Un apasionado de la pesca con mosca, pinta y pesca en San Martín de los Andes

Héctor Toti Palmer es pescador, guía de pesca y desde el 2000 pinta la pesca con mosca completa, a través de la historia. Desde su atelier en San Martín de los Andes sostiene que está en el mejor lugar del mundo para pescar.

Pescaban con mosca en un paraíso cerca de San Martín de los Andes y un Ítalo-suizos que sabía de arte, vio una de sus pinturas y dijo: “Toti, dedíquese a esto”. Hoy, en su atelier, las truchas nadan en el lecho de algún río patagónico. Sobre un lienzo: una bota, la caña, las moscas y una copa de vino tomaron forma. Héctor Toti Palmer prepara la línea, sumerge el pincel en el óleo, ata una mosca, dibuja el contorno de una trucha y compone un cuadro en el que se unen dos pasiones.

Lanza hacia atrás.

Toti aprendió a dibujar en la escuela cuando, en vez de prestar atención a clase, hacía caricaturas de la cara de los profesores; y a pescar de sus ancestros.

Su abuelo llegó a la región en la década del 40, desde San Martín, Buenos Aires, la ciudad a la que lo había acogido desde su desembarco desde España. Pescaba, cazaba y se lo transmitió a sus hijos. Su papá, más tarde, le enseñó a él y su tío empezó a practicar pesca con mosca, pero se sabía poco en ese entonces.

Para retratar las truchas las observa y las fotografía.

“Era muy sutil, más a lo inglés. En Inglaterra nace la pesca para pescar el salmón, después viene la trucha. Las cañas medían 4 metros y la línea lo que medía la caña. Con las truchas cambian las formas de las moscas. En 1910 los ingleses migran a Estados Unidos y comienza a cambiar la forma de lanzar, las cañas, todo. Había que vender y se hizo más dinámica. Nosotros pescamos de la manera estadounidense”, comienza a contar Toti.

La historia de la pesca con mosca a Toti le gusta tanto como salir a los ríos y lagos. Comenzó a investigar y traerla al presente en sus pinceladas. En 1991 se hizo guía de pesca, cuando Parques Nacionales habilitaba a hacerlo. Trabajó un tiempo de eso, fue fotógrafo del diario, pero había algo que siempre latía: se sentía mejor pintando y pescando para él.

Mueve la caña hacia adelante.

Pinta la pesca con mosca completa. Los objetos de la década del 40, 50, la del 80 que es emblemática, porque empezaba a hacerse popular. Pinta realismo, con luces, sombras, volumen. En un momento encontró unos pintores que hacían realismo holandés y a partir de ahí, sumó bodegones. Ahora, con tintas inglesas experimenta una técnica que se llama soplado, con aves y pesca.

“Me cambió la forma de pescar a partir de que comencé a pintar. Normalmente en la pesca con mosca uno se cruza con muchos fanáticos, pero yo me volví un apasionado. Hay una gran diferencia y eso es importante. El fanático va a pescar con el amigo y si el otro saca y él no, se enoja, si va solo y no pesca, se enoja y si pesca y no es el más grande, también”, pausado Toti explica .

Pintar con fidelidad el lecho de un río patagónico, en un desafío.

Con sus palabras pinta como se vive la pesca desde la pasión, cuando con sus amigos, con los que sale de chico, van a disfrutar. En esas salidas pesca y mira, porque después transmite en la pintura esos insectos, truchas que pasaron en una jornada.

“Saco una trucha y miro su pigmentación, su contextura. No pienso si es grande o chica. Entre el fanatismo y la estupidez hay un café de por medio. El fanático trata de mostrar la trucha gigante, yo disfruto la salida”, asegura.

El sedal vuela.

Un día pintó una fly wallet, la buscó y la consiguió en su arte.

Un día, pintaba un cuadro con objetos de pesca de la década del 40 y mientras dibujaba una fly wallet -que son una especie de cartucheras de origen escocés en las que se guardan las moscas- se dio cuenta que no tenía una.

Un amigo viajaría en pronto a un congreso en Orlando. En Internet encontraron allí una original que comprarían, pero cuando su amigo fue, ya no estaba. Tenía tanta bronca que salió a comprar cuero, cierres, tachas y la hizo. Cuando estaba lista la fotografió y la publicó.

En Argentina no se hacían y empezó a vender a pescadores y a los lodge más privilegiados del país. Cuando llegó la pandemia guardó todo y se dedicó a las fly wallet, porque el pescador “cuando está en casa compra”.

“Las pinto a mano, las hago igual a cómo la hacían los escoceses con cuero de vaca y oveja genuino, los cierres cocidos a mano y pegados”, destaca y subraya que vendió muchas pero una queda: la que nació con la bronca convertida en talento.

Trae la línea.

Retrata la historia de pa pesca con mosca.

Pinta en el entretecho de su casa en San Martín, ese es su lugar preferido, el que hicieron con Griselda Toselli, su compañera de vida y de pasión. Ella es muy buena acuarelista y también tiene un taller de enmarcado.

Y para pescar tiene dos lugares preferidos: la boca del río Chimehuin que es donde nace la pesca con mosca en Argentina y el lago Filo Hua Hum.

“Aprender a pescar la boca, te puede llevar 20 o 30 años. La podés disfrutar, pero creer que la aprendiste a pescar es otra cosa. El lago Filo Hua Hum es un paraíso, tenés el lago, el río y es sensacional. Es un valle grande y estar ahí es placentero”, dice Toti.

Para él, todos los lugares son lindos, y como destino de pesca Neuquén tiene los mejores ríos, lagos, paisajes y circuitos del país. Cuando sale a pescar camina, mira, busca algo que inspire a un cuadro, porque para pintar hay que conocer como nada el pez en el agua, salta, gira, como pone las aletas. Disfruta y en el subconsciente se graban cosas sin que se de cuenta. Pero cuando tiene el pincel en mano reviven.

Lanzar la mosca para que caiga cerca de la trucha

No le gustan las salas de arte, las exposiciones en las que la gente escucha al pintor. “El arte es como el vino, te gusta o no. Si alguien tiene que explicar una pintura, es porque ni él está convencido de lo que hizo. Lo que hago es muy temático, el que lo ve sabe lo que es, lo conoce”, relata y agrega que las redes sociales son su sala de exposición y el 90% de los clientes llegan a través de ellas.

En su atelier con vistas a un jardín colorido, lleno de vida.

«Pensaba que pintaría y los extranjeros serían mis clientes, pero con el tiempo me encontré que tengo más clientes argentinos que extranjeros y me gusta porque cuando alguien compra una obra mía o una fly wallet siente la misma pasión que yo», concluye.


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