Un líder de 17 años enfrenta al Partido Comunista chino

Joshua Wong encabeza un movimiento de jóvenes denominado “Escolarismo”, creado en 2011. Una máquina de hacer pero no un arriesgado: no quiere un final como el de Tiananmen.



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OPINIÓN

Joshua Wong tiene apenas 17 años. Usa anteojos, pero se viste como cualquiera, con remeras y jeans. Curiosamente es hoy uno de los líderes en la búsqueda del cambio democrático en Hong Kong. Un luchador, un incansable. Encabeza un movimiento de jóvenes denominado “Escolarismo”. Fue creado por él en el 2011, cuando tenía sólo 14 años. Ha escrito un libro titulado “No soy un héroe” y es objeto de constantes entrevistas en las radios y televisoras locales. Una máquina de hacer. Un volcán de desafíos. Pero no un arriesgado, sino un prudente, a punto tal que su movimiento nunca se enfrentará -sostiene- con la policía. No quiere un final como el de Tiananmen. Lo evitará a toda costa. Es ya un innegable triunfador. A la cabeza de 100.000 personas que salieron a la calle, respondiendo a su llamado, Wong ya impidió, en el 2012, que el Partido Comunista chino modificara el Plan de Estudios de Hong Kong para poder “lavar” los cerebros de los jóvenes, ensalzando al Partido Comunista. La propuesta -resistida fuertemente por la juventud local- quedó sin ser aplicada. De lado, entonces. Ahora ha lanzado una estrategia de desobediencia civil para luchar a favor de la democracia, con el objeto de que la población de Hong Kong pueda elegir mediante el sufragio universal, pero a quien quiera para integrar el gobierno local y no entre quienes simplemente le indique el gobierno central chino, esto es el Partido Comunista, lo que es bien diferente. Habrá ahora una semana de “sentadas” callejeras y manifestaciones pacíficas para pedir democracia en serio. Sin ardides, ni maquinaciones; ruidosas y disciplinadas. Para tratar de concientizar a todos. Pese a que sabe que el gobierno central chino seguramente no cederá un ápice en su propósito de manejar las elecciones seleccionando a los candidatos, de lo que evidentemente depende su propia existencia y hasta su justificación política. Castigado por los medios oficiales, como en todos los regímenes autoritarios, y demonizado cruelmente, Wong no se arredra ni retrocede un palmo en sus convicciones; para nada, ni ante nadie. Sólo exige a los suyos compromiso total con la no violencia. Cerrado. Sincero. Y lo obtiene. Curiosamente, esa visión y ese modo de ser conforman su mayor peligrosidad para los líderes comunistas. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)


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