Un amigo cordobés
Para algunos, en una semana se juega el futuro de la UCR. Para otros, lo que vale es quién controla la Convención.
HéCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar
El intendente está incursionando en la política nacional en busca de un sponsor que le sirva como red de contención para catapultarse a la gobernación en el 2015. Esta semana se lo vio posar para la foto con el gobernador de Córdoba, un hombre que está pegando un drástico viraje en relación con el gobierno nacional, del que antes era devoto, para colocarse en la gatera de las próximas presidenciales. Pero lo del amigo cordobés es sólo una muestra, Quiroga está llevando adelante un singular “triple play” en el que también cuentan Macri y Scioli. En realidad, cualquiera de los tres le da igual, coqueteará con todos y al final se quedará con el que quede en pie, pero para eso todavía falta bastante. Quiroga se ha desembarazado de su antiguo partido, la Unión Cívica Radical, porque ya no le sirve, se convirtió en un obstáculo para conseguir sus fines que consisten en la construcción de poder político personal. Para lograr su propósito el intendente necesita tener las manos libres y la UCR, con toda su liturgia republicana e institucional, un poco maltrecha pero siempre presente, hacía rato que se había convertido en un obstáculo. El jefe comunal no es peronista pero admira a ciertos peronistas; lo encandilan sus peores mañas, su desfachatez para proponer en el momento menos pensado lo opuesto a lo que venían predicando un minuto antes, todo sin ningún rubor. Ese partido de chicle en el que tienen cabida tanto Menem como Perón e Isabel como Cristina le debe parecer en medio de todo bastante ideal. El intendente se identifica hoy más con los referentes de derecha, como Macri, o De la Sota, o con los de la derecha más moderada, como Scioli, no sólo porque su corazoncito está efectivamente de ese lado sino también, y especialmente, porque su pragmatismo le indica que para avanzar no le queda otra que colocarse entre los que torean a Cristina. Podría elegir la vereda opuesta sin mayor problema, como ya lo hizo con el kirchnerismo cuando entendió que éste tenía viento a favor, y de hecho últimamente lo volvió a insinuar tibiamente, pero enseguida se dio cuenta de que la puerta de entrada al paraíso K estaba definitivamente cerrada para él. Quiroga echa sapos y culebras contra el “populismo” y de vez en cuando hace profesión de fe por la religión de mercado, acaso porque sabe que eso es bien visto por quienes tienen la sartén por el mango, pero en verdad no le haría asco a una movida populista si su olfato bien entrenado le indicara que puntualmente puede traer agua para su molino. Algunos radicales se arrancan las vestiduras por el largo maltrato que Quiroga ha dispensado al partido. Pero muchos por debajo se dan cuenta de que en medio de la pax emepenista es el único dirigente que tiene posibilidades de arrimarse al poder y, por lo mismo, repartirlo. Por eso no faltan quienes en el fondo alientan alguna forma de colonización externa del partido por parte del quiroguismo que les permita ser de la partida en el 2015. Después de todo, en la política argentina no hay peor pecado que la ingenuidad. Claro que otro buen número de radicales está más atado a las formas y prefiere que el partido, en Neuquén, siga siendo formalmente independiente. Aunque en ese sector no faltan quienes al final del camino apuestan a un frente UCR-Nuevo Compromiso Neuquino, el sello inventado por Quiroga para construir poder propio. A otros, menos preocupados en fin por el pudor, directamente les da igual que el intendente ponga en la presidencia del radicalismo a un virrey. La cuestión es no quedarse afuera. Están desde luego los radicales que perciben en toda su magnitud el duro trance en que se encuentra –aquí y en el país– el partido, por las debilidades de sus dirigentes y las flaquezas de una sociedad que, por ejemplo, en su momento no supo o no pudo advertir la estatura de un presidente como Alfonsín. Dentro de exactamente una semana, la UCR neuquina deberá elegir entre dos listas: la Roja, opositora, que empuja desembozadamente el proyecto quiroguista dentro del partido, y la Roja y Blanca, oficialista, que lo ve como un riesgo para el futuro del radicalismo pero que, no obstante, de ganar no desdeñaría un futuro frente con el partido del intendente para el 2015. Se juega el futuro del radicalismo neuquino, dirán algunos. Para otros, se trata simplemente de quién controlará la Convención, el órgano que autoriza o rechaza la posibilidad de llevar a un candidato extrapartidario. Sapag quiere pagar Sorprendió Sapag, esta semana, al afirmar que estaba dispuesto a pagar el porcentaje que le corresponde a Neuquén por la deuda creada por la estatización del 51% de YPF. El tema no fue ocioso porque, esta semana también, Repsol presentó la demanda contra el país por la estatización, que exigiría una reparación del orden de los 10.500 millones de dólares. Sapag aclaró que Neuquén no pagaría “en plata” pero apoyaría una medida nacional en ese sentido y que el valor real de la petrolera es hoy de 4.500 millones de dólares y no del doble como pretenden los españoles. Sucede que al transferirles a las provincias petroleras el 24% de las acciones de la nueva YPF el gobierno nacional les traspasó también la cuota parte de la deuda y, así, resulta que no es YPF la que debe sino la Nación y las provincias. Sapag no quiso hablar más del tema, pero quienes lo tratan de cerca saben que su mayor preocupación es que YPF logre el financiamiento internacional necesario para que, entre otras cuestiones, se profundice la explotación del megayacimiento no convencional Vaca Muerta, la joya de la corona neuquina. El viernes, en Londres, el CEO de YPF Miguel Galuccio anunció que está a punto de cerrar los acuerdos de asociación con la norteamericana Chevron y con Bridas y los chinos. Pero el gobernador y su equipo están persuadidos de que, por más que el interés de las empresas es real, no habrá resultados importantes hasta que el país emprolije la deuda con los españoles.
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