Un descrédito para toda la clase política

Redacción

Por Redacción

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el Congreso tuvieron un año y medio para solucionar los acuciantes problemas presupuestarios del país. Pero las negociaciones realmente serias parecen no haber empezado hasta pocas semanas antes del plazo fatal. Incluso cuando las agujas ya marcaban horas críticas los legisladores optaron por tomarse vacaciones, y el escenario estuvo teñido hasta último momento por las tensiones ideológicas y políticas irreconciliables. Finalmente, cuando el Senado logró aprobar un acuerdo, el resultado fue una mera solución transitoria. Y anoche, incluso, la Cámara Baja amenazaba con derrumbar todo el acuerdo. “¿Los retos de la nación superan a sus dirigentes?”, se preguntó “The Washington Post”. El rotativo acusa por igual a demócratas y republicanos de la falta de avances, mientras plantea por primera vez el interrogante de si la clase política del país sigue estando a la altura de los acontecimientos. Mire por donde se lo mire, en todos los medios estadounidenses se escucha una tronante decepción y la rabia que genera el comportamiento de las altas esferas representativas. “Si yo me permitiera algo así en mi lugar de trabajo, me despedirían”, comenta el analista económico Ali Velshi . Los estadounidenses señalan en encuestas que su actual Congreso se destaca por ser el más incapaz de todos los tiempos. El hecho es que el ala republicana ha mostrado en los últimos años un recrudecimiento ideológico que dificulta, en mucho, todo consenso político. El debate se vio reducido desde un comienzo a una pregunta ideológica fundamental: ¿debería elevarse el impuesto para las clases más pudientes o no? Obama consideró que su victoria presidencial era una clara señal de que contaba con el respaldado de la mayoría de la población para hacer pagar más a los más acaudalados. Pero para muchos republicanos el aumento tributario es impensable y su derrota electoral no los hizo predispuestos a ceder. Puede que los daños económicos directos del “abismo fiscal” puedan ser controlados. Pero el daño político no será menor. La confianza local e internacional en la conducción política de EE. UU. está dañada. (DPA)


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