Un llamado destinado a despertar a la sociedad



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Por Ricardo Gamba

Ricardo Gamba

gambaricardov@gmail.com

Algo muy sustancial tuvo el discurso de festejo de Macri luego de conocer su triunfo, que pudo pasar desapercibido para quienes están ansiosos por conocer las medidas concretas con que dará comienzo a su gobierno. Fue un discurso que tuvo como eje el radical distanciamiento de los planteos mesiánicos que caracterizan históricamente a la política argentina y que fue elevado a sus máximas alturas por el kirchnerismo.

Disparó directamente al corazón de la idea, que no reconoce diferencias entre izquierda y derecha, de que una sociedad pueda desarrollarse y transitar el camino del progreso material y moral por obra y gracia de grupos de iluminados depositarios de la capacidad de regalar el bien a una sociedad a la que, en su pasividad, solo le corresponde la obligación de agradecer la suerte de tener quien se ocupe de ella.

Su discurso puso blanco sobre negro la idea de que las complejas sociedades modernas no pueden salir adelante sin el aporte y el compromiso de la entera sociedad. En un lenguaje llano, alejado del empaque y estereotipo del político tradicional, una y otra vez Macri destacó la necesidad de que la sociedad comience a participar activamente de la solución de sus problemas. Insistentemente remarcó que la verdadera función de los gobiernos es la de ayudar a que las fuerzas y potencias sociales, hoy adormecidas por la idea de que todo debe esperarse de la buena voluntad de los distribuidores del bien, despierten y se conviertan en el fundamento y motor del desarrollo social y personal. Un discurso en definitiva que, probablemente desde el pensamiento de la Generación del 37, pone por primera vez el acento mucho más en la potencialidad de la sociedad civil que en la providencialidad de los gobiernos.

“Soplan nuevos vientos sobre una sociedad que no supo resolver sus problemas porque no ha comprendido la causa de sus males: la pasividad”

Tal vez este giro copernicano que intenta imprimir tenga que ver con el carácter de outsider de la política que tiene Macri. Construyó su poder por fuera del establishment político tradicional, lo cual sin duda le ha permitido elaborar una visión distanciada del enfoque mesiánico y elitista característico de la clase dirigencial argentina.

La tarea no tiene nada de fácil. Va en contra de hábitos y costumbres muy enraizados en la sociedad y en la dirigencia, muy difíciles de modificar. El futuro dirá hasta dónde puede tener éxito en esta empresa, pero de lo que no cabe duda es que soplan nuevos vientos sobre una sociedad que no ha podido resolver sus problemas porque no ha comprendido la causa de sus males: la pasividad a la espera del redentor.

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“Soplan nuevos vientos sobre una sociedad que no supo resolver sus problemas porque no ha comprendido la causa de sus males: la pasividad”

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