados, entre ellos la jefa de Tupac Amaru, Milagro Sala, que luego de haber apoyado al antikirchnerista Micheli anunció que sus huestes abandonarían en seguida la CTA. La conducta llamativamente ambigua de la jujeña combativa puede entenderse, ya que desde su punto de vista sería prematuro asumir una postura contraria al gobierno nacional que tanto la ha ayudado a hacer del movimiento que lidera una fuerza regional poderosa pero así y todo se sintió constreñido a acercarse a Micheli. Al igual que tantos otros que se han visto beneficiados por su proximidad a los Kirchner, Sala tendrá que maniobrar con mucho cuidado hasta que el panorama se haya aclarado lo suficiente como para permitirle saber lo que le convendría hacer. De todos modos, como se hizo evidente en los comicios que se celebraron hace poco en las asociaciones de abogados para elegir representantes en el Consejo de la Magistratura, hoy en día los candidatos que se ven calificados de “oficialistas” por sus adversarios se encuentran en desventaja frente a rivales que se afirman independientes, es decir opositores. Durante la campaña electoral de la CTA, Micheli no dejó pasar ninguna oportunidad para acusar a su contrincante principal de oficialismo excesivo y, al iniciarse el conteo, insistió en que “esto es una derrota del gobierno, que jugó de lleno a favor de Yasky”. Por lo demás, Micheli se vio beneficiado por su relación estrecha con Víctor De Gennaro, un sindicalista ambicioso que quiere que la CTA se oponga frontalmente al kirchnerismo que a su juicio no tiene ningún interés en atenuar los problemas de los trabajadores. Así las cosas, puede preverse que en adelante la entidad sindical dominada por empleados estatales comience a organizar más paros y más movilizaciones callejeras: Micheli ya está planeando una gran manifestación en Plaza de Mayo “para reclamarle al gobierno los temas que forman parte de la razón de ser” de la CTA. A juzgar por su retórica, lo que tiene en mente es una especie de revolución redistribuidora inmediata que, de concretarse, tendría un impacto nada positivo en la economía nacional, detalle éste que no le preocuparía ya que lo que quiere es pertrecharse de una serie de pretextos para justificar las medidas de fuerza que le servirían para convencer a sus seguidores de que es un luchador auténtico. Para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido, la erosión constante del poder que lograron construir es ominosa. Ya no pueden confiar en la voluntad del grueso de los integrantes de “la familia judicial” de cohonestar todas sus medidas y de darles el beneficio de la duda cuando ellos mismos o sus colaboradores más importantes tienen que enfrentar denuncias de corrupción. En términos políticos, los cambios que están produciéndose en el seno del sindicalismo podrían resultar aún más costosos si, como es muy probable, en los meses próximos abundaran los paros estatales. Aunque los Kirchner todavía cuentan con el respaldo decidido del jefe de la CGT, Hugo Moyano, la resistencia provocada por la beligerancia del camionero no los ayudará a reconciliarse con el electorado independiente; por el contrario, podría asustar tanto a sus simpatizantes más moderados que el eventual candidato “pingüino” no tendría ninguna posibilidad de obtener los votos que necesitaría para sobrevivir a una primera vuelta actual. Asimismo, es notorio que el protagonismo exagerado de Moyano, además de sus esfuerzos por obligar a los afiliados de otros sindicatos a sumarse al suyo, haya molestado sumamente a “los gordos” de la CGT, los que por lo tanto ya tienen motivos de sobra para decidir que ha llegado la hora de hacer cuanto resulte necesario para frenarlo.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 5 de octubre de 2010
Si bien, como es tradicional en el mundillo turbulento del sindicalismo tanto nacional como internacional, Hugo Yasky atribuye al fraude la derrota que de acuerdo a los cómputos oficiales sufrió su lista en las elecciones de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) a manos de la encabezada por Pablo Micheli, no cabe duda de que el kirchnerismo acaba de experimentar otro revés. Según la Junta Electoral de la CTA, Micheli consiguió 131.436 votos contra los 113.187 de la lista de Yasky, el dirigente docente que desde noviembre del 2006 es secretario general de una organización que cuenta con casi un millón y medio de afiliados, entre ellos la jefa de Tupac Amaru, Milagro Sala, que luego de haber apoyado al antikirchnerista Micheli anunció que sus huestes abandonarían en seguida la CTA. La conducta llamativamente ambigua de la jujeña combativa puede entenderse, ya que desde su punto de vista sería prematuro asumir una postura contraria al gobierno nacional que tanto la ha ayudado a hacer del movimiento que lidera una fuerza regional poderosa pero así y todo se sintió constreñido a acercarse a Micheli. Al igual que tantos otros que se han visto beneficiados por su proximidad a los Kirchner, Sala tendrá que maniobrar con mucho cuidado hasta que el panorama se haya aclarado lo suficiente como para permitirle saber lo que le convendría hacer. De todos modos, como se hizo evidente en los comicios que se celebraron hace poco en las asociaciones de abogados para elegir representantes en el Consejo de la Magistratura, hoy en día los candidatos que se ven calificados de “oficialistas” por sus adversarios se encuentran en desventaja frente a rivales que se afirman independientes, es decir opositores. Durante la campaña electoral de la CTA, Micheli no dejó pasar ninguna oportunidad para acusar a su contrincante principal de oficialismo excesivo y, al iniciarse el conteo, insistió en que “esto es una derrota del gobierno, que jugó de lleno a favor de Yasky”. Por lo demás, Micheli se vio beneficiado por su relación estrecha con Víctor De Gennaro, un sindicalista ambicioso que quiere que la CTA se oponga frontalmente al kirchnerismo que a su juicio no tiene ningún interés en atenuar los problemas de los trabajadores. Así las cosas, puede preverse que en adelante la entidad sindical dominada por empleados estatales comience a organizar más paros y más movilizaciones callejeras: Micheli ya está planeando una gran manifestación en Plaza de Mayo “para reclamarle al gobierno los temas que forman parte de la razón de ser” de la CTA. A juzgar por su retórica, lo que tiene en mente es una especie de revolución redistribuidora inmediata que, de concretarse, tendría un impacto nada positivo en la economía nacional, detalle éste que no le preocuparía ya que lo que quiere es pertrecharse de una serie de pretextos para justificar las medidas de fuerza que le servirían para convencer a sus seguidores de que es un luchador auténtico. Para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido, la erosión constante del poder que lograron construir es ominosa. Ya no pueden confiar en la voluntad del grueso de los integrantes de “la familia judicial” de cohonestar todas sus medidas y de darles el beneficio de la duda cuando ellos mismos o sus colaboradores más importantes tienen que enfrentar denuncias de corrupción. En términos políticos, los cambios que están produciéndose en el seno del sindicalismo podrían resultar aún más costosos si, como es muy probable, en los meses próximos abundaran los paros estatales. Aunque los Kirchner todavía cuentan con el respaldo decidido del jefe de la CGT, Hugo Moyano, la resistencia provocada por la beligerancia del camionero no los ayudará a reconciliarse con el electorado independiente; por el contrario, podría asustar tanto a sus simpatizantes más moderados que el eventual candidato “pingüino” no tendría ninguna posibilidad de obtener los votos que necesitaría para sobrevivir a una primera vuelta actual. Asimismo, es notorio que el protagonismo exagerado de Moyano, además de sus esfuerzos por obligar a los afiliados de otros sindicatos a sumarse al suyo, haya molestado sumamente a “los gordos” de la CGT, los que por lo tanto ya tienen motivos de sobra para decidir que ha llegado la hora de hacer cuanto resulte necesario para frenarlo.
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