Un hombre con una visión clara
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CIUDAD DEL VATICANO.- Una fe adulta, dijo una vez Benedicto XVI, no es la que “sigue las tendencias de la moda y las últimas novedades”. Hombre humilde, teólogo consumado y líder severo, Joseph Ratzinger ofreció continuidad a una Iglesia huérfana de uno de sus más carismáticos y longevos líderes. Sin embargo, sus tendencias conservadoras también le convirtieron en objetivo de la ira de ciudadanos no católicos que se sintieron ofendidos por sus comentarios difamatorios. Además, su conservadurismo en cuestiones eclesiásticas y sexuales dividió con frecuencia tanto a católicos como a no católicos. Pero ni sus críticos más duros pueden evitar valorar sus cualidades como una persona que sabe escuchar. Nacido el 16 de abril de 1927, un Sábado Santo, en Marktl am Inn, una pequeña ciudad de Baviera, en el sur de Alemania, Joseph Alois Ratzinger era el tercero y más joven hijo de Joseph Ratzinger, un funcionario de la policía, y su mujer María. Pese a que su padre rechazaba el nazismo, Ratzinger fue obligado a unirse a las Juventudes Hitlerianas como alumno del seminario y durante la guerra fue reclutado para prestar sus servicios en una batería antiaérea. Su breve carrera militar se puso en el camino de su deseo de unirse a la jerarquía de la Iglesia, que aparentemente emergió en una edad muy temprana. Según su hermano mayor, Georg, también sacerdote, Joseph tenía sólo cinco años cuando anunció por primera vez su intención de convertirse en cardenal. Después de la guerra, estudió filosofía y teología en la Universidad de Munich y fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1951. Sólo tenía 30 años cuando formó parte como asesor en el Concilio Vaticano Segundo entre 1962 y 1965 y acababa de cumplir 50 cuando fue consagrado arzobispo de Munich. Menos de un mes después fue proclamado cardenal por el papa Pablo VI. En 1981, Juan Pablo II lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, un puesto que le convirtió en el líder “protector de la fe” y que desempeñó durante casi un cuarto de siglo. Como decano del Colegio Cardenalicio, presidió el funeral de su predecesor y también el cónclave que llevó a su elección en abril del 2005. Fue durante el periodo de transición papal cuando Ratzinger emergió como favorito para el pontificado, impresionando a sus cardenales compañeros al predicar contra los peligros del secularismo y la “dictadura del relativismo”, la idea de que todos los criterios de juicio son relativos en función de los individuos y las situaciones en que se ven envueltos.