Un costo incalculable

Redacción

Por Redacción

MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

En los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI, la humanidad ha registrado un progreso extraordinario merced a la expansión del capitalismo. Países que se encontraban sumidos en grandes niveles de pobreza estructural de pronto se convirtieron en potencias que traccionaron la economía mundial durante los últimos 25 años. China, India, Brasil, Sudáfrica, Indonesia, Malasia, Letonia Singapur, Polonia y la República Checa mostraron un rápido crecimiento económico que les permitió a millones de personas escapar de la miseria. Lamentablemente, no fue el caso de la Argentina, que en el último cuarto de siglo despilfarró una oportunidad histórica de volver a colocarse a la vanguardia de la región y a convertirse en un país de atracción de capitales y de inversión, para lograr la inclusión de millones de argentinos. Hoy el país enfrenta nuevamente un fin de ciclo, plagado de incertidumbres, con más cantidad de gente en condiciones de pobreza estructural, viviendo azotada por una ola de crimen sin precedentes y con el riesgo de un nuevo quebranto económico. Los efectos devaluatorios aún no se han comenzado a sentir íntegramente en el bolsillo de la población. Apenas si cobraron una manifestación en la distorsión de los precios relativos. La plena transferencia de recursos no terminó. Las medidas adoptadas por el Banco Central sirvieron sólo para sacar de la tapa de los diarios la cotización del dólar paralelo, pero desataron una suba en las tasas de interés que amenaza con congelar la economía. La puja por los aumentos salariales augura una pelea feroz entre empresarios y sindicalistas que agregará más zozobra al clima social. Precisamente, Héctor Méndez y Daniel Funes de Rioja plantearon estos puntos como los más críticos para la Unión Industrial Argentina (UIA). Los dos ejecutivos industriales fueron concluyentes y le pidieron al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que modere la suba de las tasas de interés porque esto está paralizando la actividad económica, en particular, en las pyme del interior del país. “Algunas empresas ya están suspendiendo personal”, manifestaron algunos industriales en la última reunión de la junta directiva de la central fabril. La preocupación de los industriales se transfirió hacia el mundo sindical al día siguiente cuando la UIA recibió a la Federación de Gremios Industriales, liderada por los oficialistas Antonio Caló y Roberto Pignanelli. Los dirigentes de la UOM y la Smata recibieron de los hombres de negocios un baño de realidad muy distinto de las alegres palabras que se escuchan en los pasillos de la Casa Rosada. Los industriales plantearon, sin medias tintas, que si no moderan sus pedidos en las paritarias, las consecuencias se pagarán con el empleo. Hubo un sinceramiento del dirigente mecánico cuando admitió que en muchas autopartistas “ya hay suspensiones y temo que haya despidos. En nuestro sector afectó mucho el último impuesto y no sabemos cómo salir”. La preocupación empresaria se expandió rápidamente a otros sectores como todo el complejo agroalimentario. La agroindustria está viendo cómo se pierden mercados de manera acelerada por no poder suministrar harinas y aceites, por falta de insumos, por los altos niveles de imposición y por el control del comercio exterior. “Estos ensayos de querer volver a una junta de granos en pleno siglo XXI espantan a cualquiera”, comentó un empresario agroexportador para luego agregar que “a más impuestos, más pérdidas de mercados externos. Así que no se entusiasmen mucho con la cosecha de soja porque puede terminar durmiendo en los silobolsas”, desafiando al propio Axel Kicillof. La industria de la alimentación también enfrenta problemas con el acuerdo de precios. “Vamos a ver cómo sigue esto. Hay muchos empresarios que se están cansando de tanto manoseo. Por un lado te piden que ayudemos al gobierno con los precios, pero por otro recibimos escraches y no nos dejan trabajar. Pero también hay que ver si se respetan los acuerdos en toda la cadena de producción porque si aumentan los combustibles y se sinceran las tarifas eso inevitablemente deberá ir a los precios”, afirmó un empresario. Entre tanto, la devaluación tendrá un impacto directo sobre las ganancias de las empresas y los bancos. De allí que los empresarios vuelven a la carga para que el gobierno permita ajustar los balances por inflación. “En estas condiciones no se puede seguir. No sólo son ganancias ficticias sino que ya no hay ganancias en los balances. Que no me vengan con el cuento de que ganamos plata durante toda la década porque es mentira, y en todo caso el gobierno también ganó plata. Ahora es tiempo de contabilizar pérdidas y para el gobierno también”. Se notan el hastío y el hartazgo. Los empresarios comenzaron a trazar un límite preciso frente a los desmanejos de la administración Kirchner. Y ese límite llegó cuando los balances comienzan a mostrar números rojos. Los motores del modelo comienzan a enfriarse y eso va a golpear las finanzas públicas también. Algunos analistas consideran que la devaluación de enero sólo fue un ensayo de otras que se sucederán durante el año, ya que, según dicen, “no alcanza para corregir tantos años de errores”. (*) Analista económico DyN


MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

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