Un episodio alarmante

Por Redacción

Que un presunto delincuente haya muerto a manos de la policía en un incidente confuso, como sucedió la madrugada del sábado pasado en el barrio porteño de Saavedra, podría considerarse rutinario en la Argentina actual, ya que todos los días se producen hechos truculentos de ese tipo. En cambio, no fue rutinaria en absoluto la reacción violenta de los amigos y vecinos de quien, según ellos, fue la víctima más reciente del gatillo fácil policial, lo que a juzgar por los resultados de la autopsia podría ser cierto. Sea como fuere, durante horas, revoltosos enfurecidos se dedicaron a destrozar todo cuanto encontraban a su paso, quemando 16 autos con bombas molotov caseras, causando daños a edificios y aterrorizando a los residentes. Para exteriorizar el odio evidente que sienten por la policía se ensañaron con personas que eran totalmente ajenas a la muerte del joven que se había enfrentado con los uniformados, comportándose como los saqueadores que, a fines del año pasado, aprovecharon el autoacuartelamiento de unidades policiales en Córdoba, Chaco, Tucumán y otras provincias para sembrar el caos atacando a sus vecinos, o como los habitantes de los barrios de inmigrantes en Francia que han hecho de la quema de autos una práctica cotidiana. Por desgracia, episodios como el que se produjo en Saavedra parecen destinados a multiplicarse en los meses próximos al profundizarse la recesión y cobrar más fuerza la inflación que está ocasionando estragos en muchas partes del país. No sólo en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires sino también en muchos distritos del interior abundan barrios paupérrimos que están ubicados al lado de otros que podrían calificarse de clase media. Por lo común, la relación entre los dos sectores sociales así supuestos no suele ser amistosa. Al contrario, en todos se detecta un clima de rencor: en los asentamientos más precarios, por la marginación y la presencia ubicua de narcotraficantes de bajo vuelo; en los que, a pesar de todos los problemas que enfrentan, los habitantes se esfuerzan por mantenerse a flote, por sentirse abandonados a su suerte por las fuerzas de seguridad y las autoridades políticas. Es natural, pues, que muchos teman que el país se encamine hacia un período de graves conflictos sociales en que, a juzgar por lo que está ocurriendo a diario, los que respetan la ley llevarán las de perder. Puede que las diferencias no sean tan grandes como en Europa, donde se enfrentan comunidades de etnias y cultos religiosos radicalmente distintos, pero son suficientes como para hacer muy difícil la convivencia armoniosa. Parecería que el gobierno nacional se ha dado cuenta del peligro causado en gran medida por el fracaso del “modelo de inclusión”, de ahí el interés de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en regular las protestas sociales, pero ya es tarde para que resulte fácil restaurar la situación menos tensa que existía antes de una “década ganada” en la que la fracción gobernante y sus simpatizantes optaron por “construir poder” agravando las grietas sociales. Por las razones presupuestarias que todos conocen, están agotándose los fondos necesarios para financiar los programas de ayuda social que se han organizado pero que, al no verse respaldados por medidas no meramente asistencialistas, sólo han servido para institucionalizar el clientelismo y por lo tanto la pobreza “estructural” al estimular la dependencia. Como siempre ha sido evidente, se ha tratado de programas de “contención” que están orientados a conservar el statu quo sin preparar a los beneficiados para valerse por sí mismos, lo que, bien que mal, muchos tendrán que hacer al reducirse la cantidad de dinero disponible. En vista de que hay tantos jóvenes que no han alcanzado el nivel educativo que les permitiría conseguir empleos dignos y que, para más señas, se suponen víctimas de un orden social muy injusto, sería poco probable que se resignaran tranquilamente a los años de estrechez que les aguardarán a menos que la economía levante cabeza muy pronto, lo que, dadas las circunstancias, no parece del todo probable. No sorprendería, pues, que lo que sucedió hace poco en Saavedra se repitiera, en escala mayor, en otros distritos del país en que conviven, a duras penas, grupos sociales de actitudes incompatibles.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 6 de marzo de 2014


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